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domingo, 26 de octubre de 2008

Gil de Biedma y Schiele




Albada


Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.

-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.

Jaime Gil de Biedma


Esta entrada hasta hace un rato tenía unos veinte cuadros de Schiele. Hasta que empezaron a fallarme las imágenes (tengo muchísimos problemas con las imágenes últimamente), así que lo dejamos en un solo cuadro de Schiele y un texto de Gil de Biedma, al que paseé esta tarde y del que estuve hablando con María esta semana, tras agotador coloquio sobre léxico trovadoresco.

Por lo demás, ninguna novedad en la ciudad en la que crecí y que tanto odio.

Buenas noches.

jueves, 31 de julio de 2008

Los ojos me dolían de esperar

¿FUE POSIBLE QUE YO NO TE SUPIERA...

¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!

Pero pasaste
como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.

Jaime Gil de Biedma




Gil de Biedma era una de las lecturas de literatura española de COU. Había que leer una antología, no importaba cuál. La primera impresión, tampoco fue demasiado emocionante. Al menos no los poemas seleccionados por el profesor. Creo que fue la primera lectura obligatoria de mi vida que no haya abierto antes de las clases. No recuerdo muy bien por qué, pero fue así. Las otras dos de poesía eran Lorca y Machado, dos de mis poetas favoritos. Las de novela, Cela, García Márquez, Baroja (ay!) y... y? cuál era la otra?. Teatro, Buero Vallejo (que murió aquel año, si mal no recuerdo y que entonces era de mis dramaturgos favoritos) y Valle. Ay!, también.

Teníamos también literatura gallega. Otero Pedrayo (no soporto a Otero Pedrayo), Castelao (uno de mis más grandes amores), Carlos Casares (ese sí que recién muerto), Manoel Antonio (ay!), Ferrín, Cunqueiro, la petarda de Luz Pozo y... nuevamente me falta uno.

No importa. Los recordaré. Hace ocho años de esto ya.

A Gil de Biedma lo he retomado hace unos meses. Allá por mayo, cuando mi adolescencia se encontraba en estado superlativo por el mal de amores. Lo he recuperado tanto que me planteo traérmelo de Ferrol. Es pequeñito, es manejable, es poesía. Hay días que me planteo traerme todos los libros de poesía que tengo todavía en Ferrol. No son demasiados. Son sólo dos estantes de los no muy grandes. Si selecciono un poco y dejo algunos, pueden convertirse en un estante de los de mis estanterías de aquí. Más los de aquí, que aún no están convenientemente ordenados, claro. Soy caótica para todo.

Este texto, no lo conocía. O no lo recordaba. Mi vida ha cambiado mucho desde los diecisiete, claro. No me marcan los mismos textos, las mismas cosas. O sea, sí. Pero de otra forma. Es igual pero distinto.

Probablemente entonces no lo hubiera interpretado como ahora. Hace seis meses no lo hubiera interpretado como ahora.

Ahora lo interpreto ad contrarium. Y cobra sentidos nuevos. Nuevos en el sentido de que no me lo había planteado aunque sí. Al igual que una persona concreta llegó siendo de un modo concreto a un momento concreto de mi vida, cuántos no habrán pasado, estarán pasando (tanto o más interesantes que él, sin duda) sin que sea el momento. Lo había pensado, repito. Pero no. No como lo estoy notando ahora. Y más, hoy, que me he estado acordando de tantas cosas que por un momento el punto final parecía un sueño.

Y ya está.

Estoy contando demasiadas cosas. Más de las que tenía pensado contar nunca así y en mundos virtuales.

He repetido también determinadas palabras mucho. A estas horas, mi retórica me ha abandonado y ni siquiera estoy segura de que se pudiera llamar anáfora. Pero así queda.

Buenas noches