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viernes, 11 de marzo de 2011

Los dos años son el principio del fin... ¿y los dieciocho?

Hay tópicos y luego está pedir "perdonen la tristeza", pero ustedes perdónenmela.

En 36 horas me voy de aquí. No sé si para siempre porque eso nunca se sabe pero es más que probable. En diez días voy a estar viviendo en otro país, en otro idioma (que no sé pero a eso voy o eso se supone) y en un sitio totalmente de cuento, con un castillo blanco y todo. La próxima semana estaré en la casa y la ciudad a la que siempre se retorna pero siempre temporalmente y de la que por primera vez en casi diez años no volveré aquí sino que me iré a otro sitio. Y... bueno, no sé exactamente cómo estoy entre la cantidad de cosas que aún no he recogido, la emoción de irme a la aventura y la pena que me da irme.

Tenía dieciocho años, mi primera maleta de ruedas (dos, no cuatro) roja, que llené con libros (tenía ruedas), la mochila de acampada de todos los campamentos y creo que la guitarra. Venía a vivir a una residencia en la que nunca quise estar y en la que estudié toda la carrera y todavía estuve año y medio más (exactamente hasta hace tres, cuando me dieron la beca que terminó el día 28), a estudiar una carrera con muchísimas ganas y de la que me cambié al año siguiente (pero seguí en una filología). Viví el particular mayo de París que se montó en Compostela en 2001 y fui una de las dos "de primero" encerradas en la facultad. Salí mucho, conocí a mucha gente e hice muchísimas cosas distintas. Llevé una flor pintada en la cara durante años. Odié la residencia casi tanto como amigos hice en ella y buenos recuerdos guardo (porque una cosa no quita la otra), me salté todas las normas que pude, saqué todos los libros relacionados remotamente con la Filología Románica que había en la biblioteca (y tuve durante seis años el Corominas grande instalado en uno de los dos estantes que teníamos encima de la mesa) y bajé al cine casi siempre que estaba por allí después de cenar. Conocí gente de todo tipo, comí toneladas de patatas fritas (no me gustan las patatas fritas pero eran la guarnición estrella), dejé de comer carne por los excesos proteínicos (y auténtica escasez de vitaminas) a los que nos sometían, bebí litros y litros de café malísimo y cerveza fatal tirada (20 céntimos el primero; 45 la segunda) estuve en habitaciones que no eran la mía (o en la mía con más gente) hasta altas horas de la madrugada (hace un rato encontré una falta -o "reprensión escrita"- al respecto) e infinitas cosas más.

Fueron pasando los años, fui haciéndome mayor y me fui, por fin. Tenía, eso, una beca de tres años. El dinero era mío y podía hacer con él lo que me diera la gana. Vivir en aquella residencia no estaba dentro de "lo que me diera la gana". Empecé a vivir con los que seguirán siendo mis roomies (disculpen, es influencia del tuiter) hasta el sábado. Llegó Folerpa. Hacer mis comiditas, tener un sofá, no necesitar relacionarte con una media de veinte personas al día en "tu casa". Sitio de verdad para meter libros, comprar estanterías (clavarlas con Cris y una botella de tequila vacía), un frigorifico donde redescubrir los lácteos fríos y una habitación que no iban a entrar a revisar por sorpresa (¿he dicho ya que no me gustaba mi residencia?). Llegar de verdad a la hora que me diera la gana sin tener que estar dando explicaciones al portero o decirle a mi padre "a lo mejor te llega una carta diciendo que he llegado tarde más de tres veces, pero no pasa nada..." (afortunadamente en mis primeros años no mandaban cartas a casa porque si no...)

Y, bueno, aquí estaba. Resumiendo. Pasaron también un montón de cosas mis tres años fuera de Barroso. Compré más libros, tomé más whiskys y fui menos al cine que los seis años anteriores. Dejé de pintarme la flor y empecé a dejar de conocer a todo el mundo en la facultad o en los bares de siempre. Pasé a llevarle cada vez más años a la gente que iba llegando a la Universidad y la gente que empezó conmigo (o después) fue terminando y se fue marchando. Algunos volvieron, otros me los encuentro por la calle tras años sin verlos. O en algún examen. Todo sigue igual y todo cambia, año tras año. Santiago es una ciudad de paso y era MI ciudad de paso. Había llegado a los dieciocho y en julio cumplí veintisiete. Ya no llegaré nunca a una ciudad a los dieciocho años. He ganado muchas cosas y he perdido mucha inocencia (entre otras); he estudiado, he conocido gente y me he tirado en la hierba. Me he puesto margaritas en el pelo y he llevado faldas de muchísimos colores en primavera. Lloraba antes de irme en verano para casa. Los últimos tres años, me quedaba casi todo (o todo) el verano. Sin mar pero a mi aire. En la que era mi casa, no "la casa de mi padre".

Y ahora... me voy. Estoy deseando llegar a Suiza, no se crean. Ojalá pudiera empaquetar todo, mandarlo a Ferrol e irme directamente. Sería la única forma de irme ilusionada de Santiago. Aunque volviera el fin de semana que viene a Ferrol y en lugar de coger un autobús tuviera que tomar un vuelo. No es que no quiera pasar por allí, que sí. Lo que quiero es un modo de no pensar que "me voy de Santiago". Lo voy a echar de menos. Llegué en octubre (el 30 de septiembre, en realidad) de 2001. Me voy el 12 de marzo de 2011. Son casi diez años como supongo que habré dicho más arriba. Ah, es que me estoy cayendo de sueño, como es lógico a estas horas.

Pero sí, el sábado tempranito por la tarde me voy de Santiago. El sábado que viene empiezo (hago noche en Madrid para no llegar el domingo a las tantísimas a Ginebra) a irme a Suiza y estaré por lo menos tan emocionada como los niños el día antes de irse de excursión. Como lo estuve antes de todos los campamentos a los que fui todos los veranos y sin los que, hasta los dieciocho (ahí sólo fui de monitora), no me hubiera imaginado un verano. Y sobreviví. Sobreviviré a cambiar unas piedras por otras; el musgo de la catedral por la pintura blanca de un castillo, el que no haya mar por un lago que en las fotos engaña y los que fueron durante los últimos años mis amigos... olvídenlo, los amigos siguen siéndolo pero veré más a otra gente. No hablaré en gallego pero aprenderé francés y todo será durante un montón de tiempo totalmente nuevo. Habrá montañas y queso con agujeros y una criatura pequeña detrás de la que correr. Pasaré de doble de Janis Joplin a Mary Poppins con toque Heidi (no creo que haya leyes en Suiza que prohiban tirarse en la hierba a los seres que tengamos más -bastantes ya, a lo tonto, cada doce meses otro- de veinte años) e iré a Ginebra y no a Ferrol los fines de semana. O sea, que sí, que todo es MUY emocionante. Y estoy deseando que empiece. Lo que no quiero es la transición, el "me he ido de Santiago pero todavía no estoy en Suiza". Y paro de decirlo ya, que ni que lo estuviera expresando de una forma diferente cada vez que lo repito. Que (desafortunadamente) no soy ni Phillip Roth ni Bryce Echenique.

Y que todavía no he empezado a llorar pero no va a haber dios que me pare cuando empiece.

sábado, 2 de octubre de 2010

A partir de aquí iba a salir un post

(pero como sólo iba a entenderme yo y a los demás iba a daros miedo, está en el limbo de los borradores):

"Un huevo es un sueño y un gusano es un sueño que camina"

León Felipe


PS. ¿Veis? Dije que os iba a dar miedo. Y eso que no publico lo que tenía escrito.

PS2. Se agradece todo tipo de aportación sobre gusanos en la pintura. Yo estaba dándole vueltas a los gusanos en la literatura. Sí, partía de Poe (CLARO) y de este verso pero el resto daba pavor. Me estaba asustando yo...

PS3. Ok, no me asustaba pero vosotros sí. Creedme.

