Juan Luis es más inquietante que Leopoldo María y casi tan hostiable como su madre. Histriónico y con aires de gran intelectual. Se las da de elegante y de snob, pero quien sabe tocarse el pelo y dejar caer los párpados es Michi. A él le queda como a un Santo Cristo dos pistolas el abrigo con flecos sobre los hombros. El abrigo me gusta. Es el tipo de abrigo que podría llevar la hippiosa de Meryone.
Puede que si hubiera llegado a Juan Luis por sí mismo jamás hubiera sabido que era histriónico, inquietante, hostiable. Lo sé. Estoy segura. No lo supe (que era histriónico, inquietante, hostiable) hasta la semana pasada. Nunca me interesó demasiado, así que sólo le había leído un par de poemas sueltos. Pero estos días encontré que era suyo uno de estos poemas que recuerdas pero nunca sabes de quién son. Juan Luis no tiene nada para no gustarme, pero tampoco tiene nada para gustarme demasiado. Puede que también lo leyera más si no fuera hermano de Leopoldo María. El poema que he redescubierto como de Juan Luis:
A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO
Solo bajó del tren, atravesó solo la ciudad desierta, solo entró en el hotel vacío, abrió su solitaria habitación y escuchó con asombro el silencio. Dicen que descolgó el teléfono para llamar a alguien, pero es falso, completamente falso. No había nadie a quien llamar, nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo. Bebió el vaso, las pequeñas pastillas, y esperó la llegada del sueño. Con cierto miedo a su valor -por vez primera había afirmado su existencia- tal vez curioso, con cansado gesto, sintió el peso de sus párpados caer. Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios- se anunció a sí mismo, tercamente, la única certidumbre que al fin había adquirido: jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
Juan Luis Panero
Y, como soy mala y sigo emocionadísima con haber visto (¡por fin!) El desencanto y Después de tantos años, dejo dos videos de la primera. En el primero, Juan Luis "adora los fetiches y el bizantinismo" y en el segundo están Michi enajenado hablando de lo sórdido de su familia y Juan Luis más enajenado si cabe diciendo que él no juega al fin de raza. Intentan hacer una comedia y no les sale tan divertido, seguro.
Y, aunque le demos una oportunidad a Juan Luis, Leopoldo María es Leopoldo María y hay que ponerlo. Es el fragmento donde dice que la esquizofrenia es "una cosa preciosa" (que se lo cuenten a él ahora) y que la paranoia es desagradable. Y más cosas.
Tranquilos: se me están acabando los videos y hasta yo, en mi infinita capacidad para la compulsión, empiezo a opinar que el monográfico ya estuvo bien.
Sí, sigue siendo el libro del bolso y hace mucho tiempo que es de mis poetas favoritos. Hace mucho tiempo que es mi absoluto favorito entre los vivos. Al menos entre los vivos que conozco. Pasé demasiado tiempo llorando mi edición perdida y ahora que la he recuperado me regodeo (para bien) en ello.
Puede, sólo puede, que con esta entrada agote el torrente de Paneros de los últimos tiempos. Empieza a ser acritud y lo sé.
La culpa de todo la tienen Jaime Chávarri y Ricardo Franco. Antes de conseguir ver las dos películas (¡por fin!) yo era una paneriana sólo de Leopoldo María y que no era especialmente compulsiva. No más que con todo lo demás. O sea, mucho.
Que acabara de recuperar mi edición (Poesía completa 1970-2000) también ayuda un poco. Las pestañas negras de Michi, en cambio, no demasiado. Eso es algo coyuntural. Sigo siendo total y absolutamente devota de Leopoldo María, aunque el hermano guapo diga que es un coñazo. Aunque esté como una cabra (lo está, qué duda cabe), aunque se haya pasado en su deseo (en su necesidad) de malditismo. Realmente (y quien me conoce puede corroborarlo) nunca me han gustado los chicos guapos. Claro que cuando lo dice ya no se pasa la mano por el pelo ni deja caer los párpados. Ni siquiera tiene ya maneras suaves. Pero se sienta sobre una tumba, pasea con su perro y dice que Leopoldo escribe cada vez peor. Eso tampoco se lo perdono. Lo de Leopoldo. Lo de sentarse sobre la tumba y pasear con el perro era positivo.
