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martes, 30 de junio de 2009

A una hora de las vacaciones

A una hora de las vacaciones y de una en absoluto envidiable intensidad académica (si es que cuando eres pequeño y te dicen que compensa estudiar durante el curso para no tener que quedarte sin vacaciones, tienen razón), a cuatro días (y un poquito) de cumplir los veintiséis, minutos después de haber enviado la primera versión definitiva de mi famoso y odioso lemario, os dejo a Marlene cantando "Luar do Sertão". (¡Ay!)

La letra de la original es más larga.





Não há, ó gente, ó não
Luar como este do sertão...
Não há, ó gente, ó não
Luar como este do sertão...

Se a lua nasce por detrás da verde mata
Mais parece um sol de prata prateando a solidão
A gente pega na viola que ponteia
E a canção é a lua cheia a nos nascer no coração

Não há, ó gente, ó não
Luar como este do sertão...
Não há, ó gente, ó não
Luar como este do sertão...

También os regalo la última imagen de Marlene que encontré. (Otro ¡ay!) Para compensar que las vacaciones no son reales y no puedo dejar a la sirenita de Waterhouse.



No sé hasta que punto mi intensa vida académica va a ser compatible con el blog. Dependiendo de lo intenso que sea el ocio paralelo, como siempre. Probablemente más de una entrada sobre caballeros y doncellas caiga, me temo.

sábado, 9 de mayo de 2009

Meryone

Meryone va a cumplir veintiséis años, pero a veces se comporta como si tuviera quince. Meryone en realidad se llama María pero casi todo el mundo la llama o Mery o Meryone. Mery o Meryone con e, no con a. Mary con a era su madre. Maryone, sencillamente no existe.

Meryone es bipolar, ciclotímica y hostiable por momentos, como pone su perfil. También es patosa, tiene el pelo rizado, los ojos azules y unos cuantos kilos de más. La nariz grande pero no aguileña (algo que siempre le ha resultado frustrante) y pecas. Unos cuantos complejos de los cuales ninguno es físico (puede superar lo de la nariz no-aguileña y los ojos azules y no tiene nada en contra de las redondeces femeninas), amor por la literatura e ignorancia supina en temas de Geografía. Algo auténticamente vergonzoso. Le gustan las palabras y bañarse en el mar. Los vampiros y el terror sobre cualquier cosa.

Meryone es de esas mujeres que "no se visten, se tapan" y que raras veces se maquillan. Hace muchos años que no se pone tacones y le hace daño prácticamente todo en los pies. "No se viste, se tapa" o, como dijo una tía suya en cierta ocasión, "no se arregla: se boicotea". A veces se pinta los ojos muy de negro; otras veces se pone pendientes. Hubo un tiempo en que tenía nueve, de los cuales siete eran imperdibles. Llevó durante muchos años una flor pintada en la cara que todo el mundo pensaba que era un tatuaje. No sólo no fue idea original sino que fue una emulatio de una amiga que llevaba una estrella (también hubo quien pensó que eran hermanas, por no se sabe qué extraño mecanismo mental). No se peina. Se desenreda el pelo cuando está mojado, le echa un puñado de espuma y sale a la calle. Lo normal (una vez seco) es una melena leonina, pero que unos días está mejor que otros. Ahora mismo la melena leonina es pelirroja prerrafaelista (o eso fue lo que le pidió a la peluquera, libro de Waterhouse en mano), pero lo normal es que sea de ese castaño del que se quedan los pelos que fueron muy muy rubios.

