Mostrando entradas con la etiqueta de re varia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta de re varia. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de octubre de 2014

Como estoy desconocida, estoy leyendo a Beatriz Preciado

Algunos códigos semiótico-técnicos de la feminidad pertenecientes a la ecología política fármaco-pornográfica:
 
Mujercitas, el coraje de las madres, la píldora, cóctel hipercargado de estrógenos y progesterona, el honor de las vírgenes; La bella durmiente, la bulimia, el deseo de un hijo, la vergüenza de la desfloración; La sirenita, el silencio frente a la violación; Cenicienta, la inmoralidad última del aborto, los pastelitos, saber hacer una buena mamada, el Lexomil, la vergüenza de no haberlo hecho todavía; Lo que el viento se llevó, decir no cuando quieres decir sí, quedarse en casa, tener manos pequeñas, los zapatitos de Audrey Hephurn, la codeína, el cuidado del cabello, la moda, decir sí cuando quieres decir no, la anorexia, el secreto de saber que quien te gusta realmente es tu amiga, el miedo a envejecer, la necesidad constante de estar a dieta, el imperativo de la belleza, la cleptomanía, la compasión, la cocina, la sensualidad desesperada de Marilyn Monroe, no hacer ruido al pasar, no hacer ruido al comer, no hacer ruido, el algodón inmaculado y cancerígeno del Tampax, la certitud de la maternidad como lazo natural, no saber gritar, no saber pegar, no saber matar, no saber mucho de casi nada o saber mucho pero no poder afirmarlo, saber esperar, la elegancia discreta de Lady Di, el Prozac, el miedo a ser una perra calentona, el Valium, la necesidad del string, saber contenerse, dejarse dar por el culo cuando hace falta, resignarse, la depilación justa del pubis, la depresión, la seda, las bolsitas de lavanda que huelen bien, la sonrisa, la momificación en vida del rostro liso de la juventud, el amor antes que el sexo, el cáncer de mama, ser una mantenida, que tu marido te deje por una más joven…

Algunos códigos semiótico-técnicos de la masculinidad pertenecientes a la ecología política fármaco-pornográfica:

 
Río Grande, el fútbol, Rocky, llevar los pantalones, saber dar una hostia cuando es necesario; Scarface, saber levantar la voz; Platoon, saber matar, los medios de comunicación, la úlcera de estómago, la precariedad de la paternidad como lazo natural, el buzo, el sudor, la guerra (aunque sea en versión televisiva); Bruce Willis, la Intifada, la velocidad, el terrorismo, el sexo por el sexo, que se le levante como a Rocco Siffredi, saber beber, ganar dinero, Omeoprazol, la ciudad, el bar, las putas, el boxeo, el garaje, la vergüenza de que no se te levante como a Rocco Siffredi, el Viagra, el cáncer de próstata, la nariz rota, la filosofía, la gastronomía, tener las manos sucias, Bruce Lee, pagar una pensión a tu ex mujer, la violencia doméstica, las películas de horror, el porno, el juego, las apuestas, los ministerios, el Gobierno, el Estado, la dirección de empresa, la charcutería, la pesca y la caza, las botas, la corbata, la barba de dos días, el alcohol, el infarto, la calvicie, la fórmula 1, el viaje a la Luna, la borrachera, colgarse, los relojes grandes, los callos en las manos, cerrar el ano, la camaradería, las carcajadas, la inteligencia, el saber enciclopédico, la obsesión sexual, el donjuanismo, la misoginia, ser un skin, los serial-killers, el heavy-metal, dejar a tu mujer por otra más joven, el miedo a que te den por el culo, no ver a tus hijos después del divorcio, las ganas que te den por el culo...

Antes pensaba que solo los que éramos como yo estábamos bien jodidos. Porque no somos ni seremos nunca ni mujercitas ni héroes de Río Grande. Ahora sé que en realidad todos estamos bien jodidos, no seremos nunca ni mujercitas ni héroes de Río Grande.




De las páginas 91-92 de Testo Yonqui.

domingo, 17 de febrero de 2013

Sí, he vuelto

Hace más de un año, en algo que parece otra vida después de la vida en Santiago que parece que haya vivido otra persona, en clase de francés, se hablaba de si era factible hacer amigos por internet. La mayor parte de mis compañeras de clase de francés eran au pairs más jóvenes que yo, casi todas germanófonas y me odiaban un poco porque de los dos machos de la clase, uno me hablaba por español y otro, que era suizo (alemán), se sentaba siempre conmigo y daba para unos hilarantes diálogos sobre l'amour y etc, temas preferidos de la profesora y el libro de texto. Odio eterno de las germanófonas que no entendían como yo, con mis pelos de loca, mi pésima fonética, mis tres mil kilos de más y mi encanto natural acaparábamos la atención del hombre con quien compartíamos (no es plural mayestático: incluyo los pelos, la fonética, los kilos, el encanto, etc) idioma y aquel (más alto, más joven, más rubio, con más pelo en la cabeza -difícil en un suizo que calvos no, pero tienen cuatro pelos- y menos pestañas) con quien lo compartían ellas. Que también me llevara bien con la canadiense les molestaba menos porque debían ser todas heterosexuales. 

El caso es que el día de la conversación de internet y los amigos, los chicos (y seguro que alguna germanófona -para mí eran intercambiables casi todas menos un par más simpáticas y otro par más odiosas y la suiza alemana-) no estaban y yo era, con mi pésima fonética y más que terrible gramática (que hacía que la profesora no me entendiera y las germanófonas aplicadas me odiaran porque cómo podía ser, hablando tan mal, que mi nivel de comprensión las cuatriplicara siendo generosa (para con ellas), la única que defendía la posibilidad de hacer amigos, de los de verdad, por internet y ellas las que decían que no, que internet estaba muy bien para comunicarse con los amigos con los que uno podría tomarse unas cañas pero en vez de eso, se queda en casa mirando la pantalla (esa lectura la hago yo, que soy mala) o con los que uno ha dejado lejos para irse de au pair a Suiza. Que también. Eso dicen. Yo lo hacía, a veces. Pero también he sacado, de aquí, gente con la que llevo hablando día a día, más de tres años. Y no quiero señalar a nadie que sea mexicano y con quien mantenga una bellísima historia de no-amor por no hablar de una aún más bella amistad y que me aguanta como me ha aguantado poca gente en la vida y a quien quiero como a poca gente de dentro y de fuera de la pantalla. 