PS4. También iba a salir media historia familiar. Y terminaba con el cuento del sabio que no sabía si era un sabio que soñaba ser una mariposa o una mariposa que soñaba ser un sabio. Más poético que el narrador de Clarimonda pero prefiero las polillas. No, pero son nocturnas como los vampiros.

PS5. ¿He dicho ya que iba a ser un post tamaño novela decimonónica por entregas?

PS6. No, no he estado más sobria en toda mi vida. Ebria desvarío menos.

domingo, 4 de abril de 2010

Abril

No niego que sea el mes más cruel y es uno de mis principios favoritos. Y ya lo puse el año pasado.

Me gusta abril. No sólo hace brotar lilas de la tierra muerta sino que está lleno de margaritas, empieza la temporada de las sandalias y la de las terrazas. Se reduce la lectura de terror porque anochece más tarde, pero no se puede tener todo. Suele coincidir con Semana Santa y pasan películas de romanos por la tele. A veces hasta está buen tiempo y se puede ir a la playa.

***

El cadáver plantado en el jardín el año pasado cría malvas (y lilas y jacintos y hasta margaritas) y no hay perro que escarbe y lo desentierre. Yo tuve una pala en su día, pero no sé dónde está ni quiero buscarla. Me limitaré a coger las malvas (y las lilas, y los jacintos y las margaritas) y sentirme chica de Waterhouse entre flores.
***

Además, es el mes que empieza a haber cerezas.





sábado, 13 de marzo de 2010

Tengo activado el shuffle cerebral

La exageración melodramática (cuando tiende al melo y no al dramática) hace tomar distancia y perspectiva. El problema es que no siempre es fácil distinguir entre melo y dramática y así nos va a los esclavos de la vehemencia.

Una ley de Murphy que Murphy olvidó enunciar es que, cuanto menos te guste la música que suena en un blog al abrirlo (y cuanto más se solape con la que tengas puesta tú en el ordenador), más abajo estará el reproductor.

No me gusta en absoluto cuando callas y estás como distante. Es más, me toca inmensamente los cojones.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Bagaje

Llamadme Ismael. O Meryone. O oh capitán, mi capitán.

Coso sombras a cambio de dedales pero exijo que quienes vengan a jugar conmigo no tengan corazón. Prefiero la voz a caminar y siempre seré Tigrilla.

También prefiero ser la otra y la convertida en vampiro a la que hay que proteger y salvar. Me hubiera quedado con el aventurero o el psiquiatra antes que con el aristócrata, eso sí. Frivolidad, la justa. Además, yo quería ser Jonathan Harker y andar por los Cárpatos en plena noche de Walpurgis con un vampiro.

Poe me enseñó que no hay tema más poético que una mujer muerta y Bradbury que las ahogadas son las más hermosas de todas. Reconozco no haber leído Hamlet pero esto está poblado de Ophelias. Mi foto de perfil (aquí y ahora, estoy a tiempo de cambiarla) es Miranda contemplando el naufragio. En otras partes soy un cuadro de Schiele, una sirenita de Waterhouse, una chica que grita en uno de Munch...

Siempre tendré dudas como dónde van los cisnes de Central Park cuando llega el invierno y siempre habrá algún motivo estúpido para no suicidarse. Pese a ello, hoy es un día perfecto para el pez plátano.

Los ciegos son inquietantes y están emparentados con reptiles y murciélagos. Alejandra tenía que morir. Martín tenía que no entender nada. Bruno tenía que entenderlo todo pero estar fuera.

América era hija de un matrimonio de inmigrantes italianos.

Me identifico con más personajes masculinos que femeninos tanto en la literatura como en el cine.

Amo profundamente a Marlene Dietrich.

No sé si prefiero a Rose Ryan o a Yuri Zhivago: ella tiene una sombrilla y a Robert Mitchum; él a Geraldine Chaplin y a Julie Christie. Al inglés cojo no lo contamos.

Prefiero a Waterhouse a Rosetti. A Munch a todos los demás; a Schiele a Klimt. Sabato a Borges (y puede que a Cortázar), Moby Dick al Quijote, los romans artúricos a la literatura grecolatina y el terror a absolutamente todo.

El día que releí Los tres mosqueteros y descubrí que mi favorito ya no era Aramis sino Athos, sentí que me había hecho mayor.

Numero los exámenes con el mismo aire que Edmond Dantès va numerando enemigos muertos.

Últimamente me tortura preguntarme si dejaré de parecerme (según Jose al menos) a Janis Joplin al cumplir los 27. ¿Y los 28?

Prefiero la película a la novela muchas veces, empezando por La naranja mecánica. En cambio prefiero palabras a imágenes. Prefiero la literatura, el cine y la pintura (en este orden) a la música.

Como a Bryce, lo único que se me da verdaderamente bien es extrañar. También tengo insomnio y me tiembla el pulso. Todavía no grito Octavia de Cádiz, pero todo se andará.

Bryce es mi penúltimo favorito, el último es Phillip Roth.

No le perdono a 2010 empezar matando a Rohmer y a Salinger. A 2009 no le perdono nada.

Soy vehemente, melodramática y tengo un blog. He aquí el resultado.

sábado, 13 de febrero de 2010

Otro de esos posts que deberían titularse de re varia

Tengo exámenes (sigo teniendo -desde que aprobé la última allá por 2008- cuatro asignaturas para terminar Filología Portuguesa) y voy del Piñeiro a la biblioteca de la facultad, de la biblioteca de la facultad al Piñeiro. Paso por casa para dormir y para perder el tiempo un rato, claro. Y para ducharme antes de ir al Piñeiro.

Ando terriblemente cansada y debo tener la anemia mucho peor que habitualmente. También, pese a que ando premenstrual y tomando mucha coca-cola y comiendo gofres (esta semana fueron dos y normalmente me como uno cada muchos meses/años -sólo me gustan con chocolate y helado y eso es de las cosas que un organismo normal sólo quiere cuando está de exámenes y premenstrual todo al mismo tiempo, que es el caso-), hace como un mes que me olvido inquietantemente de hacer comidas. Sólo si estoy en casa y no siempre. Suele ser, por tanto, la cena, pero no es la primera vez que es fin de semana y es la comida la que se me olvida. Obviamente (véase el ejemplo de los gofres) no es consciente pero no me gusta nada. Sobre todo porque luego son las seis y yo me pregunto por qué tengo tanta hambre si es tan temprano y, claro... es porque no he comido (algo de lo que me doy cuenta allá por las siete).

También ando más sensible de lo habitual (de lo habitual de estar premenstrual) para lo bueno y para lo malo. Por un lado lloro por todas las esquinas y estoy vehemente y melodramática y de un pesado que me dan ganas de darme las hostias yo en lugar de esperar a que los demás se cansen de aguantarme y decidan dármelas y, por otro, soy como una fuente inagotable de oooohs y aaawwws ante la noticia de que Javi y Mónica andan embarazados. Y cuando digo inagotable, quiero decir inagotable. Que parezco tonta o algo. No sé en qué momento lo de "fulanita está embarazada" ha pasado de ser respondido con un "joder qué putada" a con un "joder, qué guay", pero creo que me gusta el cambio. Y eso que me hacen mayor, los cabrones. Lo de tener sobrinos lo tenía asimilado, pero no lo de hijos de amigos. 2010 es bonito, aunque sólo sea por eso.

Para otras cosas, bueno... quiero creer que lo de andar llorando por las esquinas y afectadísima por cierto tema se debe a lo mal que se están portando mis hormonas este mes (mucho azúcar y pocas vitaminas, ya decía yo que eso no podía ser bueno) y no a que cierto tema realmente me importe porque, si me importa, voy apañada... En unos días se verá.

Además, hoy amanecí con la noticia de que se había muerto Georginho (George Harrison era el hamster), somos uno menos en casa. Vale que después de las plantas era el que menos circulaba por ella (las plantas, como están por todas partes, es como si circularan y la jaula de George lo mismo estaba en el estudio que en el salón) pero da penita. Era gris y tenía los ojos negros y grandes. De mayor quiero ser así. Vale, gris no. Pero siempre quise una rueda de las que tienen los hamsters y los ojos negros y grandes y bonitos.