Meryone tiene un blog en el que es adolescente y que tiene título de primer verso de Poe. También tiene un fotolog, un facebook y un tumblr con título de nínfula de último poema de Poe. Meryone tiene una obsesión un tanto enfermiza con Poe y el terror desde que era pequeña. También le gusta el gore y aplaude y pega saltos en el sofá cuando a alguien se le salen las tripas o echa chorros de sangre y sufre tremendamente cuando matan a la mascota. Le gusta la lucha libre (no se mueve por verla, pero se queda pegada a la tele si por casualidad la descubre) y las hostias con coreografía. Su película favorita es La naranja mecánica. También le gusta el Hollywood clásico (mucho) y el cine mudo. Y la nouvelle vague. Y lo que su dentista llama "cine de cineclub" y el resto de los mortales "cine de autor". El boom de la literatura hispanoamericana, el modernismo brasileiro, el XIX europeo que no sea español (salvo La Regenta y un par de cosas más), las lenguas que derivan del latín y los escritores que te hacen paladear las palabras. Ponerse margaritas en el pelo cuando empiezan a salir por todas partes y los primeros días en que es posible ponerse sandalias. Los cuadros prerrafaelistas y los romans artúricos medievales. Y Munch. Munch es su pintor favorito.

Hay días que Meryone llora por todo; hay días que Meryone parece estar pidiendo a gritos que le den una hostia para que se calle ya; hay días que Meryone aplaude y pega saltos por cualquier tontería. Hay días que no quiere ver a nadie y hay días que le cae bien toda la humanidad. La mayor parte de los días sólo querría ver a algunas personas.

A Meryone le gustan los cantautores, el rock clásico y no tan clásico (con todo lo que puede llegar a abarcar), Sabina (que no es exactamente un cantautor) y Marlene Dietrich. Marlene Dietrich es la única mujer por la que Meryone (que es heterosexual) podría cruzar la calle y cambiar de acera. Claro que está muerta. La mayor parte de los seres que Meryone admira están muertos. No lo busca, sucede. Algunos escritores vivos reverencia. A Bryce antes del Planeta. A Phillip Roth. A Panero (hijo). A Sabato. A Saramago. Y a alguno más. No reverencia grupos sino canciones y, según, películas o directores. O ambas cosas.

También le gusta la cerveza, la ginebra, el whisky y hablar con María de libros en los sillones del Rock-a-Hula. Estar en el Rock-a-Hula en general. Que Lou toque canciones de Elvis o los conciertos de los Megaloves. Los cócteles del Rock-a-Hula. La bombilla roja. Las faldas de vuelo cuando llega el tiempo de las sandalias y las margaritas. Bañarse desnuda. El té. El chocolate muy negro. Acariciar a Folerpa y que ronronee. Tocar la punta de la nariz de la gente como saludo cariñoso. Que le toquen la cabeza (sólo cuando lleva el pelo seco). Las conversaciones donde el grado de estupidez va subiendo. Reírse de cosas como "estoy harta de que me reconquisten: no soy la península". Hacer bibliomancia.

Jose. Jose es el que no es su novio, lleva sin serlo unos trece años y seguirá sin serlo de por vida, pero todo el mundo se empeña en que sí. En que sí lo es, en que sí tiene que serlo, en que algún día lo será. Le gusta estar con Jose y dar vueltas en su coche y berrear canciones horteras. O tirarse en su sofá a no hacer nada pero hablar. O hablar horas con él por teléfono. O loquearlo cada vez que viene a verla.

Meryone se ha enamorado platónicamente (platónicamente de verdad) dos veces y no quiere volver a hacerlo. Una hace ya muchos años de alguien que sigue siendo su amigo y otra hasta hace uno de alguien con quien sigue teniendo más o menos el mismo trato. Salvo esas dos veces (en las que el enamoramiento quedó sin resolver) tiene fobia a las relaciones y los compromisos. No vale para "novia de" y no le desea a nadie ser su pareja. Cree firmemente en el sexo sin amor y está con Borges en lo de esconderse o huir cuando el amor aparece por la puerta. A ser posible, las dos cosas (primero huir y luego esconderse: al revés es complicado).

Hubo un tiempo muy lejano en que Meryone quería escribir. Claro que era adolescente (o pre-adoescente) y el convencimiento de que iba a hacer todo aquello que le diera la gana. El "cuando sea mayor". A los veinticinco también iba a tener carnet de conducir (no lo tiene) y, según a que edad se lo planteara, seguro que niños. Acaba de recorrerla un escalofrío al pensar en lo de los niños.