Hay gente que lleva cinco años en mi vida virtual, entrando y saliendo según la presencia que tengamos ambos en las redes sociales en las que nos leemos, hay gente que ha salido de la pantalla, gente que me ha contado sus penas (y sus alegrías), gente a la que se las he contado yo y etc. 

Y luego está Juan Antonio, que además de proporcionarme una deliciosa comunicación epistolar todos estos años (con lagunas, pero todos estos años), ha escrito esto:

http://juanantoniobj.blogspot.com.es/2013/02/sepanlo-todos-meryone-ha-vuelto.html

Y a mí me ha encantado. 

Mis germanófonas de clase de francés no habrían hecho amigos por internet y dudo que sigan siendo amigas entre ellas pero, pues ellas se lo pierden.

Ni idea de qué fue del suizo alemán ni del frontalier que venían conmigo a clase: yo estaba demasiado ocupada haciendo amigos reales en la órbita de Ginebra y virtuales allá por México. 

Sean buenos. Sí, estoy en Ferrol. 

jueves, 22 de marzo de 2012

El otro día me estuve descargando poemarios y antologías poéticas (y unas cuantas cosas más) como si me fuera la vida en ello y me fueran a cerrar internet y nunca más fuera ni a reencontrarme con mis libros ni con bibliotecas y/o librerías con ejemplares en lenguas que entienda con más o menos esfuerzo. Entre ellos, una antología del insoportable de Villena del que saco lo siguiente:


LA DESPEDIDA DEL FANTASMA

Ya no vendré más a molestaros.
Ya no más en la noche los extraños ruidos,
las luces que se encienden a solas, inseguras.
Adiós al tintineo de la cerámica
y a la risa sorpresa de los cuadros.
Adiós a los cuidados y amorosos desvelos
con que cerrabais puertas y ventanas
y mirabais los muebles con lenta incertidumbre.
Ya no veréis mis huellas imprevistas
—leves huellas, de acuerdo— sobre el sillón,
a un lado la ginebra y el suplemento semanal.
Amé vuestras costumbres, que siempre interrumpía.
Gocé las desnudeces que a veces me obsequiabais,
cuando al salir del baño os quedabais atentos,
escuchando mi risa apenas perceptible.
Yo corregía poemas olvidados
y añadía precisión a los artículos
interrumpidos en la noche.
Deslicé alguna vez algunas fechas falsas,
algún dato espectral e inexacto:
ni siquiera cobraba mis disfraces.
Jamás tuve la idea de aparecerme
en sábana interior: casto y sencillo
vagaba en ese limbo que son las casas cultas:
drama en la biblioteca
al no encontrar el Libro de los Muertos
(me entretuve leyendo Pedro Páramo).
Para no despertaros, me puse auriculares
cuando quise escuchar la colección de Réquiems
(la versión del de Mozart, excesiva y romántica).
No tengo tiempo ya de ordenaros el álbum
de las fotografías: amigos y viajes.
Dejo ya de inquietaros:
conozco demasiado de vosotros,
y ahora que acaba junio debo vagar por playas
y otros sitios propicios a las apariciones.
Adiós, adiós, amantes
para los que fui invisible:
espero saludaros en cualquier otra vida.

Juan Lamillar


Y ahora no me digan que no aman a alguien que pone a un fantasma a leer Pedro Páramo. La postmodernidad a veces se apodera de mí y yo me dejo hacer, lo siento. La promiscuidad literaria es lo que tiene.

sábado, 17 de marzo de 2012

Declaración de pérdidas

DECLARACIÓN DE PÉRDIDAS


Perder el pelo, perder la calma,

¿me explico?, perder el tiempo,

librar una batalla perdida,

perder peso y esplendor, perdón, no importa,

perder puntos, déjame terminar de una vez,

perder la sangre, perder al padre y a la madre,

perder el corazón, hace tiempo perdido

en Heidelberg, y ahora otra vez,

sin parpadear, el encanto de la

novedad, olvídalo, perder los

derechos civiles, me doy cuenta,

perder la cabeza, por favor,

si no puede evitarse,

perder el Paraíso Perdido, y qué más,

el empleo, al Hijo Pródigo,

perder la cara, que le vaya bien,

dos Guerras Mundiales, una muela,

tres kilos de sobrepeso,

perder, perder, y volver a perder, hasta

las ilusiones perdidas hace tanto tiempo,

y qué, no desperdiciemos una palabra más

en la tarea perdida del amor, digo que no,

perder de vista la vista perdida,

la virginidad, qué lástima, las llaves,

qué lástima, perderse en la multitud,

perderse en las ideas, déjame terminar,

perder la mente, el último céntimo,

no importa, termino en un momento,

las causas perdidas, toda sensación de bochorno,

todo, golpe a golpe,

¡ay!, hasta el hilo del relato,

el carnet de conducir, las ganas.

Hans Magnus Enzensberger, El hundimiento del Titanic

domingo, 22 de enero de 2012

In memoriam

Hace quince años, tú debías tener algo menos de cuarenta y nosotras teníamos trece. También tuvimos catorce, quince, dieciséis, diecisiete y hasta hoy, que tenemos veintiocho. Hablaba con ella, hace un rato, cuando me daba la noticia que no me podía creer, de que podía hacer tranquilamente cinco años que no nos veíamos. Hoy tiene una criatura preciosa que es igualita a ella y que se parece un montón a ti, porque os parecíais mucho.

Nos pasamos cientos de tardes adolescentes en tu casa e íbamos a verte a la inmobiliaria para que nos dejaras hacer solitarios en el ordenador. Eras joven, guapa, estabas divorciada, tenías tres hijos y un montón de paciencia con nosotras. Recuerdo haberme sentido en tu casa siempre como si estuviera en la mía, estuvieras tú o no (y eso, cuando se es adolescente y la madre de tu amiga está en casa es muy difícil). No nos trababas exactamente como a iguales pero tampoco como a crías.

Fuiste, ahora que lo pienso, que hace hora y pico que no puedo parar de pensar en ti, mi modelo de mujer independiente.