Y estamos en carnaval pero yo no sólo tengo un examen el jueves sino que trabajo lunes y martes (que pensaba dedicar íntegros a estudiar mucho porque el examen es más que difícil aunque esté en pleno post-desahogo-general en lugar de con los apuntes -que están aquí a mi lado, claro; los apuntes no se separan de mí-), pero yo tengo un montón de sangre de mentira y cosas varias para pintarme más sangrienta aún. No me gusta nada disfrazarme, pero siempre me moló mucho lo de pintarme la cara no en modo maquillaje de niña mona (para eso no tengo paciencia) sino maquillaje de monstruo/zombie/vampiro/todas esas cosas que sí me hacen feliz. Bloody Meryone (versión deformada de Bloody Mary, no María Tudor sino la de la leyenda urbana de colegios mayores gringos*) sale a tomar la calle (bueno, eso es el plan, al final sólo tomaremos la casa de Iago, que es el verdugo de Yurema que será Ana Bolena semi-decapitada -hay gente a la que sí le gusta disfrazarse-; también tenemos a Elisa de china y al señor Coh de vampiro -como todo el año pero con colmillos- y a dos amigos suyos que a saber qué son) y a intentar tener mañana sólo la resaca justa para poder lamentarse pero también estudiar. La señorita disfrazada de Ana Bolena ha prometido muffins de colores para el previo y dado que la Xunta ha decidido no pagarme todavía el mes de enero, el ritmo de manhattans no puede ser el habitual (si es que llegamos al Hula, que la intención siempre es salir y siempre decidimos que el mundo exterior queda muuuuuuuy lejos).

Me voy a hacer la comida antes de que se me olvide. Sean buenos. No lloren por las esquinas y quédense embarazados para que yo pueda decir oh y aw. Por favor.



*No sé tampoco en qué momento ha sucedido pero sí, ya uso gringo con la misma naturalidad que órales.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Desvarío

Como mandarinas mientras doy vueltas a la edición de Mirapeixe y qué puedo comentar de sus dos o tres cantigas (sigo sin decidir cuántas son) y que no parezca de un comentario de clase de primero de carrera. También pienso que estoy hasta los huevos de Mirapeixe y que la vitamina C de las mandarinas es mi amiga. Quiero chocolate. Quiero vacaciones. Quiero que termine ya 2009 aunque, paradojas necesarias, eso querrá decir que se habrán terminado también las vacaciones. La señorita Harvey pega gritos en el hermanito de Gregor (o sea, mi ipod aún sin nombre) y parece que últimamente se está convirtiendo en mi banda sonora habitual.

El fin de semana estuve en Pontevedra en casa de la vampira que firma por aquí como Lucy (por Lucy Westenra) entre frío y tiendas pijas. También vimos una película divertidísima que se llama Fonda sangrienta y cuyos últimos veinte minutos yo dormí y jugamos al Cluedo con su hermanita pequeña. Ah, y recuperamos el Crunch como sabor de infancia, envoltorio azul (no sólo el de fuera sino también el de dentro) incluído.

Mi abrigo se abre por atrás y mis faldas se suben. En Santiago hace muchísimo frío y dicen que la semana que viene empieza (oficialmente) el invierno. Por cuestiones de que los dedos se equivocan, estuve a punto de escribir infierno tres veces antes de conseguir poner la uve. Creo que esa es la señal de que debo volver con Mirapeixe.

Las entradas que se escriben solas en los minutos que lleva teclear todas las palabras que contienen son raras. Escasas y extrañas. Las dos cosas.






domingo, 11 de octubre de 2009

Múltiples spoilers y reflexiones sobre Donnie y S. Darko

Había una vez una película maravillosa llamada Donnie Darko. Había también una ex-niña (eterna post-adolescente) que creía en la posibilidad de una mitología contemporánea. También tenía una gata que se llamaba Folerpa, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

La cuestión es que la ex-niña amaba profundamente Donnie Darko y, tras un par de días enferma con delirio febril incluído "soy un esciápodo, soy un esciápodo" en sofá del hostal vampiro, decidió ver la segunda parte en el sofá de su casa. Sí, la SGAE y el gran conejo Frank (¿por qué siempre es el conejo Frank, hasta cuando no se llama Frank el responsable de la muerte de la chica? ¿por qué siempre tiene que morir alguien alternativo para que no se muera la chica?) me castigan por ver online una película que ni pasó por las salas de cine.

¿Qué es S. Darko? Ante todo un ejemplo de "para hacer esto, casi mejor te quedabas en tu casa comiendo palomitas y viendo cine de verdad" pero también (y por eso no puedo criticarla del todo -me quedaré en un 98%) un ejemplo de lo que a Meryone (esa ex-niña, eterna post-adolescente) en el fondo siempre le llamará la atención: un "y ahora, ¿qué?". Exactamente igual que cuando decimos que a la Cenicienta se le llenaron de durezas los pies o que menos mal que Romeo y Julieta murieron a tiempo. "Sí, cariño, soy muy feliz, voy a comprar yogures." Lo que hicieron los griegos (¡dios!, ¡aquellos tiempos en que las segundas -o enésimas- partes las escribía gente como Eurípedes! denle la vuelta a todo como hacen varias veces en S. Darko y déjenme en la Grecia Antigua, por favor. Pregunten por la hetaira Meryone) y lo que mandé hacer a mis alumnitos durante las tres (¿o habían sido cuatro?) clases que di en las prácticas del CAP. O sea, Meryone no puede criticar totalmente S. Darko sin ser muchísimo más incoherente de lo que suele ser.

Pero las buenas intenciones no sólo producen mala literatura; también pueden producir malas películas y S. Darko es una mierda pinchada en un palo. Me parece maravilloso que alguien fantasee en su casa comiendo palomitas y viendo la original (no, no como palomitas mientras veo películas, no habitualmente) con qué había sido de la cría que hablaba de unicornios y bailaba. Yo también. De la cría, de la hermana mayor, de Gretchen, del padrastro (que ni sale) y de todos los putos personajes. Si sabrían remotamente lo muchísimo que había cambiado su vida porque Donnie estaba en la cama en lugar de siguiendo a un conejo muy grande y muy feo. Si Frank, si Gretchen, si el personaje del difunto Patrick Swayze cuyo nombre no recuerdo, sabían por lo poquísimo que se habían librado. Cómo coño se encajaría en la familia que un motor de un avión hubiera matado al hijo ¿mayor? ¿mediano?. Como yo, cientos de personas. Y no, no hicimos una segunda parte y tampoco fue sólo exactamente por falta de conocimientos de cómo hacer una película.

Pero hete aquí que no estamos en el 88 sino en el 95. Meryone tenía respectivamente cinco y doce años. Samantha (sí, la niña encantadora que lleva el peluche del unicornio en el avión del que cae el motor que mata a su hermano) diez y diecisiete. Disque la actriz es la misma y, bueno, vale. Lo será. No tienen por qué mentir. Es hippie y se ha ido de casa (siete años después) porque no soporta más las consecuencias de la muerte de su hermano. Lógico. Tiene una amiga más hippie que ella y es ella misma tremendamente azulada y maquillada quien se presenta cual conejo Frank ante el loco del pueblo. Ah, no lo he aclarado: ahora la prota es femenina porque está buena. O sea, no es que Jake Gyllenhaal no me parezca (en esta película) infinitamente más interesante, pero como que luce menos. Porque encima, eso. No es cómo le fue a la cría tras la muerte de Donnie, no. Eso realmente no importa. Es una excusa para hacer salir más cosas simpáticas del plexo solar de la peña, para reaprovechar el disfraz de conejo (claro que hay conejo: ¿alguien lo dudaba?) y para demostrar que a veces uno está más guapo callado. O sin dirigir películas.

