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lunes, 30 de noviembre de 2009

Es grato oír el nombre que uno lleva

Los nudillos golpean los cristales
de un bar en una esquina. Hasta mí arriba
mi nombre que me busca entre la lluvia.

Es grato oír el nombre que uno lleva.

Es grato descubrir que uno aún importa.
Que importa a sus amigos que le llaman
cuando pasa uno andando por la calle.

José María Fonollosa



El título del post no es el del poema, sino parte de lo que recordaba de él. Es el poema 14 de Destrucción de la mañana, o eso dice internet. A Fonollosa no lo tengo.

domingo, 7 de junio de 2009

¿Estrenar una vida diferente?

WATER STREET

El mundo nos resulta ajeno, inhóspito.
Debiera ser destruido por completo.
Construir un mundo nuevo sin sus ruinas.

Y estrenar una vida diferente.

Pero al pasar el tiempo el nuevo mundo
tampoco hallarán propio nuevos hombres..
También ellos querrán un mundo nuevo.

Mejor fuera destruirlo y no hacer otro.

José María Fonollosa



Mejor, realmente... y eso que ando en una de las etapas más optimistas de los últimos años. Claro que el optimismo no quita la percepción de la realidad.

sábado, 2 de mayo de 2009

Fonollosa se niega a hacer sonetos

Fifth Avenue

Me niego a hacer sonetos. Su estructura
-dos anchos ataúdes de cuartetos
y otros dos más delgados de tercetos-
los muestra adustos, serios de figura.

O semejan barrotes de una dura
prisión de endecasílabos sujetos
por rimas consonantes; obsoletos
modelos del rigor. ¿Poesía pura?

Mayormente son versos preparados
a medida del molde y presentados
con un burdo remedo de la música.

Abjuro de sonetos donde sobra
o falta espacio para expresar la obra
en su justa extensión, la exacta, la única.

José María Fonollosa


Tengo debilidad por este tipo de sonetos. Desde Quevedo, tengo debilidad por los sonetos en general. Y digo desde Quevedo porque Petrarca, Dante y sus amigos llegaron después. Incluso Garcilaso llegó después. O Quevedo llegó antes. La cuestión es que le tengo cariño a lo de los dos cuartetos y dos tercetos. Yo, que aborrezco la métrica y contar sílabas casi tanto como la morfología y segmentar (falsamente) palabras.

Y en lugar de leer poesía en internet, debería irme a dormir.


sábado, 12 de julio de 2008

Recuerdos



BEDFORD STREET

Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo
en el segundo espacio intercostal».

«¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa
y señaló, risueña, un punto: «Aquí».

Algo debía de haber en aquel viaje
que lo hizo diferente. Más intenso.

Se veían más cosas. Ascendíamos
a inéditos sonidos y colores.

No había confusión. Hasta el detalle
más ínfimo nos era comprensible.

Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado.

Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico»

Sustituí su dedo por el mío
y apoyé allí el cuchillo suavemente.

Y lo empujé de súbito. No fuera
que cambiara de idea si iba lento.


José María Fonollosa



A Fonollosa lo leí en primero de carrera. Lo recuerdo perfectamente. Me lo dejó Iago, además de grabarme la cinta en que Albert Plá versionaba varias canciones. No lo había releído. Creo que primero (mi primero, al menos) puede tomarse como una prolongación de la adolescencia. La adolescencia que reivindico como soportable, quiero decir.

Fue el año de las huelgas, las manifestaciones y los encierros. El año más politizado de mi vida. El primer año que pasaba lejos de casa. El primero en que lo que llevaba esperando toda mi vida me defraudaba (la Universidad me ha defraudado mucho más de lo que pueda expresar en palabras, pese a que siga en ella). El primer año de las crisis vocacionales. Un año de tantas y tantas cosas. El año de no estudiar nada y aprobar todo. El año de salir todos los días (nunca volví a beber tanto).

Y Fonollosa es una de las cosas (como muchos amigos, como tantas películas, tantos libros, tantas cosas) que han quedado de aquel año.

Me gusta. Me gustaba el cinismo por aquella época. Me parece una manera lúcida de sobrevivir.

Y me temo que de eso se trate. De sobrevivir.