Hicimos mil y no hicimos ninguna y nos las aguantaste todas. Me llamabas "mi neniña" y me preguntabas siempre como estaba mi madre, que estaba mal. Un día tu hermana tuvo un accidente y se murió y yo no sabía como reaccionar cuando te vi llorar. Yo, que fui una adolescente llorosa a la que habrás visto llorar (y consolado) mil veces.

Y nos hicimos mayores. Yo me fui a Santiago, Carmelita se quedó en Ferrol. Yo anduve de huelga en huelga y ella se metió en el ejército. Pasan los años, crecen las distancias y, bien, menos mal que existe internet.

Hace varios días que la encontré y hoy me hablaba y yo le preguntaba por esa niña de las fotos, que es ella en pequeñito, que es una preciosidad. Y le pregunté por ti. Porque me pasé media vida metida en tu casa, porque siempre te quise mucho, porque me consta que me querías mucho. Moriste en mayo. La vida es una puta mierda.

Que la tierra te sea leve, Carmela madre, donde quiera que estés.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Me niego a llamarle balance: jamás he sabido balancear nada. Bueno, a mí misma en un columpio, pero ya.

Fue el año de volver a no terminar Filología Portuguesa y empezar Antropología, el de marcharse a Suiza y de descubrir la morriña, el de la petite Louise, el de la petite Louise, el de la petite Louise. El del francés y el de descubrir que era verdad, que lo que te sentías era gallega. El del primer "y si" en siglos y el de un "pues no" bastante sobrellevable, el de socializar más en internet que en la vida real y el de pasarse semanas pasando el tiempo libre a remojo en el lago o leyendo bajo los árboles; el de leer menos que nunca porque leías en francés. El de llorar como si no hubiera mañana por la muerte de Sabato, el de "¡no, Liz Taylor no!", el de Amy, el de Cesárea.

El de los trenes y los trams y los físicos y las partículas, el de Babel. El de ir a Francia y a Italia, el de no distinguir en qué lengua que no es tuya pero entiendes están hablando los de al lado cuando vuelves de Ginebra por la noche, pero entenderlos.

LeClub, Dani, la incomparable Merce, las niñas de Mallorca, Lía. El 15M en Ginebra y las cañas en el bar de Manolo. Lavadoras, aspiradoras, camas, pañales sucios y una niña rubia que lo mismo no quiere que la bañes que viene a jugar contigo y se tira en tu cama a que le hagas cosquillas. El año del tic-tac biológico. De los otros relojes. De las navajas y el chocolate. De los quesos fortísimos. De la beurre salé en el desayuno. De la coliflor gratinada. De que la comunicación con Beto sí fuera constante y de las mil series, incluido el culebrón de los Hamptons. El año de mascotear y ouvear sin fin y de las pelis de terror de animadoras.

El año de sentirse extranjera y sentir que te gusta, el de sentirte de paso, siempre de paso pero sin exilio ni destierro (económico, un poquito), el de aprender a mandar a la mierda a personas que no te importan más que el común de los mortales y el de ser mandada allí mismo por personas que ni sabías que te importaban tanto.

El del lago gigante y las montañas, el de descubrir que es verdad que la nieve cruje y si haces un muñeco, dura varios días. "Au revoir, bateau" y "al agua, patos" y francesitas que no saben que uno es el barco y otros los canards.

También el año de cosas que no hubiera creído: McDonalds, Starbucks y botas por fuera de los pantalones.

El fin de la pelirrojez. Ir al pueblo de al lado a ver un Frankenstein delante del castillo de Madame de Stäel y limpiarse la navaja en la pierna porque no llevas pantalones. Más lago, más patos, más cisnes y ¡oh, sorpresa!, un fondo de piedras que maldices cuando te quejabas del fango.

El de un lector electrónico que duró exactamente desde el día de Reyes hasta atravesar el control de Lavacolla (y que motivó que sólo leyera en francés y, por tanto, que lo hiciera poquito), el ladrillo de los tronos, relecturas de Irving, Mouchette enterito en un parque de Lausanne, siestas bajo árboles.

Un emotivo reencuentro con el Atlántico en una isla preciosa y llena de faros de la costa de Bretaña (y cuatro kilómetros entre acantilados en los que creí más de una vez que iba a caer rodando y nunca encontrarían mi cadáver para llegar a un cabo donde estaba la casa de Sarah Bernardt) y otro con el chorizo una noche entre semana con Dani en una de las casas de Galicia de Ginebra.

No fue un mal año. Hubo cosas malas, como siempre, como en todos, pero fue un año más bien optimista.

2012 será lo que sea pero empieza con el fin del año de la petite Louise, sigue con los primeros exámenes de Antropología, pasa por un cambio de zona e idioma pero no de país y esperemos que termine con un título en Filología Portuguesa. El lago será más pequeño y juraría que las montañas están más a mano. Cambio Ginebra y Lausanne por Luzern y Zurich y los pañales por las barbies. Todo eso si no se acaba el mundo.

Y ya está, se terminó. Feliz año y circulen.


lunes, 28 de febrero de 2011

Rumbo a las montañas (bueno, a un sitio con muchas)

Damas, caballeros y demás simpática fauna y flora que pulula por aquí:

En unos días abandono probablemente para siempre la ciudad en la que (casi) pasé los últimos diez años y en tres semanas exactas, me voy a la aventura. No por el bosque como los caballeros medievales ni quiero para nada conquistar una doncella (al menos hasta donde yo conozco mi sexualidad), casarme con ella y conseguir un castillo sino a las orillas de un lago tamaño mar pequeñito.

Me voy de au pair a Suiza y sólo venía a contárselo y a dejarles el link del que será el sitio alternativo con aventuras y desventuras allí. Las primeras historias serán "no sé francés, los suizos son raros, los niños que acaban de aprender a andar corren mucho" pero espero contarlas con cierta gracia.

http://ensuizacomoheidi.blogspot.com/

El sitio no tiene todavía nada, ni siquiera foto detrás del título.

Por aquí, seguiremos. Aquí no caben (exactamente) crónicas suizas y allí lo que no caben son baterías de cuadros prerrafaelistas.

Sean buenos. Cuando acabe mi último (sin segunda parte próximamente en cines, por favor) examen, organizaré aquello mientras meto los últimos diez años de mi vida en cajas y vendré aquí a contarles la penita que me da irme de Santiago.