También hay supuestos guiños a la primera que hacen notar más que no, que no había que hacerla. Las nubes las cosas que van a cámara rápida hacia delante o hacia atrás y... que el único que es realmente malo escapa. Bueno, en S. Darko escapaba igual porque el pobre del zumbao del pueblo (el único que puede salvar el mundo muriendo él y que tiene, repito, parecido con Donnie), por lo de que quedó tocado tras la operación Tormenta del Desierto, termina en la cárcel.

¿Había hablado de la banda sonora? ¿Para qué? No merece la pena. La de Donnie Darko la tengo sonando ahora mismo para hundirme más todavía en la miseria.

Ah, otra aclaración que tenía que haber hecho antes: la ex-niña, eterna post-adolescente melodramática tiene tendencia a hacer cosas que no le hacen ningún bien. Ver S. Darko no es de las más graves: es peor estar escuchando la banda sonora para regodearse en las diferencias y/o(/u) plantearse seriamente volver a ver la historia del conejo gigante que resulta ser amigo de hermana por enésima vez. No porque sea malo en sí mismo revisitar Donnie Darko (hay películas que hacen muy muy feliz a Meryone y Donnie Darko es una de ellas) sino porque así se dará más cuenta del poco cariño con el que hicieron la secuela. Y eso duele. Mucho.

Y, para terminar, decir que dejaron el campo abierto para una tercera pero no porque haya personajes que puedan tener conflictos por lo acontecido, claro que no... por algo infinitamente más triste y que sería demasiado largo de contar. ¿Quién va a verla cuando la hagan? ¡Bingo! Aquella que tiene por mala costumbre hacer cosas que sabe por adelantado que no debería hacer.

PS. La niña que quería escribir también puede violar a la familia de Donnie. Si dejan a Chris Fisher, a mí también. Y no, yo no lo daré a la luz. De momento, va a colgar ropa y a convencer a Folerpa de que es hora de pasar del sofá a la cama. Allí, decidirá.

PS.2. Al parecer mi ironía está tocada por lo que sea que contuviera el virus que me hizo declarar ser un esciápodo. No sé mi capacidad de escritura.


martes, 29 de septiembre de 2009

Semejanzas literarias (I)

Muchas veces he dicho que nunca quise ser ni Wendy ni Campanilla sino Tigrilla, la princesa india. Eso en una de las poquísimas historias en las que me identifico con un personaje femenino. Otra es la que fue mi libro favorito de peque (antes de Poe) y sí, hubo un tiempo en que fui una niña, me ponían vestidos y pretendían que resultara una señorita: Mujercitas. Bueno, antes estaban los de los cinco y George que llevaba el pelo corto y no era como la tonta de la otra que siempre estaba haciendo la comida y, encima, era rubia. Pero yo era Jo. Leía, tenía amigos con o y, mientras a las otras niñas les decían que eran guapas, a mí me decían que tenía un pelo muy bonito. El profesor alemán que tocaba el piano nunca llegó y, bueno... tampoco nadie me ha publicado nunca nada. Hace años y años y años (y años) que no hablo con el que entonces pensaba que era Laurie pero hace poco todavía me dijeron poco menos que aquello de "tu cabello, tu cabello, tu única belleza".

Sin embargo, tengo nombre ficticio (fotologs, facebook, tumblr) de nínfula de Poe. Poe fue mi primer amor y ese poema fue el último que escribió. Además, Ligeia (mi cuento favorito) ya estaba pillado y Ulalume también. Mi primer blog ya tenía como url lo del once upon a midnight dreary y Lenore era repetitivo (dice la que es Annabel Lee en todas partes). Todas estan muertas. Lo de estar muerta era fundamental. Por circunstancias varias (como lo de tener cuatro años menos la primera vez que leí sobre su existencia), nunca conseguí pensar en Virginia Clemm como nínfula pero supongo que también le falta el componente maligno. Las nínfulas son efímeras y fascinantes. Casi tanto como la rosa del Principito. Y en éste no soy ni Principito ni rosa sino el zorro. Quien gana sólo por ser domesticado y por el color del trigo. A ratos, sólo a ratos, el aviador. Y yo tampoco sé dibujar.

La vida es de los otros y yo quiero un profesor alemán que toque el piano.

Y se me acaba la batería de Gregor. Sean buenos. Ni releo.

martes, 15 de septiembre de 2009

Reflexiones telegráficas de los últimos tiempos

Ahora que (casi) no tengo vida académica, puedo aprender lo que quiera.

Las relaciones humanas serían mucho más fáciles si fuéramos todos pececitos de colores.

Mi vida la dirige Isabel Coixet y no quiero. Me cae mal.

Exijo que mi vida deje de ser dirigida por Isabel Coixet (o Sophia Coppola, o alguna petarda así) y pase a hacerlo Eric Rohmer. Sí, Rohmer.

Sigo siendo una decepción para mi señor padre pero ha empezado a dejar de importarme.

¿Por qué no podemos crecer en el campo como las margaritas?

Hay gente a la que quieres demasiado para pelearte con ellos para siempre.

Lo único casi equiparable al terror es el mar. Todo lo demás ocupa un segundo plano.

Que ya no vaya a doctorarme no quiere decir que ya no me gusten la Edad Media o la literatura artúrica.

Mi abandono del doctorado y la reacción familiar podría ser convertido en una obra maestra por Phillip Roth.

El otro día vi por fin Je vous salue, Marie y no me gustó. No hay nada que me resulte más frustrante que hincar el diente a una historia (libro o película) con ganas y que no me guste.






Y que sigue habiendo media docena de personas (aprox) con las que siempre es un placer estar y que darían un buen momento Eric Rohmer. Eric, ven. Dirígeme.










domingo, 30 de agosto de 2009

Pataleta

Si creyera en algún dios (y hubo un tiempo en que me enseñaron a creer en el de los cristianos), mis dolores de cabeza me harían renegar de su existencia. Como hace mucho tiempo que no creo en ninguno, reniego de Arturo, de los vampiros, de la vuelta de Elvis, de la posibilidad de un mundo más justo logrado a base de margaritas en pelos llenos de mierda (y yo siempre siempre llevo el pelo limpio, aunque también le ponga margaritas), de revoluciones para cambiarlo, de tocar los bongos y fumar porros. Reniego de las vacaciones (también son una entelequia), de la educación, de la Universidad. De la igualdad entre los pueblos y los seres humanos. De la belleza interior.

De las endorfinas, de la música, del cine, de la literatura. Del terror malo. De la amistad. De que una imagen valga más que mil palabras. De las metáforas. De las vitaminas.

Reniego de pisar la hierba, de la lluvia, del mar. Reniego, incluso, de la bombilla roja del Rock-a-Hula y de pasar la tarde entera en un lugar cómodo leyendo. Del té. Del whisky. De las bibliotecas. Del chocolate con almendras.

Y, en fin, de todo lo que no sea un analgésico.

Voy a intentar dormir (más) a ver si se me pasa. Fuck.

viernes, 3 de julio de 2009

Doctor Zhivago y otros demonios

(Aviso para navegantes: como cualquier post en el que hable de películas, de novelas o de lo que sea, hay innúmeros spoilers. Si todavía no has visto Doctor Zhivago, ¿a qué coño esperas? ¿a soñarla? corre, vela, vuelve y me cuentas)

Ahora sí. Justo en la primera palabra del párrafo siguiente empezaba este post.

Circuló durante un tiempo el falso mito de que Doctor Zhivago es mi película favorita. No lo es. Es de mis absolutas favoritas, pero ni siquiera es mi favorita de David Lean. La culpa la tiene La hija de Ryan que probablemente sea un poco menos buena, pero a mí me gusta mucho más. No sólo por identificaciones múltiples (me identifico con lo hostiable de Rose Ryan y lo "adolescente con inquietudes" de Yuri Zhivago a partes iguales) ni porque, aunque Omar Shariff sea más guapo, a mí me ponga infinitamente más Robert Mitchum (de eso tienen la culpa La noche del cazador y El cabo del terror); se trata de algo irracional e indefinible, como lo son siempre filias y fobias.

