Fifth Avenue
Me niego a hacer sonetos. Su estructura
-dos anchos ataúdes de cuartetos
y otros dos más delgados de tercetos-
los muestra adustos, serios de figura.
O semejan barrotes de una dura
prisión de endecasílabos sujetos
por rimas consonantes; obsoletos
modelos del rigor. ¿Poesía pura?
Mayormente son versos preparados
a medida del molde y presentados
con un burdo remedo de la música.
Abjuro de sonetos donde sobra
o falta espacio para expresar la obra
en su justa extensión, la exacta, la única.
José María Fonollosa
Tengo debilidad por este tipo de sonetos. Desde Quevedo, tengo debilidad por los sonetos en general. Y digo desde Quevedo porque Petrarca, Dante y sus amigos llegaron después. Incluso Garcilaso llegó después. O Quevedo llegó antes. La cuestión es que le tengo cariño a lo de los dos cuartetos y dos tercetos. Yo, que aborrezco la métrica y contar sílabas casi tanto como la morfología y segmentar (falsamente) palabras.
Y en lugar de leer poesía en internet, debería irme a dormir.