Eso. Se acabó. Más abajo está la última entrada de 2010. Ciau.

PS. Obsérvese la falta de entrenamiento que tengo usando el blog.

sábado, 2 de octubre de 2010

A partir de aquí iba a salir un post

(pero como sólo iba a entenderme yo y a los demás iba a daros miedo, está en el limbo de los borradores):

"Un huevo es un sueño y un gusano es un sueño que camina"

León Felipe


PS. ¿Veis? Dije que os iba a dar miedo. Y eso que no publico lo que tenía escrito.

PS2. Se agradece todo tipo de aportación sobre gusanos en la pintura. Yo estaba dándole vueltas a los gusanos en la literatura. Sí, partía de Poe (CLARO) y de este verso pero el resto daba pavor. Me estaba asustando yo...

PS3. Ok, no me asustaba pero vosotros sí. Creedme.

PS4. También iba a salir media historia familiar. Y terminaba con el cuento del sabio que no sabía si era un sabio que soñaba ser una mariposa o una mariposa que soñaba ser un sabio. Más poético que el narrador de Clarimonda pero prefiero las polillas. No, pero son nocturnas como los vampiros.

PS5. ¿He dicho ya que iba a ser un post tamaño novela decimonónica por entregas?

PS6. No, no he estado más sobria en toda mi vida. Ebria desvarío menos.

viernes, 25 de junio de 2010

Nínfulas

No sé si es (conscientemente) por Alicia (que no he visto porque sé que se han cargado otra vez su condición de nínfula) pero vuelven a llevarse las lolitas. No las nínfulas. Las nínfulas son otra cosa que ya definió muy bien Nabokov en texto que no me creo que no hubiera puesto pero que pongo ahora:


"Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o tres veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica ( o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.

¿Son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girl scouts, no siempre señalará a la nínfula.

Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo, para reconocer de inmediato, por signos inefables - el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas me prohiben enumerar- al pequeño demonio mortífero ignorante de su fantástico poder."



Lolita, o sea, Dolores Haze, es una nínfula; las nenitas que pretenden imitar a la(s) de la(s) películas, rotundamente no. La de Kubrick tampoco y creo que por eso prefiero la de Adrian Lyne, en ésta la chavalita (cuyo nombre he olvidado porque ya creció y no me interesa) es maravillosa como nínfula. También es nínfula la de El cabo del miedo (no recuerdo si también la de El cabo del terror porque estaba demasiado concentrada viendo a Robert Mitchum, que cada una tiene sus debilidades...) y mi absoluta preferida: Natalie Portman patinando en círculos en el hielo y diciendo a chico guapo que toca el piano (aquí estaba demasiado concentrada viendo a Natalie para saber quién es él) "¡oh, Romeo, pobre Romeo! nuestro amor es imposible: a ti te meterían en la cárcel y yo sería el hazmerreír de las exploradoras..." en Beautiful Girls. Natalie Portman fue LA NÍNFULA y luego... creció. Como todos los niños excepto uno.

Beatrice, Laura, Annabel Lee (y a esas tres las cita Nabokov como ejemplos) son putas nínfulas. La garota de Ipanema. Virginia Clemm (o sea, Annabel Lee). Alice Liddell (¡ay!). María Valverde (insuperable su "fue el verano pasado, yo era una niña" "¿y ahora?" "ahora me queda muchísimo mejor el bañador" o su respuesta a "a mí las bragas de las niñas no me importan nada" de Tosar, diciendo "mejor: yo no llevo" en La flaqueza del bolchevique -película que fui a ver sólo por la posibilidad cumplida de la nínfula-). Ellen Page da el pego en esta película que es una revisión de Caperucita y cuyo título he olvidado.

Como no creo en las casualidades, supongo que lo de que hayan vuelto las gafas en forma de corazón meses antes de estrenarse Alicia y de cumplirse cien años de la publicación de Muerte en Venecia y que se vean lolitas (más) por todas partes, no puede ser casual. También lo explicaba muy bien Houellebecq en La posibilidad de una isla, novela que no me gustó más que por eso:


" Claro, es un poco ridículo que una mujer de treinta años compre una revista que se llame Lolita; pero no más que el hecho de comprarse un top ceñido o unos mini shorts. Su apuesta era que el sentido del ridículo, que había sido tan fuerte entre las mujeres, y especialmente las francesas, iba a desaparecer poco a poco en provecho de la pura fascinación por una juventud sin límites.

Lo menos que se puede decir es que se ha ganado la apuesta. La edad media de nuestras lectoras es de veintiocho años, y aumenta un poco todos los meses. (…) Es normal que a la gente le dé miedo envejecer, sobre todo a las mujeres, siempre ha sido así, pero esto… supera todo lo imaginable, creo que todas se han vuelto completamente locas”.


Por cierto, la chica que se tira el protagonista de la novela tampoco es una nínfula. ¡Es mayor de edad, por dios! Dada la evolución de la narrativa del bueno de Michel, en la próxima toca (y yo espero ansiosa). Las lolitas son chicas, no niñas. A los Humbert Humberts de la vida (véase Polanski, véase Lewis Carrol, véase Poe...) les gustan las nínfulas, no las adolescentes con cara de chupapollas.

Las nínfulas sólo son superadas en mi escala de fascinaciones por los vampiros y sólo porque llegaron antes y no te los cruzas por la calle; a ellas sí. Claudia, la de Entrevista con el vampiro es otra pero la última vez que vi/leí ECEV estaba en edad de serlo yo (no lo fui, por desgracia y no por falta de vocación) y no de fijarme en otras... pocas cosas "no reales" me decepcionan tanto como cuando una nínfula (de las de dominio público) crece. Lo de Natalie todavía no lo he superado. Ni creo que lo haga jamás.

Las niñas de Balthus son indiscutibles nínfulas. Alguna de las que pinta Bouguereau descalzas. Pero, sobre todo, mi último gran descubrimiento (vía tumblr):


(William Sergeant Kendall – Psyche, 1909)

Y sí, ya tengo otro monográfico pendiente: Psyches.