Hay varios poemas de Panero (o sea, Leopoldo María, que ni papá ni hermano mayor me gustan -ni los he leído- demasiado, del tío no conozco nada y Michi, hasta donde yo sé, no escribía poemas) que me gustan particularmente y no están (todavía) aquí. Dos que siempre voy a poner pero nunca lo hago (y que van ahora mismito) y uno que no recordaba pero sabía que era el que buscaba cuando hice la entrada de El desencantoy declaré mi odio más feroz a doña Felicidad. Es este:
LA MALDAD NACE DE LA SUPRESIÓN HIPÓCRITA DEL GOZO
«Jois e Jovens n'es trichaire e malvestatz es d'aqui»
MARCABRÚ
Una cucaracha recorre el jardín húmedo de mi chambre y circula por entre las botellas vacías: la miro a los ojos y veo tus dos ojos azules, madre mía. Y canta, cantas por las noches parecida a la locura, velas con tu maldición para que no me caiga dormido, para que no me olvide y esté despierto para siempre frente a tus dos ojos, madre mía.
Los otros dos son, como Proyecto de un beso, como Diario de un seductor, dos de los poemas en los que pienso antes que en casi cualquier otro cuando pienso en Panero. O de los que más me gustan. O que más veces me han dado en los ojos. O... o, en resumen, de los que me parecía imprescindible poner, aunque finalmente nunca lo hiciera. Hasta hoy.
EVE
(Vida y mujer en hebreo, y en inglés, víspera)
A Mercedes, por el hilo que la une al secreto
Porque hiciste mi gesto eterno supe que eras la muerte: porque ella sólo podía amarme si no había hombres para mí, vivos: sólo ella podía amarme: y supe también que tú eras la muerte, y que me amabas.
El rostro de la Humanidad era para mí el de nadie: como para ella, como para ti: eres negra y no quieres nada de lo que vive y no sabe hasta morir que te desea. Y vi a través de ti, cómo surgían y surgen cabezas de la tierra helada: cabezas, yelmos, corazas, espadas es el fruto que cosecha la tierra en este a ño que tanto recuerda al Último, al siguiente, y me amaste porque yo lo veía, porque veía crecer ya en el huerto el fruto monstruoso que incorporaba en sí todo dolor e injusticia y desastre
y me dijiste: «He aquí mi primer hijo yo que nada sabía del ridículo gesto de nacer» y agregaste: «Este reirá de todo, y lo encenagará todo con el veneno de su risa mortal: cuando no haya nadie que recuerde cómo se reía, este reirá» Y te reíste de mí, como mi madre al ver que yo había nacido de ella. Tan inmenso era el frío en las ciudades que algunos sabían que no era locura ni es, creer que caerán sobre mí
o seré yo el que caiga al morir sobre tu cuerpo.
Pero en el frío crecían seguían creciendo -la peor de las alfombras de césped los huesos y la carne de los soldados que crecían sobre la tierra helada. Y me dijiste «ellos no tendrán miedo, porque están muertos, lo mismo que tú que me amas, a mí que soy negra como la vida e hice una piedra de tu gesto» Y los muertos brotaban sobre la tierra húmeda -cabezas, yelmos, corazas y espadas porque la Muerte se había hecho vida.
Y pregunté -te pregunté entonces-: «Será mi alma buen alimento para perros?»
Y contestaste: «no esperes que ella sirva para otra cosa: aquella fue creada y pensada lo mismo que tu cuerpo y huesos para nutrición de los perros finales -lo mismo que tu palabra. «Y ¿nada he de esperar?» «Nada» Y vi como espadas y corazas y yelmos surgían sobre el campo más yermo.
Y me olvidé.