Ahora Meryone sólo escribe en el blog (en el que, por cierto, escribe poco: suele poner textos de otros) y en algún que otro e-mail. También debería estar escribiendo un TIT sobre el caballero entre dos damas en varios romans artúricos en verso y seguro que su tutor se está planteando seriamente asesinarla si no lo hace. Pero no arranca. Cuando arranque, arrancará de verdad, siempre le pasa. La literatura artúrica es el penúltimo gran descubrimiento (de los grandes entusiasmos) de Meryone. Antes fueron Sobre héroes y tumbas, Bryce Echenique, el siglo XIX, Poe, el terror (en orden inverso). El último fue Phillip Roth. Todas las demás cosas que le gustan a Meryone son prescindibles, incluídas la pintura (que no sea del XIX) y el cine. Todas no: el mar tampoco. El Bryce de El huerto de mi amada para delante, también. Sin terror, sin la novela de Sabato, sin Arturo, sin el señor Roth, sin las manifestaciones culturales del XIX (que no olvidemos que empezó en el XVIII y terminó en el XX), Meryone moriría lenta y lánguidamente de tristeza. De carencias. Meryone también es muy melodramática, como buena amante del XIX.

Años antes de descubrir que le daban un título por leer y cuando todavía consideraba escribir como la única opción posible, Meryone quería estudiar Matemáticas. Las Matemáticas eran lo que más le gustaba en el colegio y la lengua lo que menos. Claro que la vida da vueltas y está licenciada en Filología Románica, una de esas carreras tremendamente minoritarias que nadie conoce. O que nadie recuerda.

Meryone es de izquierdas como buena adolescente y de vez en cuando lo cuenta en el blog. Su DNI pone en alguna parte algo de "nacionalidad española" pero nunca se ha creído mucho lo de tener que pertenecer a una nacionalidad y no tiene demasiado claro que exista la española. Vive en el mundo y, en todo caso, es gallega. Aunque nació en Mallorca por casualidad. Aborrece toda bandera que no sea rojinegra, del arcoiris (paciflori o gay, le resulta indiferente) o con una calavera y unas tibias cruzadas. En todo caso, forzando mucho, a sereia de Castelao que pone "Denantes mortos que escravos". Es hija, hermana, nieta y así hasta Adán de militares, por cierto. No descarta terminar por ser tía, dado como le está sentando Madrid a sus sobrinos. Tiene un hermano que como mínimo tira a la derecha y otro que también es anarquista. Físicamente parece más hermana del primero. En todo lo demás, del segundo. Tanto que hay muchas cosas a las que llegaron por separado. El segundo es responsable de una parte muy importante de sus lecturas y, en menor medida, películas o música pero a veces descubren una obsesión común que no se sabía. Creció pensando que su hermano era comunista. Pataleó cuando se enteró de que conocía a Phillip Roth y (según ella) no le había contado nada. Leyeron a la vez Moby Dick (y seguro que él también gritaba "por allí resopla" sin venir al caso) hace cosa de un año. Los dos por primera vez íntegro, pese a haber leído docenas de veces versiones resumidas. Como todo el mundo. Muerte a los que resumen los clásicos para que los lean los adolescentes. A veces a uno no le gustan cosas que la otra venera y viceversa. Antonioni, por ejemplo. O Borges. Antonioni no le gusta a él, Borges no le gusta a ella.

Como su hermano es biólogo y le lleva los suficientes años para estar haciendo la carrera cuando ella era pequeña y llevarla a buscar insectos, le entusiasman los documentales de después de comer en la 2. Sólo los ve en casa de su padre, pero no sería la primera vez (ni será la última) que baja más tarde a la playa por quedarse a ver terminar el documental. Sus animales favoritos (y es incapaz de establecer prioridades: varia según el día) son murciélagos y tiburones. Nunca ha entendido la necesidad de tener como favorito un animal que se pueda tener como mascota ni la manía de preferir delfines a tiburones. Los delfines son más simpáticos, pero los tiburones son infinitamente más bonitos. Y en eso se basa la elección del animal favorito, ¿no? Si alguien ha elegido animal favorito más allá de los diez años (quien dice diez dice doce o dice ocho) no sé qué criterios habrá seguido, pero a la edad normal, los animales gustan por bonitos.