Este post iba a ser más largo e iba a existir antes de descubrir el cuadro; luego iba a ser sólo el cuadro y se ha quedado en esto. No se preocupen, no terminaré en la cárcel. Lo mío es puro voyeurismo: me gusta ver como afilan sus garras como quien juega. Las admiro de lejos y me limito a ser Annabel Lee en mundos virtuales: la más inocente, la de Poe y la que, además, está muerta y vive en un reino junto al mar. Nada es nunca casual ¿o se creían que lo de Annabel Lee sí lo era?


viernes, 7 de mayo de 2010

Mamá

Lloverás en el tiempo de lluvia,
harás calor en el verano,
harás frío en el atardecer.
Volverás a morir otras mil veces.

Florecerás cuando todo florezca.
No eres nada, nadie, madre.

De nosotros quedará la misma huella,
la semilla del viento en el agua,
el esqueleto de las hojas en la tierra.
Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
en el corazón de los árboles la palabra amor.

No somos nada, nadie, madre.
Es inútil vivir
pero es más inútil morir.


Jaime Sabines




Mamá tenía los ojos verdes, mis rizos (o yo los suyos) y el pelo negro. De cuarenta para arriba en mis recuerdos y aire de niña buena en las fotos de cuando era jovencita. El pelo corto desde que hizo la comunión. Una foto disfrazada de ángel en el colegio en los 50 en casa de mi abuela. Un montón de collares que Jose siempre recuerda como "apabullantes" y que siempre pregunta por qué no uso. Barra de labios rojo coral. La piel mucho más oscura que la mía. Los ojos más grandes. La cara más ovalada. Los labios menos gruesos.

La primera vez que me dijeron que me parecía a mi madre, hacía menos de una semana que había cumplido veinte años y menos de veinticuatro horas que ella se había muerto. Ahora a veces nos veo cierto aire en las fotos. Ella era muchísimo más guapa.

Le debo el terror, a Víctor Jara, a Lorca, a Oscar Wilde (me contó tantas versiones distintas de "El fantasma de Canterville" que sospecho que tuvo algo que ver con todas las películas que hay), a Miguel Hernández y la falta total y absoluta de oído musical. Ella sabía dibujar, yo no. De pequeña me hacía mariquitas que parecían estrellas de cine de su época y, si las busco un poco, las encuentro. Las mías y las que fueron suyas. Intentó sin éxito hacer de mí una señorita y un día confesó que tenía miedo de que fuera lesbiana "por los problemas en los que me iba a meter".

Salió con mi padre toda la puta vida (desde los catorce años) y creía que tenía gripe cuando lo que pasaba era yo. Yo, 42 años, diez meses y medio de embarazo y Mallorca en verano.

Nunca jamás se emborrachó porque primero no bebía, luego mis hermanos eran pequeños, luego llegué yo y después le diagnosticaron un par de hepatitis y una cirrosis. Así, de buen rollo. Todas juntas. Antes del diagnóstico siempre decía que un día tenía ganas de emborracharse de verdad.

La llamaron para un transplante cinco minutos antes de morir.

¿He dicho que tenía los ojos verdes y bonitos? ¿Que cuando era pequeña se creían que era mi abuela? ¿Que tenía las mismas confusiones con las palabras que yo? ¿Que las películas que más le gustaban eran las de terror? ¿Que me enseñó a leer antes de que tocara en el colegio? ¿Que la echo infinitamente de menos?

Me he acostumbrado a llegar a casa y que no esté pero no a que no me coja el teléfono.

A que poco a poco haya ido desapareciendo mucho de lo que identificaba con ella pero haya ido aumentando el número de fotos.

A decir con naturalidad "voy a casa de mi padre". A que en donde la agenda del móvil ponía "mamá" ahora ponga "papá2" (y eso fue lo primero que hice cuando se murió).

A no contestar "mi madre murió" cuando alguien dice "tus padres".

A ir a la playa donde ya no pueden quedar cenizas sin pensar "hola, mamá".

A que nada de lo que intento cocinar (y lo de intentarlo es lo más parecido que hago) sepa remotamente a lo que cocinaba ella.

Ah, ella también odiaba el azúcar en el café y el tomate en la pasta.

Y al primero que diga "sigue viva mientras te acuerdes de ella", le muerdo un ojo. Eso o cualquier cosa por el estilo. Es mi blog y si quiero ponerme emo y premenstrual, me pongo.


viernes, 23 de abril de 2010

Dragones!

Me mola la Literatura, no la Historia. Es más, la Historia me gusta lo justito. Muy muy justito. Me gustaría saber más pero que el conocimiento surgiera él solito en mi cerebro. Me gusta, digamos, más que la Química pero es que la Química sólo la considero un poquito más que el fútbol. Estudié Química en segundo de BUP y ahí debí aprender más o menos lo mismo que en Latín (y entre segundo y tercero hice todo menos aprender latín -entre segundo y tercero y el resto de la vida: sé tanto latín como alemán, más o menos-). Había una tabla con colores, nombres de elementos, nombres abreviados y números que nunca jamás llegué a saber para qué servían.

Me gustaban, en cambio las Matemáticas. Quise estudiar Matemáticas hasta que alguien me contó que en la facultad de Filología lo que más se hacía era leer y dije "esta es la mía". Luego llegó la primera asignatura de Literatura (odiaba a muerte las asignaturas de lengua, casi tanto como la de Ciencias Sociales) y desplazó Matemáticas como la que más me gustaba. Un par de años después me gustaban casi más Historia del Arte o Filosofía y la decisión de qué estudiar estaba entre las tres. O sea, entre Historia del Arte, Filosofía y cualquier Filología. Quise hacer Eslavas pero se me dejó clarito que escogiera entre las nueve que había aquí y que me dejara de tocar las narices queriendo estudiar cosas raras y sin salidas. Al final me matriculé en Hispánicas por amor al XVII, a Miguel Hernández, a Lorca y al boom, me cambié a Románicas, me enamoré de la Edad Media y maldito si recuerdo algo de las matemáticas que no sea sumar, restar, multiplicar, dividir y hacer reglas de 3. Y la fórmula de la ecuación de segundo grado pero eso es porque el cerebro tiene recovecos simpáticos donde se queda información que jamás volverás a usar pero que está ahí.