Mi película favorita hace (ahora ya casi sí) diez años que es La naranja mecánica y Doctor Zhivago (por qué Doctor Zhivago pasaba la censura paterna es de los mayores misterios de la Humanidad) la recuerdo como la mayor tortura de infancia. Me la soplaba profundamente que hubiera sido rodada por aquí, la fotografía maravillosa, que a Omar Shariff le retiraran los pómulos hacia atrás y tantas otras cosas. Creo que todo menos la banda sonora. Es probable que las doscientas primeras veces que intenté verla, me haya dormido. Claro que Geraldine Chaplin bajando del tren con un pompón rosa por sombrero es algo que una niña pequeña no sabrá nunca apreciar. Y eso que la escena, pese a lo terrible del pompón, del abrigo, del manguito (me da igual que viniera de París, lo hortera lo es siempre) es de mis favoritas. No sólo de la película, de la historia del cine. No he dicho de las mejores, he dicho de mis favoritas.

Podría ir contando cómo y por qué pasó de resultarme un coñazo a ser una película que me encanta pero no se trata de eso. La cuestión es que buscaba una cita que recordaba memorable y que, o no existe o no lo es tanto. Y no porque la película no las tenga, sino porque yo la había inventado. Como había inventado que él dice "¡Lara, Lara!" en el tren cuando (además de no ser ella) no es capaz de decir nada. ¡Con la de años que llevo yo gritando "¡Lara, Lara!" cada vez que veo a Julie Christie!

Mi famoso TIT va (lo he contado más veces) de la figura del caballero entre dos damas en la narrativa cortés. Mayormente artúrica, claro. No me sale un caballero entre dos damas mejor retratado que el bueno de Yuri Zhivago. En la película. La novela es de esas que justifican que algunos (independientemente de que prefiramos cine o literatura) queramos morder cada vez que alguien dice que "una película está siempre peor que un libro." Una mala película está siempre peor que un buen libro, claro. Pero todas las demás combinaciones son imprevisibles. Véase La naranja mecánica (el libro es maravilloso, pero no tanto), El exorcista (la novela más aburrida de la Historia) o el género negro. Doctor Zhivago justifica esa otra frase contra la que llevo también media vida luchando: "una imagen vale más que mil palabras." Coged cualquier escena de la película (cualquiera). ¿Es evocadora? Perfecto: en la novela no lo es. En absoluto. Seguro que la traducción tiene mucho que ver, pero no puede ser sólo eso. Es insoportable. Hiriente. Como si hubieran escrito (mal) la novela después. La empecé hace un tiempo y no la terminé. Porque tengo más cosas que leer y porque era una tortura: dolía identificar escenas y ver que lo maravilloso de la historia es todo por obra y gracia de David Lean. El entierro, la rama que golpea en la ventana, la manifestación, Lara disparando a Komarowski, Tonya llegando, la vela en la ventana de Lara... todo tan inocuo como si en una conversación de peluquería dos imitaciones autóctonas de Paris Hilton se comentaran una a la otra "jo, tía, ¡qué fuerte!, ¿sabes la chiquita esa rubia? sí, tía, sí... esa que desvirgó el amante de su madre, el tío este que ni está bueno ni es tan rico, ¿cómo se llama? Victor algo... Victor, Victor, Victor Hipolitovich, ¿sabes? bueno, pues resulta que el otro día ella entró en una fiesta y le pegó un tiro. Sí, como lo oyes. Y estaba el médico este tan guapo con un nombre tan raro. Sí, ese que sale con la que tiene un abrigo rosa terrible que se trajo de París y los dientes tan grandes. Que ni que no hubiera ortodoncistas hoy en día. Sí, tía, ¡superfuerte! Pues resulta que el médico ya la conocía porque atendió a la madre de ella cuando se quiso suicidar porque se enteró de que el Victor lo que sea se la tiraba. Si es que ¿a quién se le ocurre, con lo mona que es ella, dejarla ir solacon él? que la madre no está mal, pero es ya tan mayor..." Lo que dice Sabato de la historia de un joven que mata a una vieja para robarle, que puede ser una mera anécdota en la crónica policial o Crimen y castigo. Al señor le dieron el Nobel, pero leí alguna vez en alguna parte que lo que era es buen poeta. La historia del médico que tiene mujer e hijo en Varikino y una amante en Yuriatin es la hostia, pero sólo la historia. Y llegó David Lean y la convirtió en una maravilla.

Mis caballeros se debaten entre dos damas de diversas formas. Ninguno como Yuri. Los tiempos han avanzado mucho desde el siglo XII cuando los trovadores inventaron el amor. Habían, antes, retrocedido mucho desde los siglos anteriores, cuando el amor no existía y la moral judeo-cristiana tampoco. El siglo XII (junto con el XIX el campeón del adulterio, decía Duby) era un siglo cojonudo para estar casado con una persona y enamorado de otra, pero todavía no estaba tan claro lo de poder estar enamorado de las dos. Salvo Tristán por breves instantes, cuando se casa con la segunda Iseo porque se parece a la primera y se llama igual. Yuri quiere a Tonya, quiere a su niño y es capaz de tirarse seis meses con Lara sin hacer lo propio. Pese a que la mencione en todas las cartas a su mujer. Vuelve a Moscú, es feliz con Tonya, huye de Moscú, se encuentra con Lara, se lía por fin con ella, Tonya está embarazada, deja a Lara (y, sin pretenderlo, a su familia, porque es reclutado a la fuerza por partisanos rojos), vuelve con Lara pero teniendo delirios en los que ve a Tonya, quien le escribe a casa de Lara (antes había ido allí a buscarlo) contándole que los deportan de Rusia, se separan por una serie de motivos que no vienen al caso aquí, no vuelve a ver a ninguna de las dos y muere intentando llamar a alguien que cree es Lara.

Y, sin embargo, a Meryone, que es así, siempre le ha parecido que hay algo que no termina de ser amor en la relación de Yuri, de Lara, de Tonya. Aquello que sabíamos de otra forma antes de que Sabina escribiera "que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Lo sabíamos (algunos) entre otras cosas por Doctor Zhivago. Doctor Zhivago es una lucha por la felicidad, por la individualidad (no lo he declarado antes, pero me salto el análisis anticomunista, que está demasiado trillado) y una búsqueda errada. Hay retornos a lugares y a personas. Los retornos a los lugares son siempre desastrosos. La vuelta a Tonya aburre, la vuelta a Lara culpabiliza. Lara parece, a veces, una solución a todo. Una Lara que (ella misma lo dice al leer los poemas que él le dedica) no es ella sino él. No como él la ve: él. Y siempre está Tonya. No vuelve a Tonya y delira recordando a Lara, eso sería lo esperable de un amor adúltero ficcional al uso, pero no es lo que sucede. No es cuando "abandona" a Tonya que es "castigado" y se queda sin nada*; es cuando abandona a Lara. Abandona a Lara al sentirse un monstruo porque sabe más de la vida de Katia que de la de su hijo, porque Tonya está embarazada, porque sí tiene cierto sentido del deber. Y lo cogen los partisanos. Al desertar es a Tonya a quien cree ver entre la nieve. Al delirar, en casa de Lara, es en Tonya en quién piensa. Está arrepentido pero ha habido algo más fuerte que él que le ha impedido "cumplir con su deber". Ha sido otro retorno a lo que él no esperaba. Siempre retorna y siempre hay algo que no es como esperaba. A veces es contra su voluntad, pero casi siempre quiere hacerlo. Y su error está en ir a Varikino con Lara. Porque en Varikino descubre que tampoco con Lara va a ser feliz. Y renuncia a huir con ella, no por no ir con Komarowski, sino porque salir del país sería tener una oportunidad para encontrarse con Tonya. Con su familia. Por segunda vez tiene que elegir entre las dos; por segunda vez no se queda con ninguna. Hubo un amago anterior. Un momento en que preguntó a Komarowski qué pasa con una muchacha como esa cuando un hombre como él ha terminado con ella y él dice algo así como que "si la quiere". Ese es uno de los fragmentos que no vi hoy buscando la maldita cita inexistente.

