Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlele los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.
Luis Alberto de Cuenca
Hablábamos de que ella leía a Luis Alberto de Cuenca y que a mí no me gustaba especialmente lo poco que le había leído (algún poema suelto de pie, libro en mano, en bibliotecas o librerías), pero creo que tendré que darle otra oportunidad.
Uno de esos tópicos que siempre hay que estar dispuesto a cumplir. Sobre todo si está formulado así.
Uno de esos tópicos que siempre hay que estar dispuesto a cumplir. Sobre todo si está formulado así.

