Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
ora a su afán ansioso, lisonjera;
mas no desotra parte, en la ribera
perderá la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo y Villegas
Quevedo (y tantos otros) fue causa de mi frustrado y frustrante paso por hispánicas. Más frustrante que frustrado y es probable que algún día retome las asignaturas que me quedan. Primero debería acabar portuguesa. Y entregar el TIT. Y aprender alemán, aunque eso se puede simultanear. Y preparar las oposiciones. Y de todo...
Pero es factible que algún día haga las ¿nueve? ¿diez? ¿ocho? asignaturas que, entre convalidaciones y cursadas, me quedan para hispánicas.
Hubo un tiempo en que me creí todo lo que contaba. Hubo otro en que quise ser quevedista. Vale, fue antes de empezar la carrera. Me desilusionó tanto la única asignatura de literatura española de primero! Casi tanto como me desilusionó (me desilusionaron mis profesores, más bien) la Teoría de la Literatura. Casi tanto como me gustó la Lingüística, contra todo pronóstico. Más, incluso de lo que me gustó la asignatura de Literatura Románica Medieval en la que me matriculé en segundo en lugar de en tercero porque "cuanto antes liquidara las de medieval, mejor". Uno no sabe las vueltas que da la vida. Hubo un tiempo en que quería hacer matemáticas. Luego, descubrí que me daban un título por leer. Me cambié de carrera para huir de las lenguas (de la sintaxis, de la morfología, de la fonética) y escogí románicas porque cabían más optativas. Optativas que iban a ser (en principio) todas de teoría de la literatura, de lingüística y de literaturas modernas y contemporáneas. En todas las lenguas imaginables. Poco me interesaba (creía yo, en realidad era lo que me había llamado siempre de la filología) la romanística. Poco. La literatura medieval, psche... me gustaba el romancero (a quién no?), las cantigas de amigo (a quién no?), el Arcipreste de Hita (a quién no?) y odiaba profundamente el Cid. No sé cuántas lecturas después, sigue sin convencerme. Menos desde que conozco la épica francesa. Pero la literatura, aún cuando medieval, seguía siendo literatura.
Y descubrí un mundo nuevo. Tan nuevo y tan fascinante, que necesito otra entrada para contarlo. Probablemente necesitaría otro blog.
Volviendo al soneto (mi soneto preferido, repito), está citado de memoria. Como me lo aprendí en la primera adolescencia. ¿Cómo me lo aprendí en la primera adolescencia? No (una pequeña aldea gala... son las horas, estoy freak). Casi como me lo aprendí en la primera adolescencia. En las primeras clases de Literatura, en las que parecía que nos estaban enseñando a ser filólogos para luego hablarnos de literatura pero el luego se quedó en una tediosa historia de la misma extraída directamente de los manuales de clase, nos contaron la trampa. Generaciones de críticos, de antologías, de todo transcribiendo los tres últimos versos en plural. No! El primero se refiere al alma, el segundo a las venas, el tercero a las médulas. Las venas y las médulas no dejarán el cuerpo. Cómo iban a dejarlo? Es sólo el alma la que lo hará. A su vez, ésta ni arderá ni será polvo.
Ay! Felices tiempos aquellos en que soñaba con ser filóloga de verdad! Ahora dicen que lo soy, pero yo no me lo creo del todo.
P.S. Acabo de recordar (y necesito dormir, casi digo lembrar) que no fue en las tediosas clases de Introducción a la Historia de la Literatura Española (con ese nombre!) sino en las más lentas y aburridas del primer cuatrimestre de Teoría de la Literatura. Y que ni siquier fue en clase (no podría olvidar la lentitud del profesor) sino en una de las primeras lecturas que hubo que hacer. Acabo de visualizarlo (y es igualito que el frutero de Amèlie, película que se estrenó aquel año) contando una anécdota paralela. El romance castellano "marinero de Tarpeya / a Roma como se ardía"... si en Tarpeya no hay mar! Mira Nero de Tarpeya...
Lectio facilior, siempre...
A veces pienso lo feliz que podría llegar a ser editando textos...
Otras lo que hubiera podido ser tener buenos profesores de Teoría de la Literatura.
Y, otras más, lo feliz que estoy con mi condición de romanista y sigo pensando que cambiar de carrera ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.
Buenas noches
P.S.2 Acabo de releer y, definitivamente, cuando tengo sueño no sé puntuar. La culpa la tiene la Edad Media.