Meryone tiene media docena de amigos que merecerían el cielo por soportarla si el cielo existiera. Y otros que no la soportan tanto, pero bien les llega. Y colegas derivados de muchos años en una residencia y muchas horas en la cafetería de una facultad y mucha gente con la que ha compartido borracheras durante los tiempos de la residencia y la facultad. Borracheras o conversaciones. También tiene libros y una guitarra que hace mucho tiempo que no toca. Películas y discos tiene menos.

Meryone odia la ciudad en la que creció.

Meryone, en resumen, es adolescente y lleva no se sabe cuánto rato escribiendo tonterías que quien la conoce ya sabe y a quien no, no le interesan demasiado, para actualizar el blog así que ya está bien.

PS. Aclaremos: el enamoramiento no fue de Jose.

PS.2. Ya que estamos, incluso os dejo dos fotos de este año. Una (en la que salgo bien) tirada en la cama, con la cámara del ordenador (que hace fotos maravillosas). Otra con la invitación de boda de Javi. Señalar que poso en la que está en color y no lo hago en la que está en blanco y negro, aunque parezca que es al revés. También debe ser la única foto de mi vida en la que salgo bien. Y la del DNI, que ya tiene unos cuantos, pero salgo con la flor bien pintada, no como la otra, en la que ya no tenía práctica y me la pinté porque estaba en una cena en la que todo el mundo decía que sin flor no era yo.








Y aquí sí se termina mi arrebato adolescente. Por lo menos hasta el mes que viene.

Joder, qué mal salgo en la segunda foto. Qué mal salgo en todas las fotos de ese día.

lunes, 23 de febrero de 2009

Titularía esto como "de re varia" si "de re varia no fuera ya una etiqueta"



Knut Ekwall


Pasé toda la infancia queriendo ser sirena para poder vivir siempre en el agua. Que tuviera siete u ocho años cuando Disney violó a Andersen puede tener algo que ver. Podría hablar mucho del daño que hizo Disney a la literatura y del que nos hizo a todos (y a todas), pero siempre hay quien viene a decir "¡pero las películas son tan bonitas!". Sí, yo también tengo cinco años mentales y a mí también me parecen bonitos los cuentos de hadas. Cuando tengo la regla y necesito inyectarme el chocolate en vena en lugar de comerlo como todo el mundo, pero los tengo. Sí, si andan mis sobrinos por casa (o yo en la suya) y cae un Disney, confieso que sí que lo veo. Que sí que lo disfruto. Que voy a los estrenos de Pixar sistemáticamente. Que de pequeña lloré con la muerte de la madre de Bambi, como todo el mundo. Claro. Pero si Bambi era un relato verdaderamente cruel que Disney convirtió en el de un tierno cervatillo huérfano, yo me lo perdí. Sé que se cargaron (fuera de los dibujos) uno de mis libros favoritos de infancia: El león, la bruja y el armario. Destrozaron Hamlet y El jorobado de Notre-Dame antes de que tuviera edad para leerlos.

Me subleva que Wendy sea casi simpática y que Campanilla no sea fatale. Por no mencionar que Peter no hace prácticamente nada más que aparecer en la ventana y luchar contra los piratas. Que todos los demás personajes simplemente pasaban por allí. Por no hablar de lo que le hicieron a Arturo, a Merlín, a Excalibur y, de paso, a toda la Edad Media.

Pusieron un final feliz a "La sirenita" de Andersen (y alguien que pone un final feliz a Andersen merece arder para siempre en las llamas del infierno); hicieron que de Blancanieves, La Bella Durmiente, La Cenicienta y demás sólo nos quedáramos con que algún día vendría un príncipe, sería muy guapo y nos cambiaría la vida y se rumoreó, hace muchos, muchos años, que pretendían adaptar Aida.