Pero, además, hay otro motivo por el que Meryone (que no en vano creció leyendo cosas como 1984 y viendo películas de Serie B -y pienso en las vainas ahora mismo-) sabe que realmente no es amor. No sólo por los abandonos (a las dos), no sólo porque no intente (nunca) buscar a Tonya, pese a aquellos delirios, no. Por algo mucho más importante. Cuando no grita "¡Lara, Lara!" y se muere, cree haber visto a Larissa Antipova. Sólo lo cree. No la ha visto. Y todos sabemos (gracias a los trovadores y todos los que vinieron después) que, si realmente fuera amor, no podría equivocarse. ¿He dicho si realmente fuera amor? Perdón. Pretendía decir si realmente existiera ese amor del que hablan los trovadores, del que pretenden hablar tantas películas del Hollywood clásico. Es simplemente una historia de relaciones humanas. Erradas, como suelen serlo siempre. O no del todo idílicas, como pretenden serlo en tantas películas en Technicolor. Como en situaciones particulares, como 1984, como todas las variantes de la película de las vainas. Cuando no hay más que otra persona que pueda entenderte (qué sospechoso: siempre son heterosexuales, siempre es del sexo opuesto) y el autor utiliza el más simple de los recursos para hacerte ver que lo que nos hace humanos nos hace individuales. Creo que, en cierta medida, aparte de todo lo demás, la grandeza de Doctor Zhivago (o lo que hace que yo la ame sobre tantas otras películas pretendidamente de amor) está en que no sólo no hay happy end sino que nunca hubiera sido posible por la naturaleza misma del personaje que da título a la historia. Independientemente de la historia que se cuente.

Además está la música, la fotografía, Julie Christie, Omar Shariff, Geraldine Chaplin, Alec Guinness...








Youtube tiene sus ventajas pero no siempre encontramos lo que queremos como queremos. Y el principio ya lo había puesto en otro lado.

*Dije que no iba a hablar de los aspectos anticomunistas, pero esto tiene que ver con otro tipo de moral que también planea inquietantemente sobre la historia.

jueves, 14 de mayo de 2009

Entrada absurda

Ayer me cargué la columna lateral del blog jugando con la plantilla. Ya no hay links amorosamente recopilados a lo largo de los meses, no hay una oveja eléctrica, no hay un murciélago, no hay peces, no hay gato, no hay banners, no hay nada. Los contadores no me traumatizan y son lo más recuperable de todo. La cita de Cortázar (incluso el texto mío de debajo), también lo es.

Misteriosamente, la nube de etiquetas sigue al fondo, debajo de la Ophelia de Waterhouse que ya no está.

También, antes, vi Starship Troopers 2 (como no tiene explicación racional, mejor que no se la busquemos) en el Rock-a-Hula con María, una cerveza en una mano y un whisky en la otra. No hubo versiones de Elvis (seguro que sí cuando nos fuimos) ni bombilla roja, pero sí sangre verde (¡bien!) y bichos feos. Si hay bichos feos, sangre y la película está mal hecha, yo soy inmensamente feliz. No lo puedo evitar. Si hay vampiros o zombies, lo soy más. Y si a la gente le salen las tripas o chorros de sangre (no necesariamente verde), mejor.

En el fondo, la felicidad está en el terror, la serie B y todas esas cosas bonitas. Aunque en casa mutiles tu blog por gilipollas.

El problema es que ni siquiera yo (con lo feliz que me hace) puedo alimentarme única y exclusivamente de terror. No lo entiendo, pero es así. Con lo feliz que sería sin catarsis ni literarias ni de ningún tipo. Claro que puede que terminara por matar a alguien para ver de qué color tiene la sangre.

Laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Repito: la felicidad está en las pelis malas de terror o ciencia ficción con bichos feos (más en las de terror, pero ayer no pudo ser) y el Rock-a-Hula. Sobre todo cuando se pueden hacer las dos cosas a la vez.

¿Por qué la gente ve fútbol habiendo terror? ¿Alguien que me lo sepa explicar?

viernes, 8 de mayo de 2009

Lo que iba a ser un monográfico de Liliths

Ayer, al poner la Venus Verticordia, caí en que me faltaba la Lilith de Rossetti. Si tuviera que escoger un cuadro de Rossetti, sería o Lilith o Proserpina según tuviera el día. Claro que también está Blancaflor y, si nos ponemos, todas las demás.

Hoy sería un día perfecto para hacer un monográfico sobre Lilith en la pintura si no fuera por algo tan simple como que, al menos en internet, sólo he encontrado dos. La maravillosísima de Collier que hizo que cerraran mi primer fotolog y la de Rossetti. Tiene lógica y no la tiene. Tiene lógica porque hasta hace cuatro días la figura de Lilith estaba todo menos bien vista. Y no me sale la vena feminista (y rima) porque no la tengo, que si no, sería el momento para dejarla asomar. La cuestión es que ni los prerrafaelistas y amigos (sí, claro que sí, Collier y Rossetti) pintaron a Lilith. ¿Cuántas Ophelias hay, por dios? Y líbreme el cielo de lamentar la proliferación de Ophelias prerrafaelistas. Pero ¿sólo dos Liliths? ¿Sólo dos? Lilith. Que no hablamos de la tonta de Eva, que hablamos de Lilith. Podemos aceptar "El pecado" de Franz von Stuck. Tengo dos versiones. Vale, ya van cuatro. Y tres son repetidas.

(¿Por qué?)

Esta es una de las cuestiones a enmendar cuando inventen de una puta vez la máquina del tiempo. Llegar al siglo XIX y convencer a todos los pintores para que pinten Liliths. ¡Malditos!

También es una invocación para todos aquellos que conozcáis más. Por favor. Contadme que hay más Liliths. Por piedad.

Y como alguien se ponga purista y diga que la de Franz von Stuck no es pelirroja, le muerdo.







De arriba abajo: Collier, Rossetti y las dos versiones de "El pecado" de Franz von Stuck. Quiero más. Estoy frustrada.

Como siempre, más grande al hacer click.

lunes, 4 de mayo de 2009

Y, sin darnos cuenta, ha terminado el mes más cruel

Sin darnos cuenta, sin que nadie nos lo robe ni nos espere. Abril, en el fondo, es un mes cojonudo. La primera novela de Bryce que leí, hace ya diez años (era abril y yo tenía quince) fue No me esperen en abril, sacada de la biblioteca de Ferrol, esa biblioteca donde tenías que sacar los libros media hora antes de cerrar y a mí se me habían pasado cinco minutos. Puse mi mejor cara de adolescente-lectora-que-estaba-demasiado-enganchada-a-su-libro-para-percatarse-de-la-hora pero no coló, así que tuve que volver al día siguiente a por él. Abril es el mes en que descubrí al que fue tantísimos años mi escritor favorito. Años después (y no lo recuerdo, pero no tiene por qué no haber sido en abril) me compré la novela que había sacado de la biblioteca. La presté y no volvió. Se la presté a la chica que preparaba latín conmigo en verano. Éramos tres y no recuerdo su nombre. Al chico le había prestado mi Antología de poesía española contemporánea (del 80 al 2000; era 2002) y, el último día (se marchaba de vuelta a Madrid aquel día por la tarde), como se la había olvidado, me compró Otoños y otras luces, de Ángel González, al que no conocía y que ahora me encanta. Mar (se llamaba Mar, acabo de recordarlo), dijo que ya me devolvería el de Bryce, pero esas cosas pasan y estoy tan harta de perder libros que ya lo tengo casi asimilado.