Acojonante, ¿no? Digno de alguien capaz de hacer "de su cadáver el último poema":
DEDICATORIA
Más allá de donde aún se esconde la vida, queda un reino, queda cultivar como un rey su agonía, hacer florecer como un reino la sucia flor de la agonía: yo que todo lo prostituí, aún puedo prostituir mi muerte y hacer de mi cadáver el último poema.
Además, en tanto en cuanto que bonus track, contaros que El Desencanto (ahora que por fin la tengo, voy y lo descubro) está online entre los videos de Google. Enterita. Después de tantos años, en cambio, dista mucho de estar casi entera en youtube. Está la parte referida a Leopoldo María (lógico, esperable) y poco más. Sí, me dió fuerte. Sobre todo porque llovía sobre mojado.
¿Alguien se une?
PS. Redacté ayer, moribunda. Acabo de cambiar un par de signos de puntuación, de eliminar unas frases, de añadir otras y lo lanzo al mundo.
Hay sangre en el jardín qué importa de quién sea El granizo golpea las puertas las ventanas No acudió la serpiente al llamado de Orfeo No acudió Carlomagno al son del Olifante Una figura más para el museo de cera quién sabe si venció si aún está luchando en Oriente buscó la Piedra Que Da el Sueño
Leopoldo María Panero
(Otra vez, sí. Paseo insaciable mi recién re-comprada edición y acabo de ver las dos películas. Reivindico el derecho a las obsesiones)
Al día siguiente de ver El desencanto, vi Después de tantos años. Claro que tenía intención de verla, lo de la fuerza de voluntad se refería a ser capaz de esperar al día siguiente. En Después de tantos años, habla Michi. Hablan los tres, vaya, pero habla más Michi. Y tiene mucha más razón. Es lógico: Leopoldo María ya anda por el manicomio de Mondragón y Juan Luis es tremendamente inquietante. Más (si eso es posible) que en El desencanto. Sólo le quito la razón en lo de que Leopoldo escriba cada vez peor, porque a Leopoldo no me lo toca ni su hermano pequeño. Felicidad Blanch había muerto unos años antes (aunque la película ya tiene unos quince y ahora Michi también está muerto) y me gusta particularmente como Michi cuenta el show que habían montado sus dos hermanos mayores. Claro que, para fastidiar, no está en youtube.
Además, ya había puesto un video sacado de la película, hace unos meses. Sin saberlo, claro. De cualquier modo, dejo a Michi justo al principio, hablando de la nostalgia, de como reinventamos tiempos pasados y los hacemos mejores. Y culminando con un "qué profundo me pongo".
Pero tampoco puedo no poner poema de Leopoldo María, que ya sabemos que me gusta mucho y soy muy feliz desde que vuelvo a tener edición de Visor, aunque el señor de Follas Novas me diga que no publicó nada más en los últimos diez años. Hace casi ocho (los que llevo en Santiago) que me cansé de discutirle al señor de Follas Novas que que él no lo tenga no significa que no exista.
Hoy soy típica, tópica y semi-resacosa, así que es "La canción del croupier del Mississipi" que, además, no estaba.
LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPI
«Fifteen men on the Dead Man's Chest. Yahoo! And a bottle of rum!»
Canción pirata
Fumo mucho. Demasiado. Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio, y oigo pasar la vida como quien pone la radio. Fumo mucho. En el cenicero hay ideas y poemas y voces de amigos que no tengo. Y tengo la boca llena de sangre, y sangre que sale de las grietas de mi cráneo y toda mi alma sabe a sangre, sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy, en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños que se mueven ingenuos, torpes, en esta vida que ya sé. Me palpo el pecho de pronto, nervioso, y no siento un corazón. No hay, no existe en nadie esa cosa que llaman corazón sino quizá en el alcohol, en esa sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo, la única sangre en este mundo que no existe que es como el mal programado, o como fábrica de vida o un sastre que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o quizá el reloj y las horas pasan. Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio y mi vida oliendo. Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo y que este cuento es cierto, este absurdo que delatan mis ojos, este delirio en Veracruz, y que este país es cierto este lugar parecido al Infierno, que llaman España, he oído a los muertos que el Infierno es mejor que esto y se parece más. Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos, me digo que estar borracho es no estarlo toda la vida, es estar borracho de vida y no de muerte, es una sangre distinta de esa otra espesa que se cuela por los tejados y por las paredes y los agujeros de la vida. Y es que no hay otra comunión ni otro espasmo que este del vino y ningún otro sexo ni mujer que el vaso de alcohol besándome los labios que este vaso de alcohol que llevo en el cerebro, en los pies, en la sangre. Que este vaso de vino oscuro o blanco, de ginebra o de ron o lo que sea ?ginebra y cerveza, por ejemplo? que es como la infancia, y no es huida, ni evasión, ni sueño sino la única vida real y todo lo posible y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento a algún ser que es probable que esté ahí la vida de los dioses y unos días soy Caín, y otros un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros un cazador de dotes que por otra parte he sido pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud» un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días, un asesino tímido y psicótico, y otros alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto, en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me recuerdan, dicen con la copa en la mano, hablando mucho, hablando para poder existir de que no hay nada mejor que decirse a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube la marea del vino en la sangre y el alma. O bien alguien perdido en las galerías del espejo buscando a su Novia. Y otras veces soy Abel que tiene un plan perfecto para rescatar la vida y restaurar a los hombres y también a veces lloro por no ser un esclavo negro en el sur, llorando entre las plantaciones! Es tan bella la ruina, tan profunda sé todos sus colores y es como una sinfonía la música del acabamiento, como música que tocan en el más allá, y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol, tengo sangre en los ojos de borracho y el alma invadida de sangre como de una vomitona, y vomito el alma por las mañanas, después de pasar toda la noche jurando frente a una muñeca de goma que existe Dios. Escribir en España no es llorar, es beber, es beber la rabia del que no se resigna a morir en las esquinas, es beber y mal decir, blasfemar contra España contra este país sin dioses pero con estatuas de dioses, es beber en la iglesia con música de órgano es caerse borracho en los recitales y manchas de vino tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont caerse húmedo babeante y tonto y derrumbarse como un árbol ante los farolillos de esta verbena cultural. Escribir en España es tener hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya no justifica nada ni nadie, ninguna sombra de las que allí había al principio. Y decir al morir, cuando tenga ya en la boca y cabeza la baba del suicidio gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas en este paraíso para espectros y también a los ciervos que he visto en el bosque, y a los pájaros y a los lobos en la calle y acechando en las esquinas «Fifteen men on the Dead Man's Chest Fifteen men on the Dead Man's Chest Yahoo! And a bottle of rum!»
Acabo de ver, gracias a Ulyanov (a quien es tontería que linkee porque su blog requiere invitación) por fin El desencanto y me debato entre el odio a Felicidad Blanch (Felicidad Blanch y yo representamos dos tipos de mujeres condenadas -salvo rarísimas excepciones- a odiarnos a muerte) y la fascinación por los dos Paneros menores. Juan Luis no me había llamado la atención nunca y sigue sin llamármela. Eso sí, tengo el radar desbocado pitando en todas direcciones.
Coincido con Águeda en la fascinación por Michi, pero Leopoldo (hijo) es Leopoldo. Y uno de mis poetas favoritos. Si tuviera que escoger quién me gusta más en el documental, claro que me quedaba con Michi. Michi y sus maneras suaves y sus caídas de párpados en las últimas escenas y su aire de loco encantador en las primeras.
En ningún momento siento la repulsión que he oído a gente decir que siente por Leopoldo María. Ya lo había visto otras veces, había visto fragmentos de El desencanto y no me repele. Me fascina la dicción entre pija y de fumado que tiene en algunos momentos y me resulta tremendamente lúcido siempre. Lúcido como sólo pueden serlo los locos "tocados por la maldición del cielo". Y el verso es casi suyo. El suyo es "un loco tocado por la maldición del cielo".
El desencanto es todo lo que me habían contado pero había que verlo entero y de corrido.
Sobre ella (ella es Felicidad Blanch) había leído (no en vano Panero escribió y dijo tanto sobre ella: a favor y en contra), pero ahora entiendo la relación amor-odio del hijo genio con la mujer voluble y presumida. Voluble, presumida, cobarde y que lo reconoce. La que empieza diciendo que Leopoldo (padre) murió una tarde como tantas otras en las que habían sido felices y se pasa toda la película lavando trapos sucios. El tipo de mujer (no sólo por "niña bien") con la que yo siempre me he llevado a matar. Yo con ellas y ellas conmigo. Simplemente, yo sé por qué no las soporto a ellas y ellas sólo saben que no me soportan a mí porque no me reconocen como lo que ellas consideran que debe ser una mujer. No soy ni delicada ni presumida ni tonta. Bueno, eso último sólo lo espero. No puedo aspirar ni a donna angelicata ni a personaje femenino de novela de Bryce. Y no es que quiera. Aunque Bryce haya sido mi favorito toda la adolescencia, yo jamás me he identificado con ninguno de sus personajes femeninos y no entendía qué les veían los masculinos. El último agilipollamiento incomprensible que tuve con alguien (y que duró cuatro interminables y estúpidos años) terminó definitivamente al comprender que al individuo en cuestión (al que no podía tener más idealizado) le gustaban las niñas pavitas. Hace ya un año de eso.
No puedo. Lo siento pero no puedo. Los tres hijos, bien. La historia, bien. Lo mejor: mi odio para Felicidad Blanch, que en paz descanse. Donde no puede ser tonta. O sí. Nunca se sabe.
Poema de Leopoldo María y fragmento de la película. No sé si seré capaz de no ver Después de tantos años. Mi padre, que me educó para niña delicada y presumida siempre dirá que no tengo fuerza de voluntad. Y no le falta razón.
A mi madre
(reivindicación de una hermosura)
Escucha en las noches cómo se rasga la seda y cae sin ruido la taza de té al suelo como una magia tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos y un manojo de flores llevas en la mano para esperar a la Muerte que cae de su corcel, herida por un caballero que la apresa con sus labios brillantes y llora por las noches pensando que le amabas, y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas y hablemos quedamente para que nadie nos escuche ven, escúchame hablemos de nuestros muebles tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con empuñadura en forma de pato y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra y ahora que el poema expira te digo como un niño, ven he construido una diadema (sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)
Leopoldo María Panero
Ella no está especialmente hostiable en este fragmento. Lo puse por él.
Yo he sabido ver el misterio del verso que es el misterio de lo que a sí mismo nombra el anzuelo hecho de la nada prometido al pez del tiempo cuya boca sin dientes muestra el origen del poema en la nada que flota antes de la palabra y que es distinta a la nada que el poema canta y también a esa nada en que expira el poema: tres son pues las formas de la nada parecidas a cerdos bailando en torno del poema junto a la casa que el viento ha derrumbado y ay del que dijo una es la nada frente a la casa que el viento ha derrumbado: porque los lobos persiguen el amanecer de las formas ese amanecer que recuerda a la nada; triple es la nada y triple es el poema imaginación escrita y lectura y páginas que caen alabando a la nada la nada que no es vacío sino amplitud de palabras peces shakespearianos que boquean en la playa esperando allí entre las ruinas del mundo al señor con yelmo y con espada al señor sin fruto de la nada. Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema de que nada se ha escrito ni se escribió nunca y ésta es la cuádruple forma de la nada.
No soporto la voz humana, mujer, tapa los gritos del mercado y que no vuelva a nosotros la memoria del hijo que nació de tu vientre.
No hay más corona de espinas que los recuerdos que se clavan en la carne y hacen aullar como aullaban en el Gólgota los dos ladrones. Mujer, no te arrodilles más ante tu hijo muerto. Bésame en los labios como nunca hiciste y olvida el nombre maldito de Jesucristo.
Así arderá tu cuerpo y del Sabbath quedará tan sólo una lágrima y tu aullido.
Leopoldo María Panero
Voy de prerrafaelista en prerrafaelista y tiro porque me toca. Siempre.
La entrada la puse tal cual en el fotolog. No recuerdo en cuál. Pero la recordé, me había gustado, la retomo. Panero queda bien con Rossetti. Incluso con el Ecce Ancilla Domini. Mejor con el Ecce Ancilla Domini. Mejor cuando la imagen es un ángel y quien habla es José de Arimatea (al que tengo cierto aprecio por esto de que guardó el grial y permitió el que algún día, dios mediante, será mi tema de tesis, si logro hacer el puto TIT). Mejor cuando sientes que la niña asustada algún día crecerá, mejor cuando los mitos se reinterpretan.
El Ecce Ancilla Domini (no sé cómo va vuestro latín ni vuestra mitología judeocristiana, pero significa "He aquí la esclava del Señor" y viene siendo cuando viene el ángel y le cuenta que va a tener una criatura, que la criatura es de su dios y que le tiene que poner el nombre que a papá -dios- le da la gana) es de los primerísimos cuadros de Rossetti y se nota. Se nota mucho.
Rossetti me gusta por la seguridad de sus mujeres. De las otras. Seguridad en lo que sea. Incluso la pobre Lizzie con el láudano está segura. Están tristes, pero seguras. La cría esta está acojonada. Lógico. Llega el ángel, le da el lirio, le cuenta que está preñada...
Y no entiendo de pintura, pero sí algo de simbolismos. Poco. Pero soy de medieval y me gusta el XIX. Lo suficiente como para saber cómo interpretaban la Edad Media, el llamado revival victoriano y demás. No hay demasiados medievalistas a los que les guste el XIX (sí al revés), precisamente porque es probable que, de todos, el siglo XIX fuera (y vivimos en este) el que peor entendió la Edad Media. También el que más la admiró, el que empezó a sacarla de su oscuridad (ja!), el que quiso imitarla. El que tenía tan ni puta idea de qué iba el asunto como tenían los medievales de la época clásica. Ni más ni menos. Nada más medieval y menos científico. Y casi nada ha producido tanta belleza, tampoco. La propia Edad Media tal vez.
La mención a la Edad Media viene al caso. Por el cuadro, por el movimiento, por la temática del amigo Rossetti y los demás. Porque se llamaban (se hacían llamar) prerrafaelistas o prerrafaelitas por algo. Y, además del estilo, de no saber hacer frescos, de la intención, recrearon mucho mucho el universo artúrico. Que es lo mío, así que os garantizo que de eso sí sé. Mucho. Además, de la parte más freak y más bonita, la de los romans en verso. Caballeros que contemplan sangre de un pájaro en la nieve y piensan en los colores del rostro de la dama y cursiladas por el estilo. Con la salvedad de que eran los primeros en ser cursis. Y no eran cursis, eran corteses. ¿De dónde viene cursi? ¡Filólogos, a mí!
Venía al caso, repito, porque ahora ya estaba emocionándome con Arturito (rey más soso, joder!) y sus muchachos y sus historias y sus caballeros cortados por la mitad de una sola estocada. Caballeros malos y ajenos, claro. Antes de que se dedicara a redimir a todo aquel que fuera malo y pasara por allí, antes de enterarse de su mujer con su amigo. Y paro, que en serio me emociono.
El lirio simboliza muchas cosas, pero es símbolo de pureza. Entonces, ahora y siempre. La niña se supone es virgen, se supone ha sido fecundada por el espíritu santo, ha sido escogida por su pureza bla, bla, bla. El ángel no tiene sexo, también es puro. Y le da el lirio. Pero la cría es pelirroja. Y para esta gente (esta gente que no sabía hacer frescos pero sí cuadros maravillosos), ser pelirroja era símbolo de voluptuosidad. Mucha.
Y todo esto viene a que yo sí veo la relación entre el cuadro y el texto. No sólo porque en los dos aparece la madre del hijo de ese dios (qué lío!), sino porque Rossetti no nos pinta del todo una virgen (con minúscula) ingenua y asustada. Asustada sí, repito. Mucho. Asustada y voluptuosa.
¿Es tan difícil verla triste y voluptuosa treinta años después?
"No puedo ya ir contigo, Peter. He olvidado volar, y... Wendy se levantó y encendió la luz: él lanzó un grito de dolor... » James Matthew Barrie, Peter Pan.
Pero conoceremos otras primaveras, cruzarán el cielo otros nombres -Jane, Margaret-. El desvío en la ruta, la visita a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. Cruzarán el cielo otros nombres hasta ser llamados, uno tras otro, por la voz de la señora Darling (el barco pirata naufraga, Campanilla cae al suelo sin un grito, los Niños Extraviados vuelven el rostro a sus esposas o toman sus carteras de piel bajo el brazo, Billy el Tatuado saluda cortésmente, el señor Darling invita a todos ellos a tomar el té a las cinco). Las pieles de animales, el polvo mágico que necesitaba de la complicidad de un pensamiento, es puesto tras de la pizarra, en una habitación para ellos destinada en el n° 14 de una calle de Londres, en una habitación cuya luz ahora nadie enciende. Usted lleva razón, señor Darling, Peter Pan no existe, pero sí Wendy, Jane, Margaret y los Niños Extraviados. No hay nada detrás del espejo, tranquilícese, señor Darling, todo estaba previsto, todos ellos acudirán puntualmente a las cinco, nadie faltará a la mesa. Campanilla necesita a Wendy, las Sirenas a Jane, los Piratas a Margaret. Peter Pan no existe. «Peter Pan, ¿no lo sabías? Mi nombre es Wendy Darling». El río dejó hace tiempo la verde llanura, pero sigue su curso. Conocer el Sur, las Islas, nos ayudará, nos servirá de algo al fin y al cabo, durante el resto de la semana. Wendy, Wendy Darling. Deje ya de retorcerse el bigote, señor Darling, Peter Pan no es más que un nombre, un nombre más para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Deje ya de retorcerse el bigote, todo quedará en unas lágrimas, en un sollozo apagado por la noche: todo está en orden, tranquilícese, señor Darling.
Leopoldo María Panero
Siempre he mantenido que me parecía injusto el tener que escoger entre Wendy y Campanilla. Yo quiero ser Tigrilla, la amiga de Peter. O sirena. Hay veces que querría ahogar a Wendy.
Lo único que me gusta de Wendy es que sea la única chica entre tanto Niño Perdido y que cosa la sombra de Peter.
A Campanilla, realmente no la soporto. Pese a ello, bato palmas periódicamente, para demostrar que creo en las hadas y salvarla.
Tal vez porque envidio su capacidad para hacer volar a otros. Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo.
Yo claro que sé volar. Y hacer todo lo que sabe hacer una piel roja como dios manda.
Ni Wendy ni Campanilla, no. Que se peleen ellas por Peter.
Todos los niños crecen, excepto uno. Y ahora viene Panero a contarnos que no existe.
de mi hermosa, de mi pálida Annabel Lee, y entonces
vinieron sus padres, gente de dinero
a hacerse cargo del alma, y dicen
que la enterraron bajo el mar.
Pero hoy los huesos de una niña bailan
allí junto a una roca, cerca
de aquel reino moribundo que hay
debajo del mar, y cantan
aún esa canción demente, la
de los seres que
se enterraron juntos pronunciando
a solas el nombre de
Annabel Lee.
Leopoldo María Panero
Siempre me ha gustado la versión de Annabel Lee de Panero ("yo era una niña y ella casi un niño"). No tanto como la de Poe, claro, pero siempre me ha gustado. Siempre me han gustado las versiones de Panero.
Mis tres difuntos fotologs atestiguan que Annabel Lee es un poema que me gusta mucho.