Pero lo que nunca les perdonaré es que convirtieran a la nínfula de ocho años que enloqueció a un profesor de matemáticas tímido, cojo y bastante raro en una insulsa y hostiable criatura rubia que más que incitar a la lectura freudeana del País de las Maravillas, nos provoca gritar "¡que le corten la cabeza!" refiriéndonos a Walt. ¿Por qué? ¿Por qué las nínfulas? ¿No te llegaba, cabrón, con quitarnos a Shakespeare? ¿Con eliminar la tragedia de Ofelia porque la puta leona no sólo no enloquece y no se suicida sino que retoza con el otro media película y seguro que tienen leoncitos y lo he olvidado? No, tenías que convertir a Alice Liddell en una barbie en formato infantil, con su delantal impecable. De los ojos y las greñas de la foto de vagabunda que le sacó el propio Carrol a esa melena tan rubia, tan lacia, tan... grrrrrrrrrrrrrrrr

Podemos seguir suavizando cosas. Todavía nadie le ha contado a los niños Anna Karenina. Puede volver a ser feliz con su marido en lugar de tirarse al tren. Si mis sobrinos tienen una película de dibujos (y esta vez no fue la Disney) sobre Tristán e Iseo (Tristán e Isolda se llama, claro: antes de Wagner no hay nada) en la que Marco y sus orejas de burro se van al carajo y Tristán e Iseo son dos "novios" que van por los bosques en busca de aventuras, todo es posible. Sí, señores. Tristán e Iseo no huyen al bosque, Marco no los encuentra y los perdona porque no sale. No hay leprosos que quieran aliviar su lujuria con la adúltera. No hay harina ensangrentada ni un filtro de amor para que Iseo se enamore del que será su marido y que bebe con su sobrino (de él) por error. No. El adulterio que conmocionó a la Edad Media, convertido en una puta peli para críos. Supongo que habrá juglares dando volteretas y trovadores con mallas, pero sé que ninguno es Tristán para ver a la Rubia. Que no mueren por culpa de la otra, con la que siempre simpatizo. No. Van por el bosque y corren aventuras. Joder. Joder, joder, joder.

Bien. Respiro hondo. No sé por dónde voy ni por qué he empezado. Las sirenas, claro. De pequeña quería ser sirena. Me encanta el mar y me encanta estar en el agua.

También hubo un tiempo (y que tuviera una amiga con ese nombre y estuviera a punto de caer para siempre en las garras de la Edad Media influye mucho) en que decía que si algún día tenía una hija, quería llamarla Iseo.

Ahora tengo cada día un poco más claro que no quiero tener una hija y dicen que dicen que Iseo anda por el mundo adelante estudiando Antropología. Entonces teníamos dieciocho años, íbamos en la misma clase y me quedaba a dormir en su casa un par de veces a la semana.

Y no, no sé cómo he derivado a esto, pero me voy a dormir. Antes de borrar todo y escribir lo que fuera que iba a escribir al principio, cuando descubrí el cuadro.

P.S. Que lo mío sea la literatura artúrica y los cuentos de hadas de verdad es pura coincidencia, claro.

Y antes de darle a publicar, la foto de Alice. Ocho años y esos ojos. No es justo que la dibujaran rubia, no lo es.



viernes, 17 de octubre de 2008

Las ventajas del glamour...

(y no olvidemos que el glamour es lo relativo a las hadas*)

Del glamour, de la ciclotimia y del frikismo. Por este orden. O por el inverso, más bien.

Van a dar las dos de la mañana y en cinco horas suena el despertador (ay!!). Acabo de llegar y la vida empieza a ir mejor. O eso parece.

Empezó a ir mejor a las nueve de la noche, cuando entré en un Gadis a comprar un zumo y algo más para cenar en casa de María y vi un montón de películas a cinco euros. Entre la mierda de rigor (mucha), me vendieron tres trozos de infancia. Sí. A cinco euros (4'90) cada uno. La novia de Frankenstein, Frankenstein y el Hombre Lobo y La mansión de Frankenstein; las delicias de quien ha crecido viendo Alucine los viernes por la noche en la 2. Y no olvidemos que Alucine empezó poniendo la Universal y, cuando se les terminó, pusieron la Hammer. Tres películas de terror de infancia. Tres! Y de la Universal...

