Juan Luis es más inquietante que Leopoldo María y casi tan hostiable como su madre. Histriónico y con aires de gran intelectual. Se las da de elegante y de snob, pero quien sabe tocarse el pelo y dejar caer los párpados es Michi. A él le queda como a un Santo Cristo dos pistolas el abrigo con flecos sobre los hombros. El abrigo me gusta. Es el tipo de abrigo que podría llevar la hippiosa de Meryone.
Puede que si hubiera llegado a Juan Luis por sí mismo jamás hubiera sabido que era histriónico, inquietante, hostiable. Lo sé. Estoy segura. No lo supe (que era histriónico, inquietante, hostiable) hasta la semana pasada. Nunca me interesó demasiado, así que sólo le había leído un par de poemas sueltos. Pero estos días encontré que era suyo uno de estos poemas que recuerdas pero nunca sabes de quién son. Juan Luis no tiene nada para no gustarme, pero tampoco tiene nada para gustarme demasiado. Puede que también lo leyera más si no fuera hermano de Leopoldo María.
El poema que he redescubierto como de Juan Luis:
A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO
Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por vez primera había afirmado su existencia-
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
Puede que si hubiera llegado a Juan Luis por sí mismo jamás hubiera sabido que era histriónico, inquietante, hostiable. Lo sé. Estoy segura. No lo supe (que era histriónico, inquietante, hostiable) hasta la semana pasada. Nunca me interesó demasiado, así que sólo le había leído un par de poemas sueltos. Pero estos días encontré que era suyo uno de estos poemas que recuerdas pero nunca sabes de quién son. Juan Luis no tiene nada para no gustarme, pero tampoco tiene nada para gustarme demasiado. Puede que también lo leyera más si no fuera hermano de Leopoldo María.
El poema que he redescubierto como de Juan Luis:
A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO
Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por vez primera había afirmado su existencia-
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
Juan Luis Panero
Y, como soy mala y sigo emocionadísima con haber visto (¡por fin!) El desencanto y Después de tantos años, dejo dos videos de la primera. En el primero, Juan Luis "adora los fetiches y el bizantinismo" y en el segundo están Michi enajenado hablando de lo sórdido de su familia y Juan Luis más enajenado si cabe diciendo que él no juega al fin de raza. Intentan hacer una comedia y no les sale tan divertido, seguro.
Y, aunque le demos una oportunidad a Juan Luis, Leopoldo María es Leopoldo María y hay que ponerlo. Es el fragmento donde dice que la esquizofrenia es "una cosa preciosa" (que se lo cuenten a él ahora) y que la paranoia es desagradable. Y más cosas.
Tranquilos: se me están acabando los videos y hasta yo, en mi infinita capacidad para la compulsión, empiezo a opinar que el monográfico ya estuvo bien.

