jueves, 23 de octubre de 2008

Y diles que, por mi amor, maten al gato...

No es (creo) casualidad que Guilhem de Peitieu, el primer trovador (y abuelo de Leonor de Aquitania, la mujer que cambió al rey de Francia por el de Inglaterra con tanto glamour como mala fe) haya nacido el mismo día que el amigo Brassens. Esto es, hoy. Hoy no, pero un 22 de octubre. De 1071 y 1921, para ser exactos. Ahora mismo no puedo buscar una canción de Brassens, pero sí poner la primera cansó occitana que leí en mi vida, el año que me cambié de Hispánicas a Románicas (lo mejor que haya hecho nunca con mi vida, creo).

Porque hubo un tiempo en que los trovadores no parecían ir a llevar mallas en todas las películas ambientadas en la Edad Media y en que escribían en vulgar por oponerse a la Iglesia. Y el primero en hacerlo fue Guillermo IX de Aquitania (o Guilhem de Peitieu, que son el mismo). Y cuando tu conocimiento de los trovadores no pasa de Martin Codax y sus ondas do mar de Vigo (y unos cuantos más, tampoco hay que exagerar) y lo único que sabes del occitano es que es una lengua minoritaria del sur de Francia, descubrir esto (y todo lo demás que descubrí yo, todo a la vez, en aquel primer año de Románicas) es, cuando menos, divertido.

Y provoca adicción. Si luego llegan la épica y la narrativa artúrica, más. Y hasta hoy.

Lástima que por culpa del buen hombre se haya inventado el amor!


Farai un vers, pos mi sonelh,
E-m vauc e m'estauc al solelh.
Donnas i a de mal conselh,
Et sai dir cals:
Cellas c'amor de cavalier tornon a mals.
Donna no fai pechat mortal
Que ama cavalier leal;
Mas s'ama monge o clergal
Non es raizo:
Per dreg la deuri'hom cremar ab un tezo.
En Alvernhe, part Lemozi,
M'en anei totz sols a tapi:
Trobei la moller d'En Guari
E d'En Bernart;
Saluderon mi sinplamentz per san Launart.
La una-m diz en son latin:
"O, Deus vos salv, don pelerin;
Mout mi semblatz de belh aizin,
Mon escient;
Mas trop vezem anar pel mond de folla gent."
Ar auzires qu'ai respondutz;
Anc no li diz ni ba ni butz,
Ni fer ni fust no ai mentagutz,
Mas sol aitan:
"Babariol, babariol, babarian."
So diz n'Agnes a n'Ermessen:
"Trobat avem que anam queren:
Sor, per amor Deu l'alberguem,
Que ben es mutz,
E ja per lui nostre conselh non er saubutz."
La una-m pres sotz son mantel
Et mes m'en la cambra, el fornel:
Sapchatz qu'a mi fo bon e bel,
E-l foc fo bos,
Et eu calfei me volentiers als gros carbos.
A manjar mi deron capos,
E sapchatz agui mais de dos,
Et no-i ac cog ni cogastros,
Mas sol nos tres;
E-l pans fo blancs e-l vins fo bos e-l pebr'espes.
"Sor, si aquest hom es ginhos
Ni laicha a parlar per nos,
Nos aportem nostre gat ros
De mantement,
Qe-l fara parlar az estros, si de re-nz ment."
N'Agnes anet per l'enoios:
Et fo granz, et ag loncz guinhos:
Et eu, can lo vi entre nos,
Aig n'espavent,
Qu'a pauc no-n perdei la valor e l'ardiment.
Quant aguem begut e manjat,
Eu mi despoillei per lor grat;
Detras m'aporteron lo gat
Mal e felon:
La una-l tira del costat tro al tallon.
Per la coa de mantenen
Tira-l gat, et el escoisen:
Plajas mi feron mais de cen
Aquella vetz
Mas eu no-m mogra ges enquers qi m'ausizetz.
Pos diz N'Agnes a N'Ermessen:
"Mutz es, que ben es conoissen.
Sor, del banh nos apareillem
E del sojorn."
.xli. jorn estei az aquel torn.
Tant las fotei com auziretz:
Cen e quatre vint et ueit vetz,
Q'a pauc no-i rompei mos corretz
E mos arnes;
E no-us pues dir los malaveg tan gran m'en pres.
Monet, tu m'iras al mati,
Mo vers porteras el borsi
Dreg a la molher d'en Guari
E d'en Bernat,
E diguas lor que per m'amor aucizo-l cat



Haré un verso, pues me adormezco, me paseo y me echo al sol. Hay damas de mala intención, y sé decir cuáles: aquellas que llevan a mal el amor de caballeros.
No comete pecado mortal la dama que ama a leal caballero; pero yerra si ama a monje o a clérigo. La tal, con justicia debería ser quemada con un tizón.

En Alvernia, más allá del Lemosín, me fui solo, con esclavina: me encontré con la mujer de Garí y con la de Bernart. Me saludaron llanamente por San Leonardo.

La una me dijo en su latín: «Dios os guarde, señor peregrino; me parecéis de muy buena condición, por lo que veo; pero demasiado vemos andar por el mundo gente necia.»

Ahora oiréis lo que contesté; no le dije ni fa ni fu, ni menté hierro ni madera, sino tan sólo: «Babariol, babariol, babarián.»

«Hermana -dijo Agnés a Ermessén-, hemos hallado lo que vamos buscando.»
«Hermana, por el amor de Dios, alberguémoslo, que es completamente mudo, y nuestro propósito nunca será divulgado por él.»

La una me tomó bajo su manto y me llevó a su cámara, junto al hogar. Sabed que ello me fue agradable y bonito, y el fuego era bueno; y me calenté gustosamente junto a los gruesos leños.

Para comer me dieron capones, y sabed que hubo más de dos. No había cocinero ni pinche, sino nosotros tres solos. El pan fue blanco; el vino fue bueno, y la pimienta, abundante.

«Hermana, por si este hombre es un marrullero y deja de hablar por nosotras, traigamos en seguida nuestro gato rubio, que lo hará hablar al momento, si en algo nos engaña.»

Agnés fue en busca del odioso, que era grande y con largos bigotes. Y yo, cuando lo fui solo, con esclavina: me encontré con la vi entre nosotros, tuve miedo, y por poco pierdo el vigor y el denuedo.

Cuando hubimos bebido y comido, me desnudé a su voluntad. Me colocaron detrás el gato malvado y pérfido; una de ellas me lo arrastró desde el costillaje hasta los talones.

Súbitamente estira la cola al gato, y él -araña. Aquella vez me hicieron más de cien heridas; pero yo no me hubiera movido aunque alguien me hubiese matado.

«Hermana -dijo Agnés a Ermessén-, se ve perfectamente que es mudo.» «Hermana, preparémonos para el baño y para el goce.» Estuve ocho días, y aún mas, en aquel ambiente.

Las follé tanto como vais a oír: ciento ochenta y ocho veces, que por poco rompo mi correaje y mi arnés; y no os puedo decir la gran enfermedad que cogí.

Monet, por la mañana y de mi parte, llevando mi verso en el zurrón, irás directamente a la mujer de Garí y a la de Bernart, y diles que, por mi amor, maten el gato.

Guilhem de Peitieu

Será que morrer é o último prazer terreno?

Por outro lado, estou hoje um pouco cansada e é sobre o prazer do cansaço dolorido que vou falar. Todo prazer intenso toca no limiar da dor. Isso é bom. O sono, quando vem, é como um leve desmaio, um desmaio de amor. Morrer deve ser assim: por algum motivo estar-se tão cansado que só o sono da morte compensa. Morrer às vezes parece um egoísmo. Mas quem morre às vezes precisa muito. Será que morrer é o último prazer terreno?

Clarice Lispector


Acabo de colher no blog da Elaine este texto. Adoro Clarice Lispector desde o dia, estava em segundo de carreira e começava a estudar de forma oficial português, no que a leitura para a parte do Márcio, o leitor brasileiro, foi A hora da estrela. Logo chegaram outros, como sempre. GH comendo a barata como catarse (uma catarse à que nem eu chegaria) um dia de sol no quarto que ela esperaria ter que arrumar, mas que estava terrivelmente limpo e iluminado. Perto do coraçao selvagem que é algo assim como uma ucrónica ficcionalizaçao da minha vida. E contos. Dos contos, eu já postara "Amor", do que podemos dizer que a catarse é totalmente minha. Minha e da Anna Karenina vendo o homen a golpear na via do comboio no filme (nao lembro agora se no romance). O tipo de catarse que eu vivo no dia a dia e que, nesta altura, está a me desgarrar tanto.

Outros desgarros, os que vêm objectivamente de fora, eu posso combatir. Mas as catarses que vêm de dentro, as que estão motivadas por pequenas coisas, autocarros que mudam de número comigo dentro, canções, poemas, livros, filmes... que falam de mim num trecho (num trecho ao que nunca prestara importância), essas são as que eu não posso superar. As que fazem para que eu comparta (por mais do cansaço) a ideia geral do texto.

O mundo cae em pedaços ao meu redor e eu tenho que sorrir e dizer que não passa nada. Porque, em realidade, não passa. É tudo dentro da minha cabeça.

Mas eu reconheço que sim, que eu exprimo o cansaço como outros exprimem drogas.

Ultimamente o cansaço de viver está mais presente que antes. Mas eu sobrevivo. Com mais dificuldade que nunca, mas sobrevivo. Como quando eu nao posso mais de cansaço físico mas tardo horas em marchar para a cama. Exactamente igual.

E isso é muito mau para a minha saude.

Mas a minha saude, também, é que está na minha cabeça.


Empiezo a dudar que sea cierta la inmensa tragedia de la literatura



LA POESÍA DESTRUYE AL HOMBRE...

La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruído por la poesía.


MUTIS

Era más romántico quizá cuando
arañaba la piedra
y decía por ejemplo, cantando
desde la sombra a las sombras,
asombrado de mi propio silencio,
por ejemplo: "hay
que arar el invierno
y hay surcos, y hombres en la nieve"
Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura.


Leopoldo María Panero

martes, 21 de octubre de 2008

Io vidi li occhi dove Amor si mise / Quando mi fece di sé pauroso

.


Io vidi li occhi dove Amor si mise
quando mi fece di sé pauroso,
che mi guardar com'io fosse noioso:
allora dico che 'l cor di divise;

e se non fosse che la donna rise,
i' parlerei di tal guisa doglioso,
ch'Amor medesmo ne farei cruccioso,
che fe' lo immaginar che mi conquise.

Dal ciel si mosse un spirito, in quel punto
che quella donna mi degnò guardare,
e vennesi a posar nel mio pensero:

elli mi conta s' d'Amor lo vero,
che[d] ogni sua virtù veder mi pare
s' com'io fosse nello suo cor giunto.


Guido Cavalcanti


La última comunicación de hoy terminó con los dos primeros versos.

Odio mis hormonas casi tanto como mis circunstancias vitales. Y empiezo a estar harta de todo. Más que de costumbre.

Vida, vete a joder a otra!

La imagen, la Beata Beatrix de Rosetti. No tengo imaginación y estoy agotada.


lunes, 20 de octubre de 2008

En verdad esta es la vida misma!

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El Retrato Oval

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Produjerónme profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada y que trataba de su crítica y su análisis.
Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro. Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera.
Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? no me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanacieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplasión más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.
No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo, que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magnífícamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:
Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mala hora amó al pintor y, se desposó con él.
El tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, todo luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oir al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pasientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso.
El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día.
Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él.
Ella no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día. tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a.enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. y entonces el pintor dió los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado; pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritando con voz terrible:
“—¡En verdad esta es la vida misma!— Volvióse bruscamente para mirar a su bien amada, ... ¡estaba muerta!”.

Edgar Allan Poe



No tengo que repetir que es mi primer amor, pero sí que ya tendría unos catorce o quince años cuando leí este relato. Estaba en una antología que saqué de la biblioteca municipal (antes de aquellas obras que empezaron a mis dieciséis y terminaron el verano pasado), cuando todavía no tenía más que una antología de Poe (ahora tengo tres en español, dos en inglés, la poesía completa bilingüe inglés-español, "The Raven" bilingüe inglés-gallego con los grabados de Doré y, en alguna parte, las fotocopias que hice entonces de "El retrato oval") y La narración de Arthur Gordon Pym. Ni que decir tiene que, para quien todavía declamaba Ligeia (reconozco que aún lo hago ahora, a veces), este era el que faltaba para completar los relatos de mujeres de Poe. Los que más me gustan, siempre lo diré.

Hoy Alexandra me lo recordó (me dijo que había estado leyéndo a Poe para clase y pensando en mí). También me preguntó que cuáles eran los que más me gustaban. Cuentos, indiscutiblemente Ligeia, que lleva dieciséis años siendo mi cuento favorito. Y de los poemas, tal vez "Ulalume". Más que los dos que han dado nombre a mis espacios virtuales (y eso que ambos iban a llamarse Ligeia), éste y los tres difuntos fotologs con variantes sobre "Annabel Lee". Ulalume, Ulalume...

La imagen es de Franz von Stuck. La primera vez que la vi pensé en "El retrato oval" y no sólo porque sea oval (no lo es: es circular).

En inglés aquí y en portugués aquí.


domingo, 19 de octubre de 2008

Definitivamente, tengo poderes (Las relaciones peligrosas)

Ayer me salían Las relaciones peligrosas por todos los poros. Habláramos de lo que habláramos, a mí me salía un ejemplo del libro. Bien, hoy lo buscaba en google (está en Ferrol, claro) para echarle un ojo a la correspondencia entre la de Merteuil y Valmont (ay!) y me encontré conque ayer, si no llega a morirse en 1803, el amigo Laclos hubiera cumplido nada menos que 267 años. Casi nada.

Así que os dejo una de las cartas. Y lo recomiendo fervorosamente.

LA MARQUESA DE MERTEUIL A CECILIA VOLANGES

En París, a 4 de octubre de 17**.

¡Vaya, vaya, pequeña, por lo que veo estás muy molesta y avergonzada! ¿Y este señor de Valmont es un hombre perverso, no es así? ¡Cómo! ¡Atreverse a tratarte como a la mujer más querida! ¡Ensenarte aquello que te estabas muriendo por saber! En verdad que este proceder es imperdonable. Y por tu parte, quieres conservar tu modestia para tu amante (el cual no abusa); ¡sólo quieres las penas del amor, y no los placeres! Nada mejor, y quedarás de maravilla en una novela. Pasión, infortunio, virtud por encima de todo, ¡cuántas cosas bellas! En medio de este brillante cortejo, verdad es que una se aburre a veces, mas todo tiene su recompensa.

¡Miren pues a la pobre niña, qué lástima da! Tenía los ojos hinchados al día siguiente! ¡Qué dirían ustedes si fueran los de su amante! Ea, ángel mío, no los tendrás siempre así; no todos los hombres son un Valmont. Y luego, ¡no atreverse a levantar esos ojos! ¡Oh! Caramba, con mucha razón; todo el mundo habría leído en ellos tu aventura. Créeme, si así fuera, nuestras mujeres e incluso nuestras señoritas tendrían una mirada mas recatada.

A pesar de las alabanzas que me veo obligada a prodigarte, como ves, preciso es reconocer, sin embargo, que no lograste tu obra maestra; habría sido contarle todo a tu mamá. ¡Habías empezado tan bien! Te habías echado ya en sus brazos sollozando, ella también lloraba: ¡qué escena tan patética! Y ¡qué lástima no haberla terminado! Tu querida madre, loca de contento, te habría enclaustrado de por vida, para contribuir a tu virtud, y entonces habrías podido amar a Danceny todo cuanto hubieras querido, sin rivales ni pecado: te habrías desconsolado a placer; y de seguro que Valmont no habría ido a turbar tu dolor con enojosos placeres.

Ahora en serio, ¿se puede ser tan niña tomo tú con quince anos cumplidos? Con razón dices que no mereces mi bondad. Sin embargo yo quería ser tu amiga: ¡quizá lo necesites con la madre que tienes y el marido que quiere darte! Mas si no maduras, ¿qué quieres que haga contigo? ¿Qué podemos esperar, si lo que espabila a las jovencitas, a ti, por el contrario te atonta?

Si pudieras dominarte y razonar por un momento, te percatarías enseguida de que has de felicitarte en lugar de lamentarte. ¡Mas estás avergonzada y esto te incomoda! ¡Oh! Tranquilízate; la vergüenza que el amor produce es como el dolor: sólo se padece una vez. Después puede fingirse, mas ya no se siente. Sin embargo, el placer permanece y esto ya es algo. Incluso creo entrever por tu discursillo, que podría ser harto importante para ti. Vamos, un poco de buena fe. «Esa turbación» que te impedía «hacer lo que decías», que hacía que te pareciera «tan difícil defenderte», que «te hizo enojar» cuando Valmont se fue, ¿acaso la causaba la vergüenza? ¿O era el placer? Y ese «modo de hablar» al que «no se sabe cómo responder», ¿acaso no sería por su modo de hacer? ¡Ay! ¡Niña, mientes y le mientes a tu mejor amiga! Esto no está bien. Mas dejémoslo.

Lo que para todo el mundo sería un placer, y podría no ser sino eso, en tu situación se convierte en algo realmente feliz. En efecto, viéndote entre una madre la cual te interesa que te quiera, y un amante que deseas que lo haga para siempre, ¿cómo no comprendes que el único medio de conseguir estos fines opuestos, es ocuparte de un tercero? Distraída con esta nueva aventura, mientras que ante tu mamá parecerás someterte a ella sacrificándole una inclinación que le desagrada, ante tu amante conseguirás el honor de una hermosa defensa. Aunque le asegures sin cesar de tu amor, no le concederás la prueba última. Esta negativa, tan poco penosa en tu caso, no dejará él de atribuirla a tu virtud; quizá se lamente por ello, mas te querrá mas aún; y el conseguir este doble mérito, a los ojos de la una el de sacrificar tu amor, a los del otro el de resistirte a él, sólo te costará gozar de sus placeres. ¡Oh! Cuántas mujeres perdieron su reputación, habiéndola podido conservar cuidadosamente, si la hubieran podido mantener con estos medios.

¿No te parece este partido que te propongo, tanto el mas razonable como el mas apetecible? ¿Sabes lo que has conseguido con el que habías tomado? Pues que tu mamá haya achacado tu redoblada tristeza a un redoblado amor y se sienta ofendida por ello, y no espere para castigarte sino a estar más segura. Acaba de escribirme; lo intentará todo para conseguir tu propia confesión. Quizá llegue incluso, según me dice, a proponerte a Danceny por esposo; y esto para hacerte hablar. Y si, dejándote seducir por este engañoso carino, respondieses según el dictado de tu corazón, encerrada al punto por largo tiempo, quizá para siempre, llorarías a placer tu ciega credulidad.

Esta argucia que quiere usar contigo, has de combatirla con otra. Empieza, pues, por hacerle creer que piensas menos en Danceny, mostrando menos tristeza. Se convencerá tanto mas fácilmente cuanto que es la consecuencia normal de la ausencia; y te estará tanto mas agradecida cuanto que hallará ocasión de aplaudirse por su prudencia, la cual le ha sugerido esta medida. Mas si, por conservar alguna duda, persistiese, sin embargo, en ponerte a prueba y llegara a hablarte de matrimonio, enciérrate, como buena hija que eres, en una perfecta sumisión. De hecho, ¿qué arriesgas? Para lo que se hace con un marido, bien vale el uno tanto como el otro; y el mas incómodo es menos molesto que una madre.

Cuando esté mas contenta contigo, tu madre te casará al fin, y entonces, al tener mas libertad de movimientos, podrás hacer lo que quieras, dejar a Valmont para quedarte con Danceny o incluso conservar a ambos. Pues, ten cuidado, es amable tu Danceny: mas es uno de esos hombres a los que se tiene cuando se quiere y hasta que se quiere; puede una estar tranquila con él. No ocurre así con Valmont: es difícil de conservar; es peligroso abandonarlo. Se ha de tener con él mucha habilidad, o, si no se tiene, mucha docilidad. Mas, por otra parte, ¡si lograras hacer de é1 un amigo! ¡Esto sería una suerte! Te pondría enseguida en la primera fila de las mujeres de moda. Así es como se consigue un puesto en el mundo, y no ruborizándote y llorando, como cuando tus monjas te hacían comer de rodillas.

Si tienes seso, tratarás pues de reconciliarte con Valmont, que debe estar harto furioso contigo; y como es necesario saber reparar las tonterías, no temas dar tú algunos pasos; además pronto te darás cuenta de que, si los hombres han de dar los primeros, casi siempre nos vemos forzadas nosotras a dar los segundos. Tendrás un pretexto para ello: pues no has de guardar esta carta; y te pido y te exijo que se la entregues a Valmont en cuanto la hayas leído. No te olvides, sin embargo, de volverla a lacrar antes de hacerlo. Primero, porque he de dejarte el mérito de tu actuación con respecto a él, que no parezca que te ha sido dictada; y además, porque de nadie en el mundo soy tan amiga como para hablarle como a ti.

Adiós, ángel mío; sigue mis consejos, y escríbeme diciéndome si te va bien con ellos...

A propósito, se me olvidaba... sólo una palabra mas. Esfuérzate por cuidar mas tu estilo. Sigues escribiendo como una niña. Comprendo muy bien el motivo, y es que dices todo lo que piensas, y nada que no pienses. Esto puede ser así entre tú y yo que nada hemos de ocultarnos la una a la otra: mas, ¡con todo el mundo! ¡Sobre todo con tu amante! Parecerías siempre una tontuela. Ya sabes que cuando escribes a alguien, lo haces para él y no para ti: debes, pues, tratar de decirle no tanto lo que piensas como lo que é1 desea oír.

Adiós, corazón; te abrazo en lugar de reñirte; con la esperanza de que seas mas razonable.

Chordelos de Laclos

viernes, 17 de octubre de 2008

Las ventajas del glamour...

(y no olvidemos que el glamour es lo relativo a las hadas*)

Del glamour, de la ciclotimia y del frikismo. Por este orden. O por el inverso, más bien.

Van a dar las dos de la mañana y en cinco horas suena el despertador (ay!!). Acabo de llegar y la vida empieza a ir mejor. O eso parece.

Empezó a ir mejor a las nueve de la noche, cuando entré en un Gadis a comprar un zumo y algo más para cenar en casa de María y vi un montón de películas a cinco euros. Entre la mierda de rigor (mucha), me vendieron tres trozos de infancia. Sí. A cinco euros (4'90) cada uno. La novia de Frankenstein, Frankenstein y el Hombre Lobo y La mansión de Frankenstein; las delicias de quien ha crecido viendo Alucine los viernes por la noche en la 2. Y no olvidemos que Alucine empezó poniendo la Universal y, cuando se les terminó, pusieron la Hammer. Tres películas de terror de infancia. Tres! Y de la Universal...

Pero seguimos. A eso de las once y media se nos fue la pelotita y decidimos ir a tomar una cerveza. Además, teníamos boletos para el sorteo de un fin de semana en un balneario por el primer aniversario de La Taquilla como tal. No, no nos tocó, porque no fuimos. Estaba lleno y es jueves por la noche. Como que no. Pero fuimos (ya es tradición) a encontrarnos el Rock-a-Hula cerrado y fumarnos un cigarro fuera, maldiciendo nuestra suerte. Y no es que estuviera abierto, pero en el bar había luz y nosotras tenemos glamour. Y nos dejaron entrar. Nos dejaron entrar, nos invitaron a dos cervezas, nos contaron de las reformas (y más cosas) y Lou me trajo a casa. Ahora mismito.

El Hula sigue cerrado (aunque el plan es abrir mañana), pero nosotras allí estábamos, acodadas entre herramientas en la barra, con Lou y Juan, el habitual más habitual (o esa impresión me da a mí, que lo veo siempre que voy), hablando de un factible ciclo de cine de terror (sí!!!) y otros de más cosas, ahora que hay tele y DVD.

Creo que el mundo ha dejado de derrumbarse a mi alrededor. Al menos esta semana.

Y la semana que viene, tenemos el coloquio en el Piñeiro, así que no tendré mucho tiempo para que se derrumbe.

Además, los carteles nuevos tienen foto de disco de Crazy Cavan (que no he encontrado a un tamaño razonable para poner aquí) y Lou dijo que iba a intentar traerlos (!).

Queda Wildest cat on town. Que va a ser que no es la señorita Edgar Allan, también conocida como Folerpa.

Y, ya que estamos, la última foto que le saqué a Folerpa, ya crecida y sin mí detrás. Nuevamente con la cámara del ordenador. Más guapa, ella!

Y para quien que no crea en su crecimiento, otra de la misma noche que la primera. Lo de detrás, con un ojo tapado y cara de "no quiero salir, no quiero salir, no quiero salir!" soy yo, otra vez. La gata brilla porque no había luz en el salón por aquella época. Por eso hay, también, sombras inquietantes de las plantas en la pared. Y yo no tengo glamour porque estoy en pijama, que si no...







* y no olvidemos tampoco el origen medieval de las hadas, que tiene poco que ver con las amigas de Peter Pan en los jardines de Kengsinton... un hada medieval era básicamente una femme fatale. Viviana, la que encierra a Merlín en la torre de aire o en la cueva, según la versión, tras haberle sacado todos sus conocimientos; Morgana, la hermana de Arturo; Laudine, la mujer de Yvain. Y tantas otras...

Y no, para ser hada no hacía falta ser chica de portada de revista. Eran las únicas doncellas que no eran necesariamente o terriblemente guapas o espantosamente feas (y malvadas) en la narrativa artúrica. Otro punto para ellas.

Siempre quise ser Viviana y aprender todo de Merlín y encerrarlo en la torre de aire, en la versión con visitas y demás. Siempre quise un Merlín. Quién quiere un silfo pudiendo liarse con Merlín?

Bien! El TIT se acerca: hoy lo he matriculado y ya pongo notas al pie en las entradas del blog...

Y yo salgo de mi crisis siendo dispersa, como siempre. Tampoco es una mala señal.

Voy a dormir YA.

jueves, 16 de octubre de 2008

La noche sufre



La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos
Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te...

La noche sufre.


Alejandra Pizarnik




Sí, esta podría ser una entrada del fotolog. Siempre ponía a Alejandra con Munch. Son tal para cual.

El cuadro de hoy es el Lady of Shalott de Waterhouse. Que fue una de las primeras entradas del primer annabel lee con el principio de Berenice (mysery is manifold, etc. Aquí en inglés y aquí en español). Ese, exactamente ese, fue el momento en que el siglo XIX se apoderó de mi fotolog.

Ese día prometí contar la historia de la doncella de Escalot y aún no lo he hecho. Y ahora tampoco es el momento. Tengo más o menos la misma cara que ella y el mismo estado de ánimo.

Mañana será otro día y el mundo seguirá girando. Conmigo dentro, me temo.

Buenas e insomnes noches.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Nunca quise un amor civilizado

ni de ningún tipo pero, si lo quisiera, lo querría así...

El año que salió este disco yo cumplía trece años y esta canción la habían escrito para mí. Ya entonces.




CONTIGO

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena de un sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Sabina


María cita siempre, cuando me pongo tonta, un texto de Peacock que viene rezando así:

"Eres como un Rosacruz
que a nadie sino a un silfo amará
que no cree en la existencia de un silfo
pero, no obstante, se enfada con el Universo
porque no contiene un silfo"

Y va a ser que sí. Que es cierto. Alguien tiene un silfo?

martes, 14 de octubre de 2008

Oye, yo era como un mar dormido...



Oye: yo era como un mar dormido.
Me despertaste y la tempestad ha estallado.
Sacudo mis olas, hundo mis buques,
subo al cielo y castigo estrellas,
me avergüenzo y escondo entre mis pliegues,
enloquezco y mato mis peces.
No me mires con miedo. Tú lo has querido.

Alfonsina Storni





La imagen, la Miranda de Waterhouse. El fondo de pantalla de mi ordenador del trabajo y de mi manzanita mordida hasta hace bien poco. Ahora he cambiado a Miranda por la Ophelia del fondo del blog, pero todo queda en Shakespeare. Y en Waterhouse.

Ya lo he dicho más veces, pero Waterhouse es el prerrafaelista que más me gusta. Con diferencia. Hay cuadros de otros que... pero ninguno en su conjunto como Waterhouse. Al menos, para mí.

Aunque nada puede devolver el esplendor en la hierba...

Quiero volver a verla, pero está en casa. Así que la buscaré por bibliotecas.

Queda el final (lo único que encontré que no estuviera totalmente en inglés) y el tráiler. Quería el final, pero subtitulado. Y la escena del poema, cuando se marcha llorando de clase.

Me gusta tanto esta película!







Nunca me ha dado un colapso por represión sexual, pero hay veces que es mejor volverse loca un tiempo y dejar que lo demás se solucione solo. Sólo cuando todo lo demás no tiene nada que ver contigo puedes arreglarte contigo misma, creo.

No, no estoy en crisis. No más de lo habitual. Es una reflexión como tantas.

Me olvidaba, Splendor in the grass, Elia Kazan, 1961.

Dos y veinte de la mañana. Buenas noches.

lunes, 13 de octubre de 2008

Com o desconforto da alma mal-entendendo (Tabacaria)

Tengo el día cínico, así que iba a poner un fragmento de O Guardador de Rebanhos, de Caeiro. Yo siempre he sido Álvaro de Campos y una vez dije que no hay un solo día de mi vida que no pueda describirse con un verso de Tabacaria. Ni uno. Amo al Álvaro de Campos que quiere ser como su mentor y lucha contra la metafísica, aunque la metafísica siempre gane y aparezca, pérfida, en los lugares más insospechados: un estanco, un envoltorio de chocolate...

El otro Álvaro de Campos, el futurista, me resulta bastante indiferente.

Vale, no soy Álvaro de Campos del todo. Sólo un poquito. Pero es mi heterónimo. El ciclotímico. Que la mitad positiva de mis ciclos vaya por derroteros diferentes a los suyos no implica que no sea inquietante el parecido de la mitad negativa.

No tengo nada contra Pessoa en sí mismo ni contra Ricardo Reis. Admiro muchas cosas de uno y me parece sublime el encanto clásico del otro. Ni siquiera contra todos los demás, varios en francés y en inglés. Pero reverencio a Álvaro de Campos, a Caeiro y a Bernardo Soares. Por este orden. Y a Pessoa en su conjunto lo considero insuperable.

Tabacaria es tan la historia de mi vida que estaba segura de haberlo dejado aquí. No así el otro, el que sí puse. Pero hoy el mundo funciona al revés y yo tengo que poner Tabacaria.

Es demasiado largo para poner dos versiones y nunca he encontrado una traducción que me convenciera del todo, así que queda sólo en portugués. Pero no es difícil y google está lleno de traducciones. Seguro.

Sí, el verso de hoy es el que está en el título.


    TABACARIA

Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.

Janelas do meu quarto,
Do meu quarto de um dos milhões do mundo que ninguém sabe quem é
(E se soubessem quem é, o que saberiam?),
Dais para o mistério de uma rua cruzada constantemente por gente,
Para uma rua inacessível a todos os pensamentos,
Real, impossivelmente real, certa, desconhecidamente certa,
Com o mistério das coisas por baixo das pedras e dos seres,
Com a morte a por umidade nas paredes e cabelos brancos nos homens,
Com o Destino a conduzir a carroça de tudo pela estrada de nada.

Estou hoje vencido, como se soubesse a verdade.
Estou hoje lúcido, como se estivesse para morrer,
E não tivesse mais irmandade com as coisas
Senão uma despedida, tornando-se esta casa e este lado da rua
A fileira de carruagens de um comboio, e uma partida apitada
De dentro da minha cabeça,
E uma sacudidela dos meus nervos e um ranger de ossos na ida.

Estou hoje perplexo, como quem pensou e achou e esqueceu.
Estou hoje dividido entre a lealdade que devo
À Tabacaria do outro lado da rua, como coisa real por fora,
E à sensação de que tudo é sonho, como coisa real por dentro.

Falhei em tudo.
Como não fiz propósito nenhum, talvez tudo fosse nada.
A aprendizagem que me deram,
Desci dela pela janela das traseiras da casa.
Fui até ao campo com grandes propósitos.
Mas lá encontrei só ervas e árvores,
E quando havia gente era igual à outra.
Saio da janela, sento-me numa cadeira. Em que hei de pensar?

Que sei eu do que serei, eu que não sei o que sou?
Ser o que penso? Mas penso tanta coisa!
E há tantos que pensam ser a mesma coisa que não pode haver tantos!
Gênio? Neste momento
Cem mil cérebros se concebem em sonho gênios como eu,
E a história não marcará, quem sabe?, nem um,
Nem haverá senão estrume de tantas conquistas futuras.
Não, não creio em mim.
Em todos os manicômios há doidos malucos com tantas certezas!
Eu, que não tenho nenhuma certeza, sou mais certo ou menos certo?
Não, nem em mim...
Em quantas mansardas e não-mansardas do mundo
Não estão nesta hora gênios-para-si-mesmos sonhando?
Quantas aspirações altas e nobres e lúcidas -
Sim, verdadeiramente altas e nobres e lúcidas -,
E quem sabe se realizáveis,
Nunca verão a luz do sol real nem acharão ouvidos de gente?
O mundo é para quem nasce para o conquistar
E não para quem sonha que pode conquistá-lo, ainda que tenha razão.
Tenho sonhado mais que o que Napoleão fez.
Tenho apertado ao peito hipotético mais humanidades do que Cristo,
Tenho feito filosofias em segredo que nenhum Kant escreveu.
Mas sou, e talvez serei sempre, o da mansarda,
Ainda que não more nela;
Serei sempre o que não nasceu para isso;
Serei sempre só o que tinha qualidades;
Serei sempre o que esperou que lhe abrissem a porta ao pé de uma parede sem porta,
E cantou a cantiga do Infinito numa capoeira,
E ouviu a voz de Deus num poço tapado.
Crer em mim? Não, nem em nada.
Derrame-me a Natureza sobre a cabeça ardente
O seu sol, a sua chava, o vento que me acha o cabelo,
E o resto que venha se vier, ou tiver que vir, ou não venha.
Escravos cardíacos das estrelas,
Conquistamos todo o mundo antes de nos levantar da cama;
Mas acordamos e ele é opaco,
Levantamo-nos e ele é alheio,
Saímos de casa e ele é a terra inteira,
Mais o sistema solar e a Via Láctea e o Indefinido.

(Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequena suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!
Mas eu penso e, ao tirar o papel de prata, que é de folha de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)

Mas ao menos fica da amargura do que nunca serei
A caligrafia rápida destes versos,
Pórtico partido para o Impossível.
Mas ao menos consagro a mim mesmo um desprezo sem lágrimas,
Nobre ao menos no gesto largo com que atiro
A roupa suja que sou, em rol, pra o decurso das coisas,
E fico em casa sem camisa.

(Tu que consolas, que não existes e por isso consolas,
Ou deusa grega, concebida como estátua que fosse viva,
Ou patrícia romana, impossivelmente nobre e nefasta,
Ou princesa de trovadores, gentilíssima e colorida,
Ou marquesa do século dezoito, decotada e longínqua,
Ou cocote célebre do tempo dos nossos pais,
Ou não sei quê moderno - não concebo bem o quê -
Tudo isso, seja o que for, que sejas, se pode inspirar que inspire!
Meu coração é um balde despejado.
Como os que invocam espíritos invocam espíritos invoco
A mim mesmo e não encontro nada.
Chego à janela e vejo a rua com uma nitidez absoluta.
Vejo as lojas, vejo os passeios, vejo os carros que passam,
Vejo os entes vivos vestidos que se cruzam,
Vejo os cães que também existem,
E tudo isto me pesa como uma condenação ao degredo,
E tudo isto é estrangeiro, como tudo.)

Vivi, estudei, amei e até cri,
E hoje não há mendigo que eu não inveje só por não ser eu.
Olho a cada um os andrajos e as chagas e a mentira,
E penso: talvez nunca vivesses nem estudasses nem amasses nem cresses
(Porque é possível fazer a realidade de tudo isso sem fazer nada disso);
Talvez tenhas existido apenas, como um lagarto a quem cortam o rabo
E que é rabo para aquém do lagarto remexidamente

Fiz de mim o que não soube
E o que podia fazer de mim não o fiz.
O dominó que vesti era errado.
Conheceram-me logo por quem não era e não desmenti, e perdi-me.
Quando quis tirar a máscara,
Estava pegada à cara.
Quando a tirei e me vi ao espelho,
Já tinha envelhecido.
Estava bêbado, já não sabia vestir o dominó que não tinha tirado.
Deitei fora a máscara e dormi no vestiário
Como um cão tolerado pela gerência
Por ser inofensivo
E vou escrever esta história para provar que sou sublime.

Essência musical dos meus versos inúteis,
Quem me dera encontrar-me como coisa que eu fizesse,
E não ficasse sempre defronte da Tabacaria de defronte,
Calcando aos pés a consciência de estar existindo,
Como um tapete em que um bêbado tropeça
Ou um capacho que os ciganos roubaram e não valia nada.

Mas o Dono da Tabacaria chegou à porta e ficou à porta.
Olho-o com o deconforto da cabeça mal voltada
E com o desconforto da alma mal-entendendo.
Ele morrerá e eu morrerei.
Ele deixará a tabuleta, eu deixarei os versos.
A certa altura morrerá a tabuleta também, os versos também.
Depois de certa altura morrerá a rua onde esteve a tabuleta,
E a língua em que foram escritos os versos.
Morrerá depois o planeta girante em que tudo isto se deu.
Em outros satélites de outros sistemas qualquer coisa como gente
Continuará fazendo coisas como versos e vivendo por baixo de coisas como tabuletas,

Sempre uma coisa defronte da outra,
Sempre uma coisa tão inútil como a outra,
Sempre o impossível tão estúpido como o real,
Sempre o mistério do fundo tão certo como o sono de mistério da superfície,
Sempre isto ou sempre outra coisa ou nem uma coisa nem outra.

Mas um homem entrou na Tabacaria (para comprar tabaco?)
E a realidade plausível cai de repente em cima de mim.
Semiergo-me enérgico, convencido, humano,
E vou tencionar escrever estes versos em que digo o contrário.

Acendo um cigarro ao pensar em escrevê-los
E saboreio no cigarro a libertação de todos os pensamentos.
Sigo o fumo como uma rota própria,
E gozo, num momento sensitivo e competente,
A libertação de todas as especulações
E a consciência de que a metafísica é uma consequência de estar mal disposto.

Depois deito-me para trás na cadeira
E continuo fumando.
Enquanto o Destino mo conceder, continuarei fumando.

(Se eu casasse com a filha da minha lavadeira
Talvez fosse feliz.)
Visto isto, levanto-me da cadeira. Vou à janela.
O homem saiu da Tabacaria (metendo troco na algibeira das calças?).
Ah, conheço-o; é o Esteves sem metafísica.
(O Dono da Tabacaria chegou à porta.)
Como por um instinto divino o Esteves voltou-se e viu-me.
Acenou-me adeus, gritei-lhe Adeus ó Esteves!, e o universo
Reconstruiu-se-me sem ideal nem esperança, e o Dono da Tabacaria sorriu.

    Álvaro de Campos, 15-1-1928

Además, os dejo un cuadro de Hopper. Uno que ya había dejado, pero me da igual.

domingo, 12 de octubre de 2008

Me gusta aplastar cigarrillos con los pies: es como si me cargara a alguien




Buscaba textos de Panero (ay, cuánto echo de menos mi Obra Completa de Panero!!) y encontré este video. Obviamente, tenía que ponerlo aquí.

También os dejo un poema de Panero, una buena costumbre que estaba perdiendo.


Dérisoires martyrs...
STÉPHANE MALLARMÉ

En el obscuro jardín del manicomio
Los locos maldicen a los hombres
Las ratas afloran a la Cloaca Superior
Buscando el beso de los Dementes.

Un loco tocado de la maldición del cielo
Canta humillado en una esquina
Sus canciones hablan de ángeles y cosas
Que cuestan la vida al ojo humano
La vida se pudre a sus pies como una rosa
Y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
Una Princesa.

Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga
Y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa
Mañana morirá otro loco:
De la sangre de sus ojos nadie sino la tumba
Sabrá mañana nada.

El loquero sabe el sabor de mi orina
Y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas
Ello prueba que el destino de las ratas
Es semejante al destino de los hombres.

Leopoldo María Panero

jueves, 9 de octubre de 2008

Más Munch... y Alejandra Pizarnik. Y mi libro favorito
















EXILIO

a Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ámgeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

Alejandra Pizarnik


Esta entrada empezó teniendo muchos más cuadros de Munch y se fue haciendo sola, como en los buenos tiempos del fotolog. El texto aparecía siempre con cuadros de Rosetti, tal vez porque sólo Elizabeth Siddal con la cabeza reclinada puede transmitir la manía de saberse ángel. Pero hoy no me siento mujer fatal, sino todo lo contrario. Aunque la sombra haya muerto. Las sombras son como la energía: ni nacen ni se destruyen, sólo se transforman.

Además, el resto de poemas de Alejandra Pizarnik de mi fotolog iban con cuadros de Munch. Parecían necesitarse mutuamente.

Sé que tengo que hacerme mayor y encontrar un pintor más sosegado como favorito. También debería cambiar Sobre héroes y tumbas por, no sé, algo menos paranoico y desgarrador. Lo que sea. Cualquier cosa duele menos que la historia de los ciegos y el hombre que los sigue y su hija y el amante de ella y el amigo de casi todos que observa: el que pone las notas al pie. Hacerse mayor debe ser eso, dejar de buscar respuestas en los libros. Dejar de buscar respuestas para dejar de hacerse preguntas. Paradójico que lo mismo que nos mata sea lo que nos mantiene con vida. Y viceversa.

Hace diez días que puse una batería de cuadros de Munch, al grito de que, al final, ver su obra es la única catarsis que vale. Y leer Sobre héroes y tumbas. La primera vez que lo leí, me lo puso en la mano mi madre, a quien acababa de contar lo muchísimo que me había gustado El túnel. A ella no le había gustado porque había empezado al revés: primero Martín y Alejandra (y Fernando, y Bruno, y los ciegos); luego Juan Pablo Castel y María Iribarne. Y así no se puede. Yo tenía dieciséis años y estaba de excursión de fin de curso. Pernoctar, pernoctábamos en Torremolinos, pero estuvimos en Granada y en Córdoba. En el autobús pusieron El hombre de la máscara de hierro y yo no soportaba tamaña violación a los mosqueteros, así que saqué el libro que había llevado. Siempre, siempre llevo un libro encima. Generalmente, más. No contaba la historia de mi vida, era mucho más terrible. Mi vida, todo lo que dolían mis dieciséis años de adolescente incomprendida (ahora sé que es lo más normal del mundo, pero entonces no lo sabía) no era nada comparado con como me dolía la historia del libro. Nada.

La última vez que lo abrí (hasta hace menos de un mes, camino a Sevilla), lo dejé a medias. Hacía días que había muerto mi madre y, por una vez, la vida tenía algo contra lo que no se podía luchar. Yo nunca había sido luchadora: un par de años antes de la primera lectura de Sabato me había tomado todo el botiquín. Intenté suicidarme a base de analgésicos: entrañable y completamente inefectivo. Días después empezó la vorágine de pruebas a mi madre, que culminaron en el diagnóstico de dos hepatitis y una cirrosis. Sin emborracharse nunca en su vida, joder.

Mi madre no era como yo. No se atormentaba estúpidamente (y con ello no quiero decir que fuera feliz, aunque creo que lo fue más de lo que estoy preparada para serlo yo) y hacía más o menos lo que se esperaba de ella. Se llevaba estupendamente con sus padres y se casó jovencita con el único novio que había tenido, dejó de trabajar por ello, tuvo dos niños y, quince años después, a mí. Leyó tanto como yo o más y con menos orden, si cabe. No prefería las catarsis, sino las evasiones. Viendo películas, pedía que fueran de miedo y de risa todo a la vez. El primer libro que compró con su dinero fue el Romancero Gitano, en el 53. Tenía doce años. Jamás se le habría pasado por la cabeza suicidarse, ni a los catorce ni después. Nunca, nunca entendió por qué lo había hecho yo.

Pese a ello, y definiéndolo como "un libro inolvidable", me puso en la mano el libro que sería mi máxima obsesión siempre. Incluso durante los cinco años que no lo abrí ni una sola vez, no podía no pensar como lo habría hecho Martín. O Bruno. O Alejandra. O Fernando, según tuviera el día. Puede que a los espíritus menos atormentados este tipo de libros hagan más mella. Si no, no me lo explico. No me explico lo suyo, no lo mío. Lo mío estaba claro desde siempre, desde que era de los libros que más cambiaban en la estantería de casa desde que tuve permiso para coger más o menos lo que quisiera. Y durante muchos años no supe que era una novela. En mi casa hay millones de revistas de Historia, algo así como la mitad de los libros publicados en los últimos treinta años sobre la Guerra Civil y un par de docenas de tema histórico aleatorio. Así que yo me quedaba con los de ficción, que eran más y mucho más emocionantes. Y estaban mejor escritos. Cuando mi madre me habló de él, yo lo había visto montones de veces y no lo había abierto ni una sola. Ni una. Recuerdo comentar que sí, que era un libro que parecía perseguirme y que hasta ese día no me había fijado nunca en su autor. Y que pensaba que era algo así como un sesudo estudio antropológico sobre ritos funerarios. Y ahí vino la definición de "libro inolvidable". Y yo me lo llevé de excursión.

No fue Herman Hesse quien me enseñó a paladear la locura: fue Sabato. Antes, había sido Munch. Después, vinieron otros. Pero nadie supo hacerme ver el horror como ellos. Nadie.

No dejo un párrafo de El túnel ni de Sobre héroes y tumbas (aunque deje los links a las dos en pdf), sino de Abbadón el exterminador. La que he leído menos y la que menos duele. La que está encima de la mesilla esperando relectura. La que no está en pdf en la web.

"Una novela sobre esa búsqueda del absoluto, esa locura de adolescentes pero también de hombres que no quieren o no pueden dejar de serlo: seres que en medio del barro y el estiercol lanzan gritos de desesperación o mueren arrojando bombas en algún rincón del universo."

Ahora, quien me conozca puede buscar motivos por los que pudiera no gustarme Sabato. No los va a encontrar.

Hoy ha sido un día demasiado largo y yo debería estar durmiendo. Como siempre.


miércoles, 8 de octubre de 2008

Meryone's Complaint


"La vida es muy fácil contarla, pero enfurecedor practicarla."

No lo digo yo, lo dice el señor Forster en Pasaje a la India (creo). Forster es de esos autores que, sin ser descomunalmente grandes ni cambiarme la vida (debo estar en crisis porque sí es verdad que últimamente me identifico con casi todo lo que leo), me caen simpáticos. De esos que se compran en librerías de viejo cuando son baratos. Leí Maurice, leí Pasaje a la India y leí como mínimo otro más, con Helena Bonham Carter en la portada (era una edición de Círculo de Lectores) y cuyo nombre ahora mismo se me escapa.

Ninguno de los tres (repito) dejó huella en mí. Salvo por esa frase.

Mi vida últimamente se parece a una novela de Phillip Roth. No por lo que pasa fuera (nada que se salga de lo común), sino por lo que pasa dentro. ¿Que qué tiene que ver el bueno de Forster con el señor Roth? Nada. Salvo por esa frase.

Esa frase podría resumir perfectamente toda la narrativa del hombre. Al menos toda la que yo conozco. Como lo que desde fuera parece simple, cotidiano, desgarra por dentro. Y como, al final, irremediablemente, todo se rompe.

Crecí escuchando hablar de El lamento de Portnoy, aunque ahora se traduzca como El mal de Portnoy y aunque yo entonces no sabía que era de Phillip Roth. Me gustaron más otros y nada como La mancha humana, el descubrimiento. Y nada como Pastoral Americana, la tercera que leí (la segunda fue La conjura contra América que sí, pero tampoco tanto) y que me decidió a amarlo sobre todos los escritores vivos. Luego vino Zuckerman desencadenado (las cuatro primeras novelas breves protagonizadas por Nathan Zuckerman, alter ego), Operación Shylock, El mal de Portnoy (en mi traducción ya se llama así), Elegía (nada que ver con la película de la Coixet, que se basa en otra), Cuando ella era buena, El profesor de deseo y, finalmente, Deudas y dolores, de la que aún me estoy recuperando.

Queda el principio, pues, de Portnoy's Complaint. Porque sí, porque es un buen principio, porque es encontrable y porque no me resulta tan doloroso como me resultan párrafos de otras. Porque mi vida se parece menos a esta que a otras.



Portnoy, Mal de [llamado así por Alexander Portnoy (1933- )]. Trastorno en que los impulsos altruistas y morales se experimentan con mucha intensidad, pero se hallan en perpetua guerra con el deseo sexual más extremado y, en ocasiones, perverso. Al respecto dice Spielvogel: «Abundan los actos de exhibicionismo, voyeurismo, fetichismo y autoerotismo, así como el coito oral; no obstante, y como consecuencia de la “moral” del paciente, ni la fantasía ni el acto resultan en una auténtica gratificación sexual, sino en otro tipo de sentimientos, que se imponen a todos los demás: la vergüenza y el temor al castigo, sobre todo en forma de castración»

(Spielvogel,O., «El pene confuso», Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse, vol.XXIV,p.909). Spielvogel considera que estos síntomas pueden remontarse a los vínculos que hayan prevalecido en la relación madre-hijo.



"La llevaba tan incrustada en la conciencia, que, al parecer, me pasé el primer año de colegio convencido de que todas y cada una de mis profesoras eran mi madre disfrazada. Echaba a correr en cuanto sonaba el timbre de salida, e iba todo el camino preguntándome si llegaría a casa con tiempo de pillar a mi madre antes de que volviera a transformarse. Pero siempre, invariablemente, la encontraba ya en la cocina, poniéndome el vaso de leche con galletas. Su proeza, sin embargo, en lugar de empujarme a renunciar al engaño, lo que hacía era intensificar el respeto que me inspiraban sus poderes. Y, también, el hecho de no sorprenderla entre encarnación y encarnación venía a suponer un alivio, de todas formas, aunque yo no cejara en el intento. Me constaba que mi padre y mi hermana no estaban al cabo de la calle en lo tocante a la verdadera naturaleza de mi madre, y que la carga de culpabilidad que, imganiba yo, me iba a caer sobre los hombros en caso de que alguna vez la pillase descuidada era más de lo que estaba dispuesto a aguantar a mis cinco años"


Phillip Roth, El mal de Portnoy



lunes, 6 de octubre de 2008

Lo que pasa por querer catarsis. Y Söderberg

"Ayer me crucé con una pareja, marido y mujer, en mi paseo vespertino. La reconocí al instante. No hace tantos años que bailaba con ella en las fiestas, y no he olvidado que cada vez que la veía me daba de regalo una noche de insomnio. Pero ella no lo sabía. No era una mujer. Era una muchacha. Era un sueño viviente: el masculino sueño de una mujer.

Ahora pasa por las calles del brazo del marido. Vestida con trajes más caros que los de entonces, pero más vulgar, más burguesa. Algo apagado y gastado en la mirada, pero a la vez una satisfecha expresión matronil, como si llevara y presentara en su propio estómago una bandeja de plata.

No, no lo comprendo. ¿Por qué tiene que ser así, por qué tiene que ocurrir siempre así? ¿Por qué el amor tiene que ser un gnomo de oro maligno, que a la mañana siguiente se transforma en flores marchitas, o en porquería, o en borracheras de cerveza? De la nostalgia humana por el amor ha brotado al fin y al cabo toda la parte de la cultura humana que no se orienta a calmar el hambre o a luchar contra los enemigos. El sentimiento de la belleza no mana de otra fuente. Todo el arte, toda la poesía, toda la música han bebido de ella. (...) Todo lo que pretende gustar y embellecer, tanto si lo logra como si no, viene de allí, aunque sea por caminos muy largos y tortuosos. Y esto no es un desvarío nocturno mío, sino que se ha demostrado cien veces.

Pero aquella fuente no se llama amor, se llama sueño del amor."

Hjalmar Söderberg, Doctor Glas

El viernes yo estaba esperando el bus, sentada en el portal de una carnicería donde a veces he comprado agua, o chocolate, o manzanas y releyendo el Doctor Glas de Söderberg. Acababa de leer lo de "no se llama amor, se llama sueño del amor" y levanté la vista para digerirlo. En ese momento, llegó una chica de mi edad (más o menos) y una niña de unos tres años. Puede que menos. La madre le decía que la carnicería estaba cerrada y yo le dije "hola". Ya era suficientemente fuerte el contraste entre lectura y situación sin que la niña viniera corriendo a darme un abrazo, pero lo hizo. Luego se asomó a la reja de la carnicería y llegó su bus. Quería una gominola de corazón, me dijo su madre. Daba igual: le había dado una piruleta y la niña no parecía caprichosa. Yo seguí en estado de shock y la niña se giró antes de subir al bus para decirme adiós.

Y seguí leyendo.

Eso es lo que pasa cuando uno dice necesitar una catarsis. Que el mundo se vuelve catártico a tu alrededor. Y eso no siempre es bueno. Generalmente es malo. Una catarsis está bien, pero varias desconciertan.

Hubo más. El viernes fue un día catártico y revelador. Inquietante en muchos aspectos. Demasiado largo para contarlo, así sea en dos posts. O en tres. O en trescientos.

Así que dejo de intentarlo.

Buenas noches.


domingo, 5 de octubre de 2008

Dicen que hay veces que el viento grita mi nombre...

Ayer fue un día raro. De estar de no. De dolor de cabeza y necesidad de catarsis. Vale que son tres cosas frecuentes en mi vida, pero eso no disminuye lo mucho que me afectan.

Podría contar muchas cosas del día y de la noche, pero todavía no he digerido todo. Ni tengo claro nada, pero eso tampoco es una novedad. Sólo decir que hubo un momento en que las luces de los semáforos se plantearon volverse azules.

Sí, The wind cries Mary. Pero, como siempre que escucho mi nombre por la calle, no sé si es por mí. Y eso resume completamente la situación.




After all the jacks are in their boxes
And the clowns have all gone to bed
You can hear happiness staggering on down the street
Footsteps dressed in red
And the wind whispers Mary

A broom is drearily sweeping
Up the broken pieces of yesterdays life
Somewhere a queen is weeping
Somewhere a king has no wife
And the wind, it cries Mary

The traffic lights, they turn blue tomorrow
And shine their emptiness down on my bed
The tiny island sags down stream cause the life that lived is,
Is dead
And the wind screams Mary

Will the wind ever remember
The names it has blow in the past?
And with this crutch, its old age, and its wisdom
It whispers no, this will be the last
And the wind cries Mary

viernes, 3 de octubre de 2008

Hunt



The Hireling Shepherd, 1851



The Awakening Conscience, 1851-53



Isabella and the Pot of Basil, 1868



The Lady of Shalott (con Hughes), 1886-1905



Para Elaine, quem gosta mais de imagens ou palavras que conheça, o pintor de primeiras pulsões sexuais mas também dos amores trágicos.

Un momento, terrible, antes del resto de la vida

Siempre hay un momento, terrible, antes del resto de la vida y en ese momento un hombre no termina de entender todo lo que ha querido decir una mujer. Y luego hay otro momento, terrible, antes del resto de la vida y en ese momento una mujer tampoco termina de entender todo lo que ha querido decir un hombre. Y nadie se da cuenta de nada.

Alfredo Bryce Echenique, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz

Una de las citas de mi libreta adolescente. Una verdad del tamaño del mundo. Vengo de mantener conversación literaria con mis Vampiros, como hacía mucho que no la manteníamos y, por una vez, hablamos poquito de terror. Hablamos de épica, de cuestiones formales, de autores hijos de su tiempo (de cualquier tiempo); apocalípticos e integrados (que diría Eco) y, sobre todo, de descensos a los infiernos, del desencanto, del sujeto interactuando (o no) con el mundo. De Homero y Aristófanes a Houellebecq y Phillip Roth. Lo que inventó Cervantes y lo que ya está en Dante. Todo está en Dante. Shakespeare y todo lo que Shakespeare sacó de los textos medievales. Épica y alegoría. De lo sublime y de lo aburrido. Lo bello, lo perfecto y aquello que no lo es, pero marca. Si fulano tuviera tal capacidad de mengano. La mise en abîme. La forma del cuerpo le es más esencial que su propia sustancia. Fantasmas y quimeras. Judíos que hacen literatura comparada y niños rubios que causan la muerte de serios escritores alemanes. Puro vicio.

Y, al llegar a casa, como siempre, la literatura se mezcla con la vida. Y la vida con la literatura.

Además, parece que mi TIT va a ser una propuesta de edición. De una edición que quedaría para la tesis. De un roman artúrico, claro. O un lai. Francés. A no ser que me dé por el Baladro del sabio Merlín castellano. O me quede en los romans y los lais meramente corteses, sin Arturo. No lo sé.

Otra opción es el caballero entre dos damas, como Guinglain. Y amo hasta el paroxismo Le Bel Inconnu. Pero (y ahí mi tutor tiene mucha razón), con el tema de la ecdótica es mucho más difícil dispersarse.

Seguiremos informando.

Queda ilustración de Beardsley para La muerte de Arturo de Malory. A veces me planteo que si no me gustara tanto lo artúrico, podrían no gustarme tanto los prerrafaelistas.

Merlín y Niniana.

Y no, nada de lo que pongo es casual.

miércoles, 1 de octubre de 2008

A wind blew out of cloud by night / chilling my Annabel Lee

ANNABEL LEE

It was many and many a year ago,
in a kingdom by the sea,
that a maiden there lived whom you may know
by the name of Annabel Lee;
and this maiden she lived with no other thought
than to love and be loved by me.

She was a child and i was a child,
in this kingdom by the sea,
but we loved with a love that was more than love,
i and my Annabel Lee;
with a love that the winged seraphs of heaven
coveted her and me.

And this was the reason that, long ago,
in this kingdom by the sea,
a wind blew out of cloud by night
chilling my Annabel Lee;
so that her high-born kinsmen came
and bore her away from me,
to shut her up in a sepulchre
in this kingdom by the sea.

The angels, not half so happy in Heaven,
went envying her and me;
Yes! that was the reason (as all men know,
in this kingdom by the sea)
that the wind came out of the cloud, chilling
and killing my Annabel Lee.

But our love it was stronger by far than the love
of those who were older than we,
of many far wiser than we,
and neither the angels in Heaven above
nor the demons down under the sea,
can ever dissever my soul from the soul
of the beautiful Annabel Lee;

For the moon never beams without bringing me dreams
of the beautiful Annabel Lee;
and the stars never rise but i see the bright eyes
of the beautiful Annabel Lee;
and so, all the night-tide, i lie down by the side
of my darling, my darling, my life and my bride
in her sepulchre there by the sea,
in her tomb by the side of the sounding sea.

Edgar Allan Poe

No es casual que ponga Annabel Lee (ayer pensaba: todavía no he puesto Annabel Lee en el blog...). Tenía, hasta hace un par de horas un fotolog. Hasta hace mes y medio, otro. Hasta hace como dos meses y medio, otro más. El primero annabel_lee_eap, cerrado. El segundo, fall_of_annabel (como la Caída de la Casa de Usher), cerrado también. El tercero, otra_annabel_lee murió hace (repito) un par de horas. A la una de la tarde funcionaba perfectamente. Me avisó Elaine hace una hora, en la entrada anterior.

Los tres (y no es que fueran míos) eran maravillosos. Predominaban los cuadros prerrafaelistas y siempre (siempre) tenían un texto literario. Me dolió lo indecible el primero, me cabreó sobremanera el segundo y, ahora, creo que me cansé. Porque no hice nada malo (otra vez). Porque puede que haya llegado el momento de dejar que Annabel Lee sea helada por el viento. Demasiada envidia hemos dado ya a los ángeles, parece ser. Me quedo en blogger: blogger no censura y consume menos tiempo. Es una pena, porque me gustaba. Porque tenía amigos y esas cosas. Y porque pasaba mucho tiempo escogiendo la imagen que quería que fuera con cada texto. Y porque eran míos, hostia! Qué derecho tienen a cerrar lo que no es suyo??

Queda la que parece mi última entrada. Última e derradeira. Derradeira es como least en inglés. La última en una serie sin posibilidad de continuación. Al menos de momento.



Los pequeños altavoces de mi estéreo estaban todos dispuestos alrededor del cuarto, en el techo, las paredes, el suelo, de modo que cuando me acostaba en la cama para slusar la música, estaba como envuelto y rodeado por la orquesta. Lo que primero deseaba escuchar esa noche era el nuevo concierto para violín, del norteamericano Geoffrey Plautus, tocado por Odiseo Choerilos con la Filarmónica de Macon (Georgia), de modo que lo saqué del estante, conecté y esperé, y entonces, hermanos, llegó la cosa. Oh, qué celestial felicidad. Estaba totalmente nago mirando el techo, la golová sobre las rucas , encima de la almohada, los glasos cerrados, la rota abierta en éxtasis, slusando esas gratas sonoridades. Oh, era suntuoso, y la suntuosidad hecha carne. Los trombones crujían como láminas de oro bajo mi cama, y detrás de mi golová las trompetas lanzaban enguas de plata, y al Iado de la puerta los timbales me asaltaban las tripas y brotaban otra vez como un trueno de caramelo. Oh, era una maravilla de maravillas. Y entonces, como un ave de hilos entretejidos del más raro metal celeste, o un vino de plata que flotaba en una nave del espacio, perdida toda gravedad, llegó el solo de violín imponiéndose a las otras cuerdas, y alzó como una jaula de seda alrededor de mi cama. Aquí entraron la flauta y el oboe, como gusanos platinados, en el espeso tejido de plata y oro. Yo volaba poseído por mi propio éxtasis, oh hermanos. Pe y eme en el dormitorio, al lado, habían aprendido ahora a no clopar la pared quejándose de lo que ellos llamaban ruido. Yo les había enseñado. Ahora tomaban píldoras para dormir. Tal vez advertidos de la alegría que yo obtenía de mi música nocturna, ya las habían tomado. Mientras slusaba, los glasos firmemente cerrados en el éxtasis que era mejor que cualquier Bogo de synthemesco, entreví maravillosas imágenes. Eran vecos y ptitsas, unos jóvenes y otros starrios, tirados en el suelo y pidiendo a gritos piedad, y yo smecaba con toda la rota y descargaba la bota sobre los litsos. Y había débochcas desgarradas y crichando contra las paredes, y yo me hundía en ellas como una schlaga, y cuando la música, que tenía un solo movimiento, llegó a su total culminación, yo, tendido en mi cama con los glasos bien apretados y las rucas tras la golová, sentí que me quebraba, y spataba, y exclamaba aaaaah, abrumado por el éxtasis. Y así la bella música se deslizó hacia el final resplandeciente.

Después oí el hermoso Mozart, la Júpiter, y se presentaron otras imágenes de diferentes litsos que yo derribaba y pisoteaba, y después se me ocurrió que escucharía un disco más antes de cruzar la frontera, y me vino el deseo de algo starrio y fuerte y muy firme, de modo que elegí J. S. Bach, el Concierto de Brandeburgo, por las cuerdas medias y graves. Y slusando ahora con un éxtasis distinto del anterior, pude videar nuevamente el nombre en el papel que había rasreceado esa noche, hubiera dicho que mucho tiempo antes, en la casita llamada HOGAR. El nombre aludía a una naranja mecánica. Escuchando a J. S. Bach, comencé a ponimar mejor lo que significaba, y mientras slusaba la parda suntuosidad del starrio maestro alemán se me ocurrióque me hubiese gustado tolchocarlos más fuerte, a la ptitsa y al veco, y abrirlos en tiras allí mismo en el suelo de la casita.

Anthony Burgess, La naranja mecánica


¿Es realmente tan terrible?

En fin, winged seraph of heaven, seas quien seas: creo que esta vez lo has conseguido. Pobre Annabel Lee!


Gooble, gobble!

Hace un par de semanas, justo antes de que bajáramos media botella de Cointreau por la cara bonita y no pertenecer al canon actual, Lou nos preguntó a la otra María y a mí de qué hablábamos. Y se autorrespondió "de cine, de libros y de tíos, seguro". Y sí. Y por ese orden. Ese día veníamos de ver una obra de teatro basada en textos de Pessoa (que fue mejor, todavía, de lo que pintaba) por cortesía de mi profesor de Historia e Cultura Portuguesas (quien, por cierto, me puso un 7 por simpática; porque, por estudiar, no fue), yo empezaba las vacaciones y había dormido una hora. Claro, Cointreau mediante, salimos de allí a las seis y más de la mañana. También le dijimos que un día habíamos ido las dos allí a emborracharnos fuertemientre (como el principio del Cid) y estaba cerrado. Y que era una lástima porque era probable que acabáramos bailando desnudas encima de la barra o algo así. Creo que fue entonces cuando trajo el Cointreau, pero es posible que lo hubiera hecho antes. Ya nos habíamos tomado un par de cervezas y la conversación fue por ese orden pero terminó (como siempre) mezclando tíos con libros y películas. Y explicar la realidad mediante la ficción altera los ánimos.

Hoy no ha sido mi primer día de vacaciones, sino mi segundo día de trabajo. Y no ha habido obra de teatro basada en los heterónimos de Pessoa. Pero vengo de casa de María. De hablar de cine, de libros y de tíos. Aleatoriamente. Mucho de las tres cosas. Y con los ánimos alterados, claro. Aunque sin alcohol (nada es perfecto).

Antes me compré dos pósters porque soy así de consumista, a veces. Freaks y La naranja mecánica, la imagen del túnel. Y mañana vuelvo, a por El gabinete del doctor Caligari. Aprovechando que a mi señor progenitor le ha dado por pagarme la matrícula. Y que he encontrado un hueco con el que no contaba.

No sé si lo he dicho ya, pero La naranja es mi película favorita. No desde la infancia (en mi casa había una férrea censura: tampoco sé si he contado que soy hija de militar), pero sí desde la adolescencia. Aquella cinta grabada de otra cinta grabada del Canal + que me dejó Javi en su día. ¡Todo lo que debo a Javi en aquellos años de mi vida, joder! Y en los que vinieron después...

Así que estos son mis dos pósters nuevos:






Y van dos videos, uno de cada peli. El I'm singing in the rain y la fiesta después de la boda (es tarde y había demasiados, me saturé)





Buenas noches