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sábado, 17 de enero de 2009

Andrew Wyeth, in memoriam



"Cuanto más estoy con un objeto, sea una modelo o un trozo de paisaje, más empiezo a ver lo que no apreciaba".

Andrew Wyeth



Hoy (debería decir ayer, pero para mí el día termina cuando me acuesto) murió Andrew Wyeth. Supongo que lo habría descubierto igual, pero me enteré por la ingente cantidad de visitas que tenía mi blog cuando me asomé allá por las seis de la tarde justo en esa página. Justo en esa página me visitaban: yo me asomaba al blog. Googueleé y lo descubrí. El mundo se está acabando poco a poco. Y yo sin superar lo de Bergman, todavía.

Andrew Wyeth se merece la segunda entrada, la que vendría más tarde. Queda (y se multiplicará en los próximos días, supongo) material en internet para una tercera y, probablemente, una cuarta. Esta es sin personas porque Wyeth, si bien no pintó el camión de Hopper (si un camión puede estar desolado, ese es el de Hopper), tenía esa atmósfera. O yo se la veo. Sin personas pero con unas botas. Porque ese cuadro quise ponerlo ya en la primera y finalmente no lo hice. Mi faro, el que buscaba entonces, está justo en el siguiente cuadro. Un cuadro que va repetido, pero he repetido otros de otros autores. Unas botas, un faro, una ventana, una casa con flores delante, un paisaje nevado, un perro, un espantapájaros, una cama. Una maravilla.
















lunes, 5 de enero de 2009

Andrew Wyeth














Estuve muy malita el fin de semana. Muy, muy malita. Ahora hace un rato que me he despertado, después de prácticamente sólo dormir las últimas cuarenta y ocho horas (dormir y encontrarme mal) y me encuentro mal, pero tengo ese malestar que impide dormir y que mezcla la lucidez (existencial, metafísica) con la náusea. Claro que no conozco lucidez existencial que no tenga que ver con la náusea, pero eso temo que no sea universal.

Además del hastío existencial tengo náuseas físicas. ¡Viva, viva! ¿Qué más? Que estar enferma es una especie de limbo cultural donde las películas son peores (o no se aprecian) y los libros se explican solos. Si tan sólo pudiera estar enferma y conservar las facultades mentales... Quedan los cuadros, pero afectan más. O, me temo, tampoco se aprecian. Mi sonofobia me impide escuchar música estando enferma.

Es bueno, en cierto modo. Las náuseas físicas son bastante mejores que las existenciales, creo que ahí estamos de acuerdo todos.

La alternativa a buscar a Panero de manicomio en manicomio (nunca recuerdo dónde está ahora: sólo sé que ya no es el de Mondragón) es conseguir un faro. Además, el faro presenta innúmeras ventajas, como lo innecesario del atrezzo. Hay altura, hay rocas, hay olas. Punto. Mientras, se trata de armarse de libros, películas, una buena conexión a internet (los museos, que ya quedan lejos ahora, quedan más lejos de los faros) y tirar el móvil la primera noche de tormenta. Sin tormenta queda menos emocionante.

Todavía hay fareros, ¿verdad?