Meryone va a cumplir veintiséis años, pero a veces se comporta como si tuviera quince. Meryone en realidad se llama María pero casi todo el mundo la llama o Mery o Meryone. Mery o Meryone con e, no con a. Mary con a era su madre. Maryone, sencillamente no existe.
Meryone es bipolar, ciclotímica y hostiable por momentos, como pone su perfil. También es patosa, tiene el pelo rizado, los ojos azules y unos cuantos kilos de más. La nariz grande pero no aguileña (algo que siempre le ha resultado frustrante) y pecas. Unos cuantos complejos de los cuales ninguno es físico (puede superar lo de la nariz no-aguileña y los ojos azules y no tiene nada en contra de las redondeces femeninas), amor por la literatura e ignorancia supina en temas de Geografía. Algo auténticamente vergonzoso. Le gustan las palabras y bañarse en el mar. Los vampiros y el terror sobre cualquier cosa.
Meryone es de esas mujeres que "no se visten, se tapan" y que raras veces se maquillan. Hace muchos años que no se pone tacones y le hace daño prácticamente todo en los pies. "No se viste, se tapa" o, como dijo una tía suya en cierta ocasión, "no se arregla: se boicotea". A veces se pinta los ojos muy de negro; otras veces se pone pendientes. Hubo un tiempo en que tenía nueve, de los cuales siete eran imperdibles. Llevó durante muchos años una flor pintada en la cara que todo el mundo pensaba que era un tatuaje. No sólo no fue idea original sino que fue una
emulatio de una amiga que llevaba una estrella (también hubo quien pensó que eran hermanas, por no se sabe qué extraño mecanismo mental). No se peina. Se desenreda el pelo cuando está mojado, le echa un puñado de espuma y sale a la calle. Lo normal (una vez seco) es una melena leonina, pero que unos días está mejor que otros. Ahora mismo la melena leonina es pelirroja prerrafaelista (o eso fue lo que le pidió a la peluquera, libro de Waterhouse en mano), pero lo normal es que sea de ese castaño del que se quedan los pelos que fueron muy muy rubios.
Meryone tiene un blog en el que es adolescente y que tiene título de primer verso de Poe. También tiene un fotolog, un facebook y un tumblr con título de nínfula de último poema de Poe. Meryone tiene una obsesión un tanto enfermiza con Poe y el terror desde que era pequeña. También le gusta el gore y aplaude y pega saltos en el sofá cuando a alguien se le salen las tripas o echa chorros de sangre y sufre tremendamente cuando matan a la mascota. Le gusta la lucha libre (no se mueve por verla, pero se queda pegada a la tele si por casualidad la descubre) y las hostias con coreografía. Su película favorita es
La naranja mecánica. También le gusta el Hollywood clásico (mucho) y el cine mudo. Y la
nouvelle vague. Y lo que su dentista llama "cine de cineclub" y el resto de los mortales "cine de autor". El boom de la literatura hispanoamericana, el modernismo brasileiro, el XIX europeo que no sea español (salvo
La Regenta y un par de cosas más), las lenguas que derivan del latín y los escritores que te hacen paladear las palabras. Ponerse margaritas en el pelo cuando empiezan a salir por todas partes y los primeros días en que es posible ponerse sandalias. Los cuadros prerrafaelistas y los romans artúricos medievales. Y Munch. Munch es su pintor favorito.
Hay días que Meryone llora por todo; hay días que Meryone parece estar pidiendo a gritos que le den una hostia para que se calle ya; hay días que Meryone aplaude y pega saltos por cualquier tontería. Hay días que no quiere ver a nadie y hay días que le cae bien toda la humanidad. La mayor parte de los días sólo querría ver a algunas personas.
A Meryone le gustan los cantautores, el rock clásico y no tan clásico (con todo lo que puede llegar a abarcar), Sabina (que no es exactamente un cantautor) y Marlene Dietrich. Marlene Dietrich es la única mujer por la que Meryone (que es heterosexual) podría cruzar la calle y cambiar de acera. Claro que está muerta. La mayor parte de los seres que Meryone admira están muertos. No lo busca, sucede. Algunos escritores vivos reverencia. A Bryce antes del Planeta. A Phillip Roth. A Panero (hijo). A Sabato. A Saramago. Y a alguno más. No reverencia grupos sino canciones y, según, películas o directores. O ambas cosas.