Algún día (ahora que, con Panero, he empezado la mala costumbre de re-comprar libros perdidos), volveré a comprar No me esperen en Abril, la oda a la amistad y los recuerdos de Bryce y la historia de los que, en los primeros libros de cuentos eran Manolo y Cecilia (con sus pecas y su nariz respingada) en el Country Club y aquí ya son Manongo Sterne Tovar y de Teresa y Tere Mancini (monísima y con pecas y nariz respingada también, claro). No recuerdo cómo se llamaba el colegio (¡mierda!) pero sé que lo recordé esta tarde. Y el profesor devoto de Marlene (¿cómo no ser devoto de Marlene?) y a aquel otro (Teddy Boy, ¿no? ¿como el que se hostia con Álex y sus drugos en La naranja mecánica) que decía "caguen monedas, niños ricos" y devoraba chocolate suizo. Y el amigo que se parece a Tyrone Power y este personaje que se repite siempre que sale el Country Club y que se tira a la piscina para impresionar a la enamorada de turno de fulanito (creo que aquí era la gringa Peggy, pero no estoy segura). Y lo de menos es que Manongo esté con Tere (aunque él sea adolescente y ella tenga pecas y la nariz respingada -y lo repito porque Bryce no para de repetirlo- y el pelo corto) porque lo fundamental es que el tiempo pasa y todos crecen y llega un momento en que, como siempre, la vida es una mierda y parece que lo es más para los personajes de Bryce. Y no hablo de cuando, justo antes del baile de graduación al que hay que ir con la muchacha más maravillosa de tu vida, Tere se lía con un tipo mayor de edad "con un carro también mayor de edad" (y que debe ser el único no-alfa-romeo de toda la narrativa de Bryce y que, si no recuerdo mal, es un deportivo), sino de lo de crecer y que el mundo espere que hayas crecido. Y, como todos los lectores de Bryce (o todos los que fuimos lectores compulsivos de Bryce) sabemos, antes de plagiar a los demás, Bryce se plagiaba a sí mismo, así que además de repetir personajes (y de contar cosas que luego descubres en las memorias que son su puta vida), también repite hasta la saciedad las hostias que da la vida cuando uno no es ya adolescente. Como si la adolescencia no las diera.

Bryce llegó un abril de hace diez años. Abril no puede ser el mes más cruel. Me la sopla que lo diga Elliot y que lo dijera (sí, Bryce llegó antes que La tierra baldía, claro que sí) la cita de Elliot entre las citas de antes de la novela. Las citas de Bryce son la hostia.

Además y todavía.



PS. Este abril ha sido un buen mes. No por nada concreto (no sucedió nada por lo que específicamente pueda decir "el abril de 2009 fue un mes cojonudo"), pero lo fue. Llevaba demasiado tiempo mustia y medio deprimida y ahora ya no lo estoy. Vuelvo a leer y a ver películas (a hacerlo de verdad) y no tengo que fingir que las cosas me emocionan, sino que me emocionan realmente. Además, volví a comprarme a Panero (eso ya lo dije más arriba), tomé muchas cervezas y algunos whiskeys bajo la bombilla roja del Rock-a-Hula (con y sin María), hablé mucho con Jose (y vino a que lo arrastrara a comprar claveles rojos el día 25), pasé mucho tiempo en la guarida hablando de literatura del XIX (y de toda la demás) con mis vampiros. Además, interneteo, tomo té cuando no estoy demasiado insomne, como chocolate cada vez más negro y he retomado el viejo vicio del terror. Ese tipo de pequeños placeres (como los whiskeys bajo la bombilla roja hablando de frikadas literarias varias) que, sumados, hacen que un mes resulte bien. Además, se supone que mi TIT está en marcha. Eso también es importante.

PS (otro). Como mi edición lleva perdida desde agosto de 2002, casi que no puedo poner cita. Lo siento.


martes, 28 de abril de 2009

¡Qué lástima!

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

León Felipe


Este poema tiene toda la culpa de mi amor por León Felipe y casi toda de mi condición de apátrida. El resto la tiene el tener un padre militar y patriota, claro. Un padre que dijo cuando era pequeña que León Felipe en general y este poema en particular "no eran para niños". Así terminé. Sin dios ni patria ni rey y estudiando literatura. Y traumatizada por el hecho de que la nariz de la niña se viera igual pegada al cristal del ataud que al de la ventana.

Luego llegó Poe, claro. Las niñas muertas de Poe habían hecho cosas de importancia, como dar envidia a los ángeles y esas historias, pero a Poe le faltó siempre el tema político. Y no es que vaya a censurar a mi primer amor por no hacer una escritura comprometida, claro que no. Sobre todo porque le faltaba en compromiso político lo que le sobraba en aliteración. Y prefiero las aliteraciones de Poe a la ironía de León Felipe, claro. Empezando porque a Poe lo prefiero a casi todo y desde que el mundo es mundo.

Y luego llegaron casi todos los demás. Y no es que la generación de los cincuenta sea lo mejor que ha dado de sí la literatura en lengua cervantina, pero tampoco es ni de lejos lo peor. Y todos tienen esto que hace que, a aquellos que hemos crecido escuchando cantautores, nos gusten. Eso y que del 27 a los novísimos, prácticamente lo único que había en el país en el que algunos dicen que vivo y en el que mandaba un señor bajito, conservador, con bigote y procedente de la ciudad en la que me tocó crecer, era esta gente, el petardo de Pemán y el papá de Panero que lo único bueno que hizo por la literatura fue reproducirse.

martes, 21 de abril de 2009

Uma cantiga de escárnio

Ũa donzela coitado
d' amor por si me faz andar;
e en sas feituras falar
quero eu, come namorado:
rostr' agudo come foron,
barva no queix' e no granhon,
o ventre grand' e inchado.

Sobrancelhas mesturadas,
grandes e mui cabeludas,
sobre-los olhos merjudas;
e as tetas pendoradas
e mui grandes, per boa fé;
á un palm' e meio no pé
e no cós três polegadas.

A testa ten enrugada
e os olhos encovados,
dentes pintos come dados...
e acabei, de passada.
Atal a fez Nostro Senhor:
mui sen doair' e sen sabor,
des i mui pobr' e forçada.


Caldeiron, mas atribuida também a Pero Viviaez


Sem palavras. Longa vida às cantigas de escárnio e maldizer!

viernes, 10 de abril de 2009

Bañistas de Courbet






Quería ir a la playa y está un tiempo de mierda. Mañana (o eso dijo que era lo más probable) viene Jose. Y le va a tocar llevarme a ver el mar. Jose es mi chófer, entre otras muchas cosas.

El que no ponga más cuadros de Courbet sigue sin tener explicación racional. Que siga sin poner Le somneil, menos. ¿Estaré esperando a salir del armario o algo por el estilo? Que soy filóloga y nunca se sabe...



miércoles, 1 de abril de 2009

Abril es el mes más cruel...


April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.

What are the roots that clutch, what branches grow
Out of this stony rubbish? Son of man,
You cannot say, or guess, for you know only
A heap of broken images, where the sun beats,
And the dead tree gives no shelter, the cricket no relief,
And the dry stone no sound of water. Only
There is shadow under this red rock,
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.
Frisch weht der Wind
Der Heimat zu.
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?
'You gave me hyacinths first a year ago;
'They called me the hyacinth girl.'
Yet when we came back, late, from the Hyacinth garden,
Your arms full, and your hair wet, I could not
Speak, and my eyes failed, I was neither
Living nor dead, and I knew nothing,
Looking into the heart of light, the silence.
Od' und leer das Meer.

Madame Sosostris, famous clairvoyante,
Had a bad cold, nevertheless
Is known to be the wisest woman in Europe,
With a wicked pack of cards. Here, said she,
Is your card, the drowned Phoenician Sailor,
(Those are pearls that were his eyes. Look!)
Here is Belladonna, the Lady of the Rocks,
The lady of situations.
Here is the man with three staves, and here the Wheel,
And here is the one-eyed merchant, and this card,
Which is blank, is something he carries on his back,
Which I am forbidden to see. I do not find
The Hanged Man. Fear death by water.
I see crowds of people, walking round in a ring.
Thank you. If you see dear Mrs. Equitone,
Tell her I bring the horoscope myself:
One must be so careful these days.

