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Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.
.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
Veinte poemas de amor y una canción desesperada fue mi primer libro de poesía. El primero que era mío. Me encantaba Neruda y costaba prácticamente nada entre un montón de libros más. Todavía tengo esa edición. Quiero decir que no me he comprado otra. Si tengo un tomo descomunal, edición de kiosko, con la poesía de Neruda. Y la edición de El mundo de Confieso que he vivido. Neruda es uno de mis autores favoritos. Y de Víctor Jara he contado muchas veces que cantaba en el coche de mis padres cuando era pequeña. Y ahora. Las cintas eran de mi madre. Los CDs son míos. Creo que me gusta todavía más ahora que entonces. Y ya entonces era el que más me gustaba de las cosas que sonaban en el coche.
El día que reabrieron el caso, lloré. Lloré de verdad. No como cuando era pequeña y me contaron que lo habían matado "por rojo" el mismo motivo para mí incomprensible por el que habían matado a Lorca, Machado se había exiliado y mi tío favorito había estado en la cárcel, allá por los 70 ya. El mismo motivo por el que habían fusilado a los de Al alba, aquella canción que me gustaba tanto y de la que me habían tenido que explicar que hablaba la gente a la que iban a fusilar. Fue de los pocos llantos de emoción que he tenido. Lloro mucho, pero siempre es un llanto terrible, nada reparador. O motivado por los libros, que no cuenta. Con que reabrieran el caso de Víctor Jara me habían curado una herida de infancia.
A Neruda lo descubrí más crecidita. Conocía (también del coche) las versiones de Olga Manzano y Manuel Picón, pero no tenía ni puta idea de quien era el tal Neruda. Y me entusiasma. De mis poetas favoritos, repito. Siempre me contaron que murió del disgusto con la subida al poder del tipo que mató a Víctor Jara. Como era mayorcita, entendía la broma. Y me dolía, también. Aunque nadie me ha dolido como Víctor Jara.
Así que van los dos. Un pedazo importante de mi infancia y mi adolescencia. La primera, la que tiene poco de memorable y lo poco que tiene son libros y películas. Y llorar mucho.
La canción acaba de sonar en mi mp3 espontáneamente entre trovador y trovador. Ahora suena Jimi Hendrix, está con la reproducción aleatoria. Tenía que compartirlo.
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jueves, 24 de julio de 2008
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