Pero el caso es que la literatura es ficción y lo que menos importa es la exactitud histórica o que las cosas "hayan pasado de verdad". No hay nada peor que un libro o una película malos "basados en hechos reales" o que alguien sonría cuando aludes a un sitio como el lugar donde transcurre tal novela. Claro, si dices "de ahí es tal escritor", sí pero que tire la primera piedra quien sepa pensar en Casablanca sin Bogart e Ingrid Bergman. En el Che sin canturrear la canción de Carlos Puebla. En Vlad Tepes sin recordar que inspiró a Drácula. En un castillo de noche sin una chica de blanco con el pelo suelto.

O será que soy yo así de freak. Cada vez que voy a decir romántica en el sentido literal de la palabra me viene a la cabeza todo lo que se identifica hoy con romántico y tengo otro ejemplo más.

La cuestión es que hoy es para mí ante todo y sobre todo el Día del Libro pero también el día del señor que mató a un dragón para salvar una princesa. Me gusta más la versión donde es un pobre chico a quien el caballero cobarde de turno pretende robar el mérito (y a la chica) y que falla porque, antes de que el malo (el cobarde no puede sólo ser cobarde, también tiene que fingirse valiente y caernos mal por ello) corte las cabezas, el bueno ha guardado las lenguas pero no le hago ascos a esta, aunque todo el mundo aplauda al recién llegado sin lamentar o cuestionarse que haya llegado justo justo para salvar a la hija del rey. Lo bonito de los cuentos: la princesa es guapa y se salva, el malo muere y todos se alegran. Y a todos les gustan las perdices. Yo quiero ser feliz y tomar té y helado.

Pero (que me disperso cada vez más) iba a que siempre hay algún listo que te cuenta que nunca existió, que es un santo fantasma. Claro porque yo creo firmemente en la existencia del hijo del carpintero, en la paloma y en que la virgen era virgen cuando los parió a todos. A todos no, al hijo del carpintero que en realidad lo era de una paloma. O que realmente no nació el 25 de diciembre. Claro, porque realmente nació. Y andaban a la vez la paloma y un ángel diciendo "neniña, tú no te asustes que es el hijo de tu dios" y nadie flipó. Porque todos sabemos que ver a un nacho con alas en la espalda no asusta. Y casualmente sólo lo veía ella. Sí...

También creo firmemente en los vampiros, en Arturo, en que si Franco hubiera perdido la guerra, los míos hubieran cambiado la república en el Paraíso de la Anarquía y en las cremas hidratantes con añadidos cada vez más raros. Bueno, las cremas hidratantes con añadidos freaks las considero incluso menos que el fútbol.

Porque todos sabemos que el santo nunca existió pero el dragón sí. ¿O no?



(Si yo fuera la doncella, me lo quedaba de mascota
para que jugara con Folerpa. ¡Tan pequeñito y tan rojo!)


PS: Se admiten sugerencias de libros para comprar. Si alguien se quiere emocionar, también se admiten libros. Hasta rosas.

PS 2: Con la relectura pre-publicación, ha quedado más vehemente que anoche. No dormir me convierte en esto.

miércoles, 24 de marzo de 2010

PJ Harvey y una colchoneta en medio del bosque...

Estos días escucho a la señorita PJ Harvey como si no conociera a nadie más que cante o como si ninguno de los otros que conozco terminara de gustarme. Que soy compulsiva lo sabemos y que me gusta ella también.

Además, en el video de Black hearted love pega saltos en una colchoneta en medio del bosque. Y... bueno, es Piyei y una colchoneta y un bosque y... aaaaaaaaaaaaaaaay.








I think I saw you in the shadows
I move in closer beneath your windows
Who would suspect me of this rapture?

And who but my black hearted love
And who but my black hearted love

When you call out my name in rapture
I volunteer my soul for murder
I wish this moment here forever

And you are my black hearted love
And you are my black hearted love
In the rain, in the evening
I will come again

I'd like to take you;
I'd like to take you to a place I know
My black hearted
I'd like to take you;
I'd like to take you to a place I know
My black hearted
I'd like to take you;
I'd like to take you to a place I know
My black hearted
I'd like to take you;
I'd like to take you to a place I know
My black hearted

sábado, 13 de marzo de 2010

Tengo activado el shuffle cerebral

La exageración melodramática (cuando tiende al melo y no al dramática) hace tomar distancia y perspectiva. El problema es que no siempre es fácil distinguir entre melo y dramática y así nos va a los esclavos de la vehemencia.

Una ley de Murphy que Murphy olvidó enunciar es que, cuanto menos te guste la música que suena en un blog al abrirlo (y cuanto más se solape con la que tengas puesta tú en el ordenador), más abajo estará el reproductor.

No me gusta en absoluto cuando callas y estás como distante. Es más, me toca inmensamente los cojones.

viernes, 12 de marzo de 2010

No ignoro que el recurso de beber para huir es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de ti mismo? Una copa acartona el recuerdo, pero , al propio tiempo, convierte la onerosa gravedad de tu cuerpo en una suerte de porosidad flotante. Algo parecido a la fiebre. Pasado el trance, sobreviene el decaimiento, pero hay un medio para evitarlo: mantener en sangre una dosis de alcohol que te imbuya la impresión de que participas en la vida, de que la vida no pasa sobre el hoyo en que te pudres sin advertir que existes. Esta forma de energía suele identificarse con la alegría, aunque, por supuesto, no es alegría. A lo sumo, una energía inferior, improductiva; en caso contrario, yo trabajaría. Pero mi ingenio, si alguna vez existió, se ha agotado; ya lo estás viendo: no soy capaz de embadurnar un lienzo, ni siquiera de sostener un pincel en la mano.

El principio de Señora de rojo sobre fondo gris

¿Quién se viene este fin de semana a beber para olvidar la muerte de Delibes?