Pero seguimos. A eso de las once y media se nos fue la pelotita y decidimos ir a tomar una cerveza. Además, teníamos boletos para el sorteo de un fin de semana en un balneario por el primer aniversario de La Taquilla como tal. No, no nos tocó, porque no fuimos. Estaba lleno y es jueves por la noche. Como que no. Pero fuimos (ya es tradición) a encontrarnos el Rock-a-Hula cerrado y fumarnos un cigarro fuera, maldiciendo nuestra suerte. Y no es que estuviera abierto, pero en el bar había luz y nosotras tenemos glamour. Y nos dejaron entrar. Nos dejaron entrar, nos invitaron a dos cervezas, nos contaron de las reformas (y más cosas) y Lou me trajo a casa. Ahora mismito.

El Hula sigue cerrado (aunque el plan es abrir mañana), pero nosotras allí estábamos, acodadas entre herramientas en la barra, con Lou y Juan, el habitual más habitual (o esa impresión me da a mí, que lo veo siempre que voy), hablando de un factible ciclo de cine de terror (sí!!!) y otros de más cosas, ahora que hay tele y DVD.

Creo que el mundo ha dejado de derrumbarse a mi alrededor. Al menos esta semana.

Y la semana que viene, tenemos el coloquio en el Piñeiro, así que no tendré mucho tiempo para que se derrumbe.

Además, los carteles nuevos tienen foto de disco de Crazy Cavan (que no he encontrado a un tamaño razonable para poner aquí) y Lou dijo que iba a intentar traerlos (!).

Queda Wildest cat on town. Que va a ser que no es la señorita Edgar Allan, también conocida como Folerpa.

Y, ya que estamos, la última foto que le saqué a Folerpa, ya crecida y sin mí detrás. Nuevamente con la cámara del ordenador. Más guapa, ella!

Y para quien que no crea en su crecimiento, otra de la misma noche que la primera. Lo de detrás, con un ojo tapado y cara de "no quiero salir, no quiero salir, no quiero salir!" soy yo, otra vez. La gata brilla porque no había luz en el salón por aquella época. Por eso hay, también, sombras inquietantes de las plantas en la pared. Y yo no tengo glamour porque estoy en pijama, que si no...







* y no olvidemos tampoco el origen medieval de las hadas, que tiene poco que ver con las amigas de Peter Pan en los jardines de Kengsinton... un hada medieval era básicamente una femme fatale. Viviana, la que encierra a Merlín en la torre de aire o en la cueva, según la versión, tras haberle sacado todos sus conocimientos; Morgana, la hermana de Arturo; Laudine, la mujer de Yvain. Y tantas otras...

Y no, para ser hada no hacía falta ser chica de portada de revista. Eran las únicas doncellas que no eran necesariamente o terriblemente guapas o espantosamente feas (y malvadas) en la narrativa artúrica. Otro punto para ellas.

Siempre quise ser Viviana y aprender todo de Merlín y encerrarlo en la torre de aire, en la versión con visitas y demás. Siempre quise un Merlín. Quién quiere un silfo pudiendo liarse con Merlín?

Bien! El TIT se acerca: hoy lo he matriculado y ya pongo notas al pie en las entradas del blog...

Y yo salgo de mi crisis siendo dispersa, como siempre. Tampoco es una mala señal.

Voy a dormir YA.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Nunca pensé que fuera a hacer esto...



Esta es Folerpa Edgar Allan. El ser ojeroso de detrás, con casi tanta cara de susto como ella (me encanta la cara de susto que tiene la gata, aunque es mucho más guapa) soy yo, evidentemente. Estoy diciendo "venga, gatita, mira para ahí que te va a sacar una foto". O algo por el estilo. Medio segundo antes (tiene una cuenta atrás de segundos) estaba con la pata levantada hacia el ordenador. Sí, encima la foto tiene el honor de ser la primera foto sacada con la cámara de mi maravilloso Mac, que aún no me creo que vive conmigo y eso que va para tres meses... No soy aficionada a hacer fotos y menos a salir en ellas. Menos aún a colgarlas en la red. Pero se me cae la baba con la gata. Y tenía que robarle un cachito de alma (y robármela a mí) para enseñarla al mundo...

Ayer, a eso de las once de la noche.