Unreal City,
Under the brown fog of a winter dawn,
A crowd flowed over London Bridge, so many,
I had not thought death had undone so many.
Sighs, short and infrequent, were exhaled,
And each man fixed his eyes before his feet.
Flowed up the hill and down King William Street,
To where Saint Mary Woolnoth kept the hours
With a dead sound on the final stroke of nine.
There I saw one I knew, and stopped him, crying 'Stetson!
'You who were with me in the ships at Mylae!
'That corpse you planted last year in your garden,
'Has it begun to sprout? Will it bloom this year?
'Or has the sudden frost disturbed its bed?
'Oh keep the Dog far hence, that's friend to men,
'Or with his nails he'll dig it up again!
'You! hypocrite lecteur! mon semblable, mon frère!'

T.S. Elliot, "The buried of the dead", The Waste Land


Aprovechando que ya estamos en abril y que no ando muy inspirada, hago un alarde de originalidad extrema, de esos que me caracterizan. Dicen que Lovecraft no soportaba La Tierra Baldía y que inclusó la parodió. Amo a Lovecraft, pero creo que no debería meterse a criticar estilos literarios ajenos, no sea que alguien ajeno al terror se meta con el suyo. También amo profundamente el primer canto (y todos los demás) y considero ese "abril es el mes más cruel" (haga o no brotar lilas de la tierra muerta) como uno de los mejores primeros versos que en el mundo han sido. Es más, fuera de borracheras con textos medievales en múltiples lenguas, éste y lo de "La estulticia, el error, el pecado, la mezquindad" de Baudelaire deben ser los dos primeros versos (posteriores al XV) que más cito. Y citar, cito muchos.

De Tierras baldías en innúmeras lenguas ha de estar internet lleno y yo soy vaga y me voy a la cama. Hoy ha sido un día que he pasado casi entero o trabajando o leyendo en francés. Y estuve fuera de casa haciendo cualquiera de las dos cosas doce horas. Mañana, más. Algún día terminaré de devolver visitas, lo prometo.

Por cierto, la "terre gaste" de los romans artúricos medievales (y de eso sé, hacedme caso) no está baldía, sino devastada. No queráis que os suelte el rollo de Perceval, el Rey Pescador y su herida entre las piernas. Ni por qué sangra la lanza y a quién sirve el grial. Ni siquiera lo de que en Chrétien parece no ser un vaso (y mucho menos el de la Última Cena, bla, bla, bla) sino una suerte de escudilla. Ni el hecho de que Chrétien muere sin terminar y sin dejarnos saber qué coño pretendía con el grial y el caballero tan majo, tan rústico y tan naïf que besaba doncellas a la fuerza porque su madre le había aconsejado que se dejara querer. El cuento del Grial tiene casi toda la culpa de mi actual amor por Chrétien, por la literatura artúrica y por la narrativa cortés. El hecho de que el mismo día que lo compré hubiera pasado la mañana con papeleos para cambiarme de Hispánicas a Románicas, el que ese año cursara la Literatura Románica Medieval del XII y el XIII (primer cuatrimestre lírica y teatro; segundo narrativa y épica) y que al año siguiente la Literatura Occitana (que yo había escogido por los trovadores) me la diera el que ahora es mi tutor justo cuando estaba leyendo el resto de Chrétien es pura coincidencia. Todo empezó el día que decidí que estaba bien de opinar que no me gustaba el rollito artúrico basándome en pelis generalmente malas y made in Hollywood. Ese (y no el cambio de carrera) fue el hecho que determinó que pasara de un "literatura medieval, ¡qué coñazo!" a decir que me estaba echando a la Matería de Bretaña como quien se echa a la coca. En una época en que, además, varios de mis amigos más cercanos estaban en ello. En la coca, no en la Materia de Bretaña. Yo me quedé en la literatura. La coca siempre ha estado muy cara (sí, incluso en Galicia) y la mera idea de meterme algo por la nariz me hace estornudar. Y no es que los libros medievales sean precisamente baratos.

Y sí, ya me he emocionado y ya se me ha ido la olla.

Me voy a la cama, antes de que se me vaya más.

La imagen es de Odilon Redon. Hace tiempo que quiero hacer una entrada con él, pero nunca termino de hacerla.




viernes, 27 de marzo de 2009

Drummond de Andrade y un par de cosas más

Amor é bicho instruído
Olha: o amor pulou o muro
o amor subiu na árvore
em tempo de se estrepar.
Pronto, o amor se estrepou.
Daqui estou vendo o sangue
que escorre do corpo andrógino.
Essa ferida, meu bem
às vezes não sara nunca
às vezes sara amanhã.

Carlos Drummond de Andrade


Hace poco estuve un par de veces con el ser de quien estuve enamorada cuatro años (platónica y estúpidamente) y la herida está más que curada. Poco antes le había comentado a una amiga que no lo vivió en el momento el cómo y el por qué del fin del platonismo. Lo conté como podría contar el argumento de una novela o una película mínimamente entretenida pero que no me hubiera emocionado especialmente. Como podría contar qué me estuvo contando alguien a quien las dos hacía tiempo que no veíamos. Todo pasa y todo queda, pero lo de algunos es pasar, efectivamente. Lo mío, por ejemplo.

Se casa mi gran amor de adolescencia (y a veces pasa por aquí y lee, así que hasta puede saludar si gusta) y tengo que verlo para recoger la invitación. Y putearlo con el tema, claro. Como lo puteo cada vez que le digo que no me explico qué es lo que tiene para que yo estuviera tan enamorada de él como lo estuve. Y no es que no le adore ni que no considere que es un nené encantador, él lo sabe. Lo adoro por y pese al hecho de haber sido mi gran amor de adolescencia. Lo adoraba antes, entonces y lo adoro ahora. Claro. Como tienen que ser las cosas. Además, estoy deseando verlo. Tanto con caña delante como disfrazado de novio. Y salir a celebrar que se casó.

Y yo, que no quiero casarme en absoluto (ni siquiera convivir, seamos serios), llevo toda la semana diciendo que, si algún día me caso, haré la lista de bodas con Moleiro, que tenía una exposición en el congreso y con cuyos amagos de catálogos, cuando venían en las revistas, forraba los libros cuando estaba en el instituto. No todos, no siempre, pero lo hacía. Y la carpeta naranja y transparente que me dieron con la matrícula de primero, el año de la LOU. Y las paredes de la residencia, cuando todavía se podía y yo vivía en ella. Ahora está el armario lleno de fotos de códices bonitos y de los márgenes florales de las Grandes Horas de Ana de Bretaña. Y a quien sea más freak que yo y me recuerde que no es medieval, decirle que ya lo sé. Por cierto, ese "sólo" cuesta ocho mil euros. Creo que voy a convencer a Jose, o sea, mi no-novio, para hacer una no-boda. Si no le gustan los facsímiles, que se aguante.

Jose, ¿quieres no-casarte conmigo?

¿A alguien le sobran ocho mil euros para hacerme un regalo de cumpleaños?

Si a alguien le sobran veinte mil, el que sí ha sido siempre el sueño de mi vida es La Biblia de San Luis. Mi tutor me puteó tremendamente cuando le dije que quería casarme para que me regalaran un libro con dibujos. ¡Pero es que es tan bonita!

¿En qué encaja todo esto? En que se acabó el amor, cada día puedo confirmarlo un poquito más, y en que mi gran amor siempre han sido los libros. Y que para qué complicarse la vida si una puede soñar tener veinte mil euros (y unos cuantos más, para que no se note la pérdida) y comprarse el facsímil de una biblia que tuvo un rey con muy buen gusto.

Además, hace mucho que no veo un varón heterosexual interesante. Desventajas de las ciudades pequeñas de provincias.