Enero Rohmer, febrero Salinger, marzo Delibes. 2010, empiezas a caerme auténticamente mal.

domingo, 28 de febrero de 2010

La herida

Imagínate que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor en seguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes. Si eliges el primer camino, si saltas, gritas, ríes, corres o luchas todo terminará pronto: la herida, al hacerse más grande de lo que puedes soportar, te convertirá en algo que sólo necesitará ser sepultado y que exasperado por la imposibilidad de hacerlo como querías, preferiste terminar, y esto no significará, de ningún modo, heroísmo; significará que tenías una herida, que ella pudo más que tú y que le cediste el sitio. Si eliges el segundo camino, continuarás existiendo, nadie sabe por cuánto tiempo: renunciarás a los movimientos marciales y a las alegrías exageradas y vivirás, como un sirviente, alrededor de tu herida, cuidando que no sangre, que no se abra, que no se descomponga, y esto, amigo mío, significará que tienes un enorme deseo de vivir y que, impedido de hacerlo como deseas, aceptas hacerlo como puedas, sin que ello deba llamarse, óyelo bien, cobardía así como si elegiste el primer camino nada podrá hacer suponer que fuiste un héroe: resistir es tan cobarde o tan heroico como renunciar. Por lo demás, las heridas no son eternas, y mejoran o acaban con uno, y puede suceder que después de vivir años con una, sientas de pronto que ha cicatrizado y que puedes hacer lo que todo hombre sano hace, como puede ocurrir, también, que concluya contigo, ya que una herida es una herida y puede matar de dos maneras: por ella misma o abriendo en tu cerebro otra, que atacará, sin que te enteres, tu resistencia para vivir; tú tienes una herida, supongamos, en un pulmón, en el duodeno en el recto o en el corazón, y quieres vivir y resistes, no te doblegas, aprietas los dientes, lloras, pero no cedes y sigues, aunque sea de rodillas, aun arrastrándote, llenando el mundo de lamentaciones y blasfemias; pero un día sientes que ya no puedes resistir; que tus nervios se sueltan, que tus rodillas y tus piernas no te soportan y se doblegan: caes entonces, te entregas y la herida te absorbe. Es el fin: una herida se ha juntado a la otra y tú, que apenas podías aguantar una, no puedas con las dos.

Manuel Rojas

Cortesía, en su momento, de Vincent Malloy.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Bagaje

Llamadme Ismael. O Meryone. O oh capitán, mi capitán.

Coso sombras a cambio de dedales pero exijo que quienes vengan a jugar conmigo no tengan corazón. Prefiero la voz a caminar y siempre seré Tigrilla.

También prefiero ser la otra y la convertida en vampiro a la que hay que proteger y salvar. Me hubiera quedado con el aventurero o el psiquiatra antes que con el aristócrata, eso sí. Frivolidad, la justa. Además, yo quería ser Jonathan Harker y andar por los Cárpatos en plena noche de Walpurgis con un vampiro.

Poe me enseñó que no hay tema más poético que una mujer muerta y Bradbury que las ahogadas son las más hermosas de todas. Reconozco no haber leído Hamlet pero esto está poblado de Ophelias. Mi foto de perfil (aquí y ahora, estoy a tiempo de cambiarla) es Miranda contemplando el naufragio. En otras partes soy un cuadro de Schiele, una sirenita de Waterhouse, una chica que grita en uno de Munch...

Siempre tendré dudas como dónde van los cisnes de Central Park cuando llega el invierno y siempre habrá algún motivo estúpido para no suicidarse. Pese a ello, hoy es un día perfecto para el pez plátano.

Los ciegos son inquietantes y están emparentados con reptiles y murciélagos. Alejandra tenía que morir. Martín tenía que no entender nada. Bruno tenía que entenderlo todo pero estar fuera.

América era hija de un matrimonio de inmigrantes italianos.

Me identifico con más personajes masculinos que femeninos tanto en la literatura como en el cine.

Amo profundamente a Marlene Dietrich.

No sé si prefiero a Rose Ryan o a Yuri Zhivago: ella tiene una sombrilla y a Robert Mitchum; él a Geraldine Chaplin y a Julie Christie. Al inglés cojo no lo contamos.

Prefiero a Waterhouse a Rosetti. A Munch a todos los demás; a Schiele a Klimt. Sabato a Borges (y puede que a Cortázar), Moby Dick al Quijote, los romans artúricos a la literatura grecolatina y el terror a absolutamente todo.

El día que releí Los tres mosqueteros y descubrí que mi favorito ya no era Aramis sino Athos, sentí que me había hecho mayor.

Numero los exámenes con el mismo aire que Edmond Dantès va numerando enemigos muertos.

Últimamente me tortura preguntarme si dejaré de parecerme (según Jose al menos) a Janis Joplin al cumplir los 27. ¿Y los 28?

Prefiero la película a la novela muchas veces, empezando por La naranja mecánica. En cambio prefiero palabras a imágenes. Prefiero la literatura, el cine y la pintura (en este orden) a la música.

Como a Bryce, lo único que se me da verdaderamente bien es extrañar. También tengo insomnio y me tiembla el pulso. Todavía no grito Octavia de Cádiz, pero todo se andará.

Bryce es mi penúltimo favorito, el último es Phillip Roth.

No le perdono a 2010 empezar matando a Rohmer y a Salinger. A 2009 no le perdono nada.

Soy vehemente, melodramática y tengo un blog. He aquí el resultado.

sábado, 13 de febrero de 2010

Otro de esos posts que deberían titularse de re varia

Tengo exámenes (sigo teniendo -desde que aprobé la última allá por 2008- cuatro asignaturas para terminar Filología Portuguesa) y voy del Piñeiro a la biblioteca de la facultad, de la biblioteca de la facultad al Piñeiro. Paso por casa para dormir y para perder el tiempo un rato, claro. Y para ducharme antes de ir al Piñeiro.

Ando terriblemente cansada y debo tener la anemia mucho peor que habitualmente. También, pese a que ando premenstrual y tomando mucha coca-cola y comiendo gofres (esta semana fueron dos y normalmente me como uno cada muchos meses/años -sólo me gustan con chocolate y helado y eso es de las cosas que un organismo normal sólo quiere cuando está de exámenes y premenstrual todo al mismo tiempo, que es el caso-), hace como un mes que me olvido inquietantemente de hacer comidas. Sólo si estoy en casa y no siempre. Suele ser, por tanto, la cena, pero no es la primera vez que es fin de semana y es la comida la que se me olvida. Obviamente (véase el ejemplo de los gofres) no es consciente pero no me gusta nada. Sobre todo porque luego son las seis y yo me pregunto por qué tengo tanta hambre si es tan temprano y, claro... es porque no he comido (algo de lo que me doy cuenta allá por las siete).