La imagen, de Sorolla.
Me duele la cabeza!
Y no sé por qué, pero mi blog se come, desde ayer, fragmentos de las pinturas. Señal de que todo se derrumba.
La poesía destruye al hombre mientras los monos saltan de rama en rama buscándose en vano a sí mismos en el sacrílego bosque de la vida las palabras destruyen al hombre ¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre de vida! Sólo es hermoso el pájaro cuando muere destruído por la poesía.
MUTIS
Era más romántico quizá cuando arañaba la piedra y decía por ejemplo, cantando desde la sombra a las sombras, asombrado de mi propio silencio, por ejemplo: "hay que arar el invierno y hay surcos, y hombres en la nieve" Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea, y empiezo a dudar que sea cierta la inmensa tragedia de la literatura.
Buscaba textos de Panero (ay, cuánto echo de menos mi Obra Completa de Panero!!) y encontré este video. Obviamente, tenía que ponerlo aquí.
También os dejo un poema de Panero, una buena costumbre que estaba perdiendo.
Dérisoires martyrs... STÉPHANE MALLARMÉ
En el obscuro jardín del manicomio Los locos maldicen a los hombres Las ratas afloran a la Cloaca Superior Buscando el beso de los Dementes.
Un loco tocado de la maldición del cielo Canta humillado en una esquina Sus canciones hablan de ángeles y cosas Que cuestan la vida al ojo humano La vida se pudre a sus pies como una rosa Y ya cerca de la tumba, pasa junto a él Una Princesa.
Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga Y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa Mañana morirá otro loco: De la sangre de sus ojos nadie sino la tumba Sabrá mañana nada.
El loquero sabe el sabor de mi orina Y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas Ello prueba que el destino de las ratas Es semejante al destino de los hombres.
Te mataré mañana cuando la luna salga y el primer somormujo me diga su palabra te mataré mañana poco antes del alba cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños y será como cópula o semen en los labios como beso o abrazo, o como acción de gracias te mataré mañana cuando la luna salga y el primer somormujo me diga su palabra y en el pico me traiga la orden de tu muerte que será como beso o como acción de gracias o como una oración porque el día no salga te mataré mañana cuando la luna salga y ladre el tercer perro en la hora novena en el décimo árbol sin hojas ya ni savia que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra te mataré mañana cuando caiga la hoja decimotercera al suelo de miseria y serás tú una hoja o algún tordo pálido que vuelve en el secreto remoto de la tarde te mataré mañana, y pedirás perdón por esa carne obscena, por ese sexo oscuro que va a tener por falo el brillo de este hierro que va a tener por beso el sepulcro, el olvido te mataré mañana cuando la luna salga y verás cómo eres de bella cuando muerta toda llena de flores, y los brazos cruzados y los labios cerrados como cuando rezabas o cuando me implorabas otra vez la palabra te mataré mañana cuando la luna salga, y así desde aquel cielo que dicen las leyendas pedirás ya mañana por mí y mi salvación te mataré mañana cuando la luna salga cuando veas a un ángel armado de una daga desnudo y en silencio frente a tu cama pálida te mataré mañana y verás que eyaculas cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas te mataré mañana cuando la luna salga te mataré mañana y amaré tu fantasma y correré a tu tumba las noches en que ardan de nuevo en ese falo tembloroso que tengo los ensueños del sexo, los misterios del semen y será así tu lápida para mí el primer lecho para soñar con dioses, y árboles, y madres para jugar también con los dados de noche te mataré mañana cuando la luna salga y el primer somormujo me diga su palabra.
El acto del amor es lo más parecido a un asesinato. En la cama, en su terror gozoso, se trata de borrar el alma del que está, hombre o mujer, debajo. Por eso no miramos. Eyacular es ensuciar el cuerpo y penetrar es humillar con la verga la erección de otro yo. Borrar o ser borrados, tando da, pero en un instante, irse dejarlo una vez más entre sus labios.
Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.