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jueves, 4 de septiembre de 2008

La soledad, la lluvia, los caminos...

Mi tendencia melodramática alcanza niveles de paroxismo. Mi ciclotimia también. Mis eternos retornos dan miedo. Y, de camino a casa (cabizbaja, compungida y a la espera de revelaciones), vine recitando mentalmente el archiconocido poema de Vallejo. Mi edición de Vallejo, como todo, en Ferrol.


PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

César Vallejo