No sé si es (conscientemente) por Alicia (que no he visto porque sé que se han cargado otra vez su condición de nínfula) pero vuelven a llevarse las lolitas. No las nínfulas. Las nínfulas son otra cosa que ya definió muy bien Nabokov en texto que no me creo que no hubiera puesto pero que pongo ahora:
"Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o tres veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica ( o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.
¿Son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girl scouts, no siempre señalará a la nínfula.
Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo, para reconocer de inmediato, por signos inefables - el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas me prohiben enumerar- al pequeño demonio mortífero ignorante de su fantástico poder."
Lolita, o sea, Dolores Haze, es una nínfula; las nenitas que pretenden imitar a la(s) de la(s) películas, rotundamente no. La de Kubrick tampoco y creo que por eso prefiero la de Adrian Lyne, en ésta la chavalita (cuyo nombre he olvidado porque ya creció y no me interesa) es maravillosa como nínfula. También es nínfula la de El cabo del miedo (no recuerdo si también la de El cabo del terror porque estaba demasiado concentrada viendo a Robert Mitchum, que cada una tiene sus debilidades...) y mi absoluta preferida: Natalie Portman patinando en círculos en el hielo y diciendo a chico guapo que toca el piano (aquí estaba demasiado concentrada viendo a Natalie para saber quién es él) "¡oh, Romeo, pobre Romeo! nuestro amor es imposible: a ti te meterían en la cárcel y yo sería el hazmerreír de las exploradoras..." en Beautiful Girls. Natalie Portman fue LA NÍNFULA y luego... creció. Como todos los niños excepto uno.
Beatrice, Laura, Annabel Lee (y a esas tres las cita Nabokov como ejemplos) son putas nínfulas. La garota de Ipanema. Virginia Clemm (o sea, Annabel Lee). Alice Liddell (¡ay!). María Valverde (insuperable su "fue el verano pasado, yo era una niña" "¿y ahora?" "ahora me queda muchísimo mejor el bañador" o su respuesta a "a mí las bragas de las niñas no me importan nada" de Tosar, diciendo "mejor: yo no llevo" en La flaqueza del bolchevique -película que fui a ver sólo por la posibilidad cumplida de la nínfula-). Ellen Page da el pego en esta película que es una revisión de Caperucita y cuyo título he olvidado.
Como no creo en las casualidades, supongo que lo de que hayan vuelto las gafas en forma de corazón meses antes de estrenarse Alicia y de cumplirse cien años de la publicación de Muerte en Venecia y que se vean lolitas (más) por todas partes, no puede ser casual. También lo explicaba muy bien Houellebecq en La posibilidad de una isla, novela que no me gustó más que por eso:
" Claro, es un poco ridículo que una mujer de treinta años compre una revista que se llame Lolita; pero no más que el hecho de comprarse un top ceñido o unos mini shorts. Su apuesta era que el sentido del ridículo, que había sido tan fuerte entre las mujeres, y especialmente las francesas, iba a desaparecer poco a poco en provecho de la pura fascinación por una juventud sin límites.
Lo menos que se puede decir es que se ha ganado la apuesta. La edad media de nuestras lectoras es de veintiocho años, y aumenta un poco todos los meses. (…) Es normal que a la gente le dé miedo envejecer, sobre todo a las mujeres, siempre ha sido así, pero esto… supera todo lo imaginable, creo que todas se han vuelto completamente locas”.
Por cierto, la chica que se tira el protagonista de la novela tampoco es una nínfula. ¡Es mayor de edad, por dios! Dada la evolución de la narrativa del bueno de Michel, en la próxima toca (y yo espero ansiosa). Las lolitas son chicas, no niñas. A los Humbert Humberts de la vida (véase Polanski, véase Lewis Carrol, véase Poe...) les gustan las nínfulas, no las adolescentes con cara de chupapollas.
Las nínfulas sólo son superadas en mi escala de fascinaciones por los vampiros y sólo porque llegaron antes y no te los cruzas por la calle; a ellas sí. Claudia, la de Entrevista con el vampiro es otra pero la última vez que vi/leí ECEV estaba en edad de serlo yo (no lo fui, por desgracia y no por falta de vocación) y no de fijarme en otras... pocas cosas "no reales" me decepcionan tanto como cuando una nínfula (de las de dominio público) crece. Lo de Natalie todavía no lo he superado. Ni creo que lo haga jamás.
Las niñas de Balthus son indiscutibles nínfulas. Alguna de las que pinta Bouguereau descalzas. Pero, sobre todo, mi último gran descubrimiento (vía tumblr):
(William Sergeant Kendall – Psyche, 1909)
Y sí, ya tengo otro monográfico pendiente: Psyches.
Este post iba a ser más largo e iba a existir antes de descubrir el cuadro; luego iba a ser sólo el cuadro y se ha quedado en esto. No se preocupen, no terminaré en la cárcel. Lo mío es puro voyeurismo: me gusta ver como afilan sus garras como quien juega. Las admiro de lejos y me limito a ser Annabel Lee en mundos virtuales: la más inocente, la de Poe y la que, además, está muerta y vive en un reino junto al mar. Nada es nunca casual ¿o se creían que lo de Annabel Lee sí lo era?
Me mola la Literatura, no la Historia. Es más, la Historia me gusta lo justito. Muy muy justito. Me gustaría saber más pero que el conocimiento surgiera él solito en mi cerebro. Me gusta, digamos, más que la Química pero es que la Química sólo la considero un poquito más que el fútbol. Estudié Química en segundo de BUP y ahí debí aprender más o menos lo mismo que en Latín (y entre segundo y tercero hice todo menos aprender latín -entre segundo y tercero y el resto de la vida: sé tanto latín como alemán, más o menos-). Había una tabla con colores, nombres de elementos, nombres abreviados y números que nunca jamás llegué a saber para qué servían.
Me gustaban, en cambio las Matemáticas. Quise estudiar Matemáticas hasta que alguien me contó que en la facultad de Filología lo que más se hacía era leer y dije "esta es la mía". Luego llegó la primera asignatura de Literatura (odiaba a muerte las asignaturas de lengua, casi tanto como la de Ciencias Sociales) y desplazó Matemáticas como la que más me gustaba. Un par de años después me gustaban casi más Historia del Arte o Filosofía y la decisión de qué estudiar estaba entre las tres. O sea, entre Historia del Arte, Filosofía y cualquier Filología. Quise hacer Eslavas pero se me dejó clarito que escogiera entre las nueve que había aquí y que me dejara de tocar las narices queriendo estudiar cosas raras y sin salidas. Al final me matriculé en Hispánicas por amor al XVII, a Miguel Hernández, a Lorca y al boom, me cambié a Románicas, me enamoré de la Edad Media y maldito si recuerdo algo de las matemáticas que no sea sumar, restar, multiplicar, dividir y hacer reglas de 3. Y la fórmula de la ecuación de segundo grado pero eso es porque el cerebro tiene recovecos simpáticos donde se queda información que jamás volverás a usar pero que está ahí.
Pero el caso es que la literatura es ficción y lo que menos importa es la exactitud histórica o que las cosas "hayan pasado de verdad". No hay nada peor que un libro o una película malos "basados en hechos reales" o que alguien sonría cuando aludes a un sitio como el lugar donde transcurre tal novela. Claro, si dices "de ahí es tal escritor", sí pero que tire la primera piedra quien sepa pensar en Casablanca sin Bogart e Ingrid Bergman. En el Che sin canturrear la canción de Carlos Puebla. En Vlad Tepes sin recordar que inspiró a Drácula. En un castillo de noche sin una chica de blanco con el pelo suelto.
O será que soy yo así de freak. Cada vez que voy a decir romántica en el sentido literal de la palabra me viene a la cabeza todo lo que se identifica hoy con romántico y tengo otro ejemplo más.
La cuestión es que hoy es para mí ante todo y sobre todo el Día del Libro pero también el día del señor que mató a un dragón para salvar una princesa. Me gusta más la versión donde es un pobre chico a quien el caballero cobarde de turno pretende robar el mérito (y a la chica) y que falla porque, antes de que el malo (el cobarde no puede sólo ser cobarde, también tiene que fingirse valiente y caernos mal por ello) corte las cabezas, el bueno ha guardado las lenguas pero no le hago ascos a esta, aunque todo el mundo aplauda al recién llegado sin lamentar o cuestionarse que haya llegado justo justo para salvar a la hija del rey. Lo bonito de los cuentos: la princesa es guapa y se salva, el malo muere y todos se alegran. Y a todos les gustan las perdices. Yo quiero ser feliz y tomar té y helado.
Pero (que me disperso cada vez más) iba a que siempre hay algún listo que te cuenta que nunca existió, que es un santo fantasma. Claro porque yo creo firmemente en la existencia del hijo del carpintero, en la paloma y en que la virgen era virgen cuando los parió a todos. A todos no, al hijo del carpintero que en realidad lo era de una paloma. O que realmente no nació el 25 de diciembre. Claro, porque realmente nació. Y andaban a la vez la paloma y un ángel diciendo "neniña, tú no te asustes que es el hijo de tu dios" y nadie flipó. Porque todos sabemos que ver a un nacho con alas en la espalda no asusta. Y casualmente sólo lo veía ella. Sí...
También creo firmemente en los vampiros, en Arturo, en que si Franco hubiera perdido la guerra, los míos hubieran cambiado la república en el Paraíso de la Anarquía y en las cremas hidratantes con añadidos cada vez más raros. Bueno, las cremas hidratantes con añadidos freaks las considero incluso menos que el fútbol.
Porque todos sabemos que el santo nunca existió pero el dragón sí. ¿O no?
(Si yo fuera la doncella, me lo quedaba de mascota para que jugara con Folerpa. ¡Tan pequeñito y tan rojo!)
PS: Se admiten sugerencias de libros para comprar. Si alguien se quiere emocionar, también se admiten libros. Hasta rosas.
PS 2: Con la relectura pre-publicación, ha quedado más vehemente que anoche. No dormir me convierte en esto.
La exageración melodramática (cuando tiende al melo y no al dramática) hace tomar distancia y perspectiva. El problema es que no siempre es fácil distinguir entre melo y dramática y así nos va a los esclavos de la vehemencia.
Una ley de Murphy que Murphy olvidó enunciar es que, cuanto menos te guste la música que suena en un blog al abrirlo (y cuanto más se solape con la que tengas puesta tú en el ordenador), más abajo estará el reproductor.
No me gusta en absoluto cuando callas y estás como distante. Es más, me toca inmensamente los cojones.
Llamadme Ismael. O Meryone. O oh capitán, mi capitán.
Coso sombras a cambio de dedales pero exijo que quienes vