domingo, 17 de febrero de 2013

Sí, he vuelto

Hace más de un año, en algo que parece otra vida después de la vida en Santiago que parece que haya vivido otra persona, en clase de francés, se hablaba de si era factible hacer amigos por internet. La mayor parte de mis compañeras de clase de francés eran au pairs más jóvenes que yo, casi todas germanófonas y me odiaban un poco porque de los dos machos de la clase, uno me hablaba por español y otro, que era suizo (alemán), se sentaba siempre conmigo y daba para unos hilarantes diálogos sobre l'amour y etc, temas preferidos de la profesora y el libro de texto. Odio eterno de las germanófonas que no entendían como yo, con mis pelos de loca, mi pésima fonética, mis tres mil kilos de más y mi encanto natural acaparábamos la atención del hombre con quien compartíamos (no es plural mayestático: incluyo los pelos, la fonética, los kilos, el encanto, etc) idioma y aquel (más alto, más joven, más rubio, con más pelo en la cabeza -difícil en un suizo que calvos no, pero tienen cuatro pelos- y menos pestañas) con quien lo compartían ellas. Que también me llevara bien con la canadiense les molestaba menos porque debían ser todas heterosexuales. 

El caso es que el día de la conversación de internet y los amigos, los chicos (y seguro que alguna germanófona -para mí eran intercambiables casi todas menos un par más simpáticas y otro par más odiosas y la suiza alemana-) no estaban y yo era, con mi pésima fonética y más que terrible gramática (que hacía que la profesora no me entendiera y las germanófonas aplicadas me odiaran porque cómo podía ser, hablando tan mal, que mi nivel de comprensión las cuatriplicara siendo generosa (para con ellas), la única que defendía la posibilidad de hacer amigos, de los de verdad, por internet y ellas las que decían que no, que internet estaba muy bien para comunicarse con los amigos con los que uno podría tomarse unas cañas pero en vez de eso, se queda en casa mirando la pantalla (esa lectura la hago yo, que soy mala) o con los que uno ha dejado lejos para irse de au pair a Suiza. Que también. Eso dicen. Yo lo hacía, a veces. Pero también he sacado, de aquí, gente con la que llevo hablando día a día, más de tres años. Y no quiero señalar a nadie que sea mexicano y con quien mantenga una bellísima historia de no-amor por no hablar de una aún más bella amistad y que me aguanta como me ha aguantado poca gente en la vida y a quien quiero como a poca gente de dentro y de fuera de la pantalla. 

Hay gente que lleva cinco años en mi vida virtual, entrando y saliendo según la presencia que tengamos ambos en las redes sociales en las que nos leemos, hay gente que ha salido de la pantalla, gente que me ha contado sus penas (y sus alegrías), gente a la que se las he contado yo y etc. 

Y luego está Juan Antonio, que además de proporcionarme una deliciosa comunicación epistolar todos estos años (con lagunas, pero todos estos años), ha escrito esto:

http://juanantoniobj.blogspot.com.es/2013/02/sepanlo-todos-meryone-ha-vuelto.html

Y a mí me ha encantado. 

Mis germanófonas de clase de francés no habrían hecho amigos por internet y dudo que sigan siendo amigas entre ellas pero, pues ellas se lo pierden.

Ni idea de qué fue del suizo alemán ni del frontalier que venían conmigo a clase: yo estaba demasiado ocupada haciendo amigos reales en la órbita de Ginebra y virtuales allá por México. 

Sean buenos. Sí, estoy en Ferrol. 

3 never more:

Juan Antonio dijo...

Y ahora "esa" ciudad es un poco más anarquizante (los dioses tutelares me protejan) y un mucho más adorable.


Dije que habías vuelto. No era del todo cierto. Ahora sí.

Besos y profiteroles.

Juan Antonio dijo...

No pierde un golem sus poderes en determinadas circunstancias? Los dioses no lo permitan, aunque a veces me asalta la duda.

B. L. dijo...

:O ¡Has vuelto! Yo también. O no.

Por cierto: Soy la Condesa, aquella rara del blog feminista que hablaba de prerrafealistas y de poemas de Rilke ;) Y era tan joven.