También ando más sensible de lo habitual (de lo habitual de estar premenstrual) para lo bueno y para lo malo. Por un lado lloro por todas las esquinas y estoy vehemente y melodramática y de un pesado que me dan ganas de darme las hostias yo en lugar de esperar a que los demás se cansen de aguantarme y decidan dármelas y, por otro, soy como una fuente inagotable de oooohs y aaawwws ante la noticia de que Javi y Mónica andan embarazados. Y cuando digo inagotable, quiero decir inagotable. Que parezco tonta o algo. No sé en qué momento lo de "fulanita está embarazada" ha pasado de ser respondido con un "joder qué putada" a con un "joder, qué guay", pero creo que me gusta el cambio. Y eso que me hacen mayor, los cabrones. Lo de tener sobrinos lo tenía asimilado, pero no lo de hijos de amigos. 2010 es bonito, aunque sólo sea por eso.

Para otras cosas, bueno... quiero creer que lo de andar llorando por las esquinas y afectadísima por cierto tema se debe a lo mal que se están portando mis hormonas este mes (mucho azúcar y pocas vitaminas, ya decía yo que eso no podía ser bueno) y no a que cierto tema realmente me importe porque, si me importa, voy apañada... En unos días se verá.

Además, hoy amanecí con la noticia de que se había muerto Georginho (George Harrison era el hamster), somos uno menos en casa. Vale que después de las plantas era el que menos circulaba por ella (las plantas, como están por todas partes, es como si circularan y la jaula de George lo mismo estaba en el estudio que en el salón) pero da penita. Era gris y tenía los ojos negros y grandes. De mayor quiero ser así. Vale, gris no. Pero siempre quise una rueda de las que tienen los hamsters y los ojos negros y grandes y bonitos.

Y estamos en carnaval pero yo no sólo tengo un examen el jueves sino que trabajo lunes y martes (que pensaba dedicar íntegros a estudiar mucho porque el examen es más que difícil aunque esté en pleno post-desahogo-general en lugar de con los apuntes -que están aquí a mi lado, claro; los apuntes no se separan de mí-), pero yo tengo un montón de sangre de mentira y cosas varias para pintarme más sangrienta aún. No me gusta nada disfrazarme, pero siempre me moló mucho lo de pintarme la cara no en modo maquillaje de niña mona (para eso no tengo paciencia) sino maquillaje de monstruo/zombie/vampiro/todas esas cosas que sí me hacen feliz. Bloody Meryone (versión deformada de Bloody Mary, no María Tudor sino la de la leyenda urbana de colegios mayores gringos*) sale a tomar la calle (bueno, eso es el plan, al final sólo tomaremos la casa de Iago, que es el verdugo de Yurema que será Ana Bolena semi-decapitada -hay gente a la que sí le gusta disfrazarse-; también tenemos a Elisa de china y al señor Coh de vampiro -como todo el año pero con colmillos- y a dos amigos suyos que a saber qué son) y a intentar tener mañana sólo la resaca justa para poder lamentarse pero también estudiar. La señorita disfrazada de Ana Bolena ha prometido muffins de colores para el previo y dado que la Xunta ha decidido no pagarme todavía el mes de enero, el ritmo de manhattans no puede ser el habitual (si es que llegamos al Hula, que la intención siempre es salir y siempre decidimos que el mundo exterior queda muuuuuuuy lejos).

Me voy a hacer la comida antes de que se me olvide. Sean buenos. No lloren por las esquinas y quédense embarazados para que yo pueda decir oh y aw. Por favor.



*No sé tampoco en qué momento ha sucedido pero sí, ya uso gringo con la misma naturalidad que órales.

viernes, 29 de enero de 2010

No estaba muerta

Yo no, pero Rohmer y Salinger ahora sí. Yo estaba bañándome en alcohol, en libros, en mundo exterior, en no redactar 3900 caracteres (espacios incluídos) de un proyecto docente a entregar mañana para irme a Brasil de lectora de español (si me lo conceden) y viendo como mis decisiones para siempre se agrietan inevitablemente (pero las cosas con grietas pueden durar mucho tiempo: una vida humana incluso).

También lloré a Rohmer (es un decir porque al final ni una película revisioné) y hoy lloro a Salinger. Los dos veían el mundo como yo siempre quise reflejarlo. Siempre quise que me dirigiera Rohmer en lugar de la Coixet. Mierda.

Tomo manhattans (sin cereza) bajo una bombilla que hace siglos que no es roja, tengo una coctelera que aún no he estrenado (viva, viva mi hermano) y la edición de Moby Dick que venía soñando un par de años. También tengo otras cosas (nuevas, quiero decir) y ahora mismo un montón de sueño. Y una programación docente que hacer antes de dormir. ¡Maldita costumbre de procrastinar! ¿Para qué quieren una programación docente? "Hola, me llamo María, el español es mi lengua materna y la tuya no". También tengo que justificar por qué Bahia. "Porque Rio me da miedo".

También tuve una gripe, una boda (con su correspondiente despedida de soltera) y mantengo una tos cojonuda. Exámenes la semana que viene y pocas ganas de estudiar.

Y no, no olvidaba que tenía un blog.







sábado, 26 de diciembre de 2009

Placidez



O sentimiento positivo: todavía no ha terminado la Navidad, ando por Ferrol y hoy estuve en un entierro. Para compensar, no tengo que madrugar hasta enero y 2010 se acerca tan rápido como languidece el puto 2009. Sí, estoy positiva. A ver cuánto dura.

El cuadro, de Joseph-Désiré Court. Lo saqué del tumblr.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Odio

Odio la Navidad de una forma tan asquerosamente tópica que se convierte en un motivo más para odiarla. Sólo tiene de bueno las versiones de la Canción de Navidad de Dickens, que pasan Gremlins por la tele y que por lo menos alguien me regala un libro. Bueno, y que el día que alguien me regala un libro, se acaba. Eso es lo mejor de todo. Con un poco de suerte es el día que pasan Gremlins.

Y eso que este año me estoy volviendo adicta a la canela (al té ya lo era) porque me compré el surtido de tés de Navidad de la Tea Shop. Viene en latitas y tiene de (casi) todos los colores, aunque los muy racistas se hayan dejado el oolong y hayan metido roiboos.

Además, tengo sueño. Toda la semana. Mañana adelanto que también.

A lo tonto a lo tonto, esto se está convirtiendo en un blog de verdad. De esos en los que la gente cuenta cosas. Y no sé si eso me gusta.