También le gusta la cerveza, la ginebra, el whisky y hablar con María de libros en los sillones del Rock-a-Hula. Estar en el Rock-a-Hula en general. Que Lou toque canciones de Elvis o los conciertos de los Megaloves. Los cócteles del Rock-a-Hula. La bombilla roja. Las faldas de vuelo cuando llega el tiempo de las sandalias y las margaritas. Bañarse desnuda. El té. El chocolate muy negro. Acariciar a Folerpa y que ronronee. Tocar la punta de la nariz de la gente como saludo cariñoso. Que le toquen la cabeza (sólo cuando lleva el pelo seco). Las conversaciones donde el grado de estupidez va subiendo. Reírse de cosas como "estoy harta de que me reconquisten: no soy la península". Hacer bibliomancia.
Jose. Jose es
el que no es su novio, lleva sin serlo unos trece años y seguirá sin serlo de por vida, pero todo el mundo se empeña en que sí. En que sí lo es, en que sí tiene que serlo, en que algún día lo será. Le gusta estar con Jose y dar vueltas en su coche y berrear canciones horteras. O tirarse en su sofá a no hacer nada pero hablar. O hablar horas con él por teléfono. O loquearlo cada vez que viene a verla.
Meryone se ha enamorado platónicamente (platónicamente de verdad) dos veces y no quiere volver a hacerlo. Una hace ya muchos años de alguien que sigue siendo su amigo y otra hasta hace uno de alguien con quien sigue teniendo más o menos el mismo trato. Salvo esas dos veces (en las que el enamoramiento quedó sin resolver) tiene fobia a las relaciones y los compromisos. No vale para "novia de" y no le desea a nadie ser su pareja. Cree firmemente en el sexo sin amor y está con Borges en lo de esconderse o huir cuando el amor aparece por la puerta. A ser posible, las dos cosas (primero huir y luego esconderse: al revés es complicado).
Hubo un tiempo muy lejano en que Meryone quería escribir. Claro que era adolescente (o pre-adoescente) y el convencimiento de que iba a hacer todo aquello que le diera la gana. El "cuando sea mayor". A los veinticinco también iba a tener carnet de conducir (no lo tiene) y, según a que edad se lo planteara, seguro que niños. Acaba de recorrerla un escalofrío al pensar en lo de los niños.
Ahora Meryone sólo escribe en el blog (en el que, por cierto, escribe poco: suele poner textos de otros) y en algún que otro e-mail. También debería estar escribiendo un TIT sobre el caballero entre dos damas en varios
romans artúricos en verso y seguro que su tutor se está planteando seriamente asesinarla si no lo hace. Pero no arranca. Cuando arranque, arrancará de verdad, siempre le pasa. La literatura artúrica es el penúltimo gran descubrimiento (de los grandes entusiasmos) de Meryone. Antes fueron
Sobre héroes y tumbas, Bryce Echenique, el siglo XIX, Poe, el terror (en orden inverso). El último fue Phillip Roth. Todas las demás cosas que le gustan a Meryone son prescindibles, incluídas la pintura (que no sea del XIX) y el cine. Todas no: el mar tampoco. El Bryce de
El huerto de mi amada para delante, también. Sin terror, sin la novela de Sabato, sin Arturo, sin el señor Roth, sin las manifestaciones culturales del XIX (que no olvidemos que empezó en el XVIII y terminó en el XX), Meryone moriría lenta y lánguidamente de tristeza. De carencias. Meryone también es muy melodramática, como buena amante del XIX.
Años antes de descubrir que le daban un título por leer y cuando todavía consideraba escribir como la única opción posible, Meryone quería estudiar Matemáticas. Las Matemáticas eran lo que más le gustaba en el colegio y la lengua lo que menos. Claro que la vida da vueltas y está licenciada en Filología Románica, una de esas carreras tremendamente minoritarias que nadie conoce. O que nadie recuerda.
Meryone es de izquierdas como buena adolescente y de vez en cuando lo cuenta en el blog. Su DNI pone en alguna parte algo de "nacionalidad española" pero nunca se ha creído mucho lo de tener que pertenecer a una nacionalidad y no tiene demasiado claro que exista la española. Vive en el mundo y, en todo caso, es gallega. Aunque nació en Mallorca por casualidad. Aborrece toda bandera que no sea rojinegra, del arcoiris (paciflori o gay, le resulta indiferente) o con una calavera y unas tibias cruzadas. En todo caso, forzando mucho,
a sereia de Castelao que pone "Denantes mortos que escravos". Es hija, hermana, nieta y así hasta Adán de militares, por cierto. No descarta terminar por ser tía, dado como le está sentando Madrid a sus sobrinos. Tiene un hermano que como mínimo tira a la derecha y otro que también es anarquista. Físicamente parece más hermana del primero. En todo lo demás, del segundo. Tanto que hay muchas cosas a las que llegaron por separado. El segundo es responsable de una parte muy importante de sus lecturas y, en menor medida, películas o música pero a veces descubren una obsesión común que no se sabía. Creció pensando que su hermano era comunista. Pataleó cuando se enteró de que conocía a Phillip Roth y (según ella) no le había contado nada. Leyeron a la vez
Moby Dick (y seguro que él también gritaba "por allí resopla" sin venir al caso) hace cosa de un año. Los dos por primera vez íntegro, pese a haber leído docenas de veces versiones resumidas. Como todo el mundo. Muerte a los que resumen los clásicos para que los lean los adolescentes. A veces a uno no le gustan cosas que la otra venera y viceversa. Antonioni, por ejemplo. O Borges. Antonioni no le gusta a él, Borges no le gusta a ella.
Como su hermano es biólogo y le lleva los suficientes años para estar haciendo la carrera cuando ella era pequeña y llevarla a buscar insectos, le entusiasman los documentales de después de comer en la 2. Sólo los ve en casa de su padre, pero no sería la primera vez (ni será la última) que baja más tarde a la playa por quedarse a ver terminar el documental. Sus animales favoritos (y es incapaz de establecer prioridades: varia según el día) son murciélagos y tiburones. Nunca ha entendido la necesidad de tener como favorito un animal que se pueda tener como mascota ni la manía de preferir delfines a tiburones. Los delfines son más simpáticos, pero los tiburones son infinitamente más bonitos. Y en eso se basa la elección del animal favorito, ¿no? Si alguien ha elegido animal favorito más allá de los diez años (quien dice diez dice doce o dice ocho) no sé qué criterios habrá seguido, pero a la edad normal, los animales gustan por bonitos.
Meryone tiene media docena de amigos que merecerían el cielo por soportarla si el cielo existiera. Y otros que no la soportan tanto, pero bien les llega. Y colegas derivados de muchos años en una residencia y muchas horas en la cafetería de una facultad y mucha gente con la que ha compartido borracheras durante los tiempos de la residencia y la facultad. Borracheras o conversaciones. También tiene libros y una guitarra que hace mucho tiempo que no toca. Películas y discos tiene menos.
Meryone odia la ciudad en la que creció.
Meryone, en resumen, es adolescente y lleva no se sabe cuánto rato escribiendo tonterías que quien la conoce ya sabe y a quien no, no le interesan demasiado, para actualizar el blog así que ya está bien.
PS. Aclaremos: el enamoramiento no fue de Jose.
PS.2. Ya que estamos, incluso os dejo dos fotos de este año. Una (en la que salgo bien) tirada en la cama, con la cámara del ordenador (que hace fotos maravillosas). Otra con la invitación de boda de Javi. Señalar que poso en la que está en color y no lo hago en la que está en blanco y negro, aunque parezca que es al revés. También debe ser la única foto de mi vida en la que salgo bien. Y la del DNI, que ya tiene unos cuantos, pero salgo con la flor bien pintada, no como la otra, en la que ya no tenía práctica y me la pinté porque estaba en una cena en la que todo el mundo decía que sin flor no era yo.



Y aquí sí se termina mi arrebato adolescente. Por lo menos hasta el mes que viene.
Joder, qué mal salgo en la segunda foto. Qué mal salgo en todas las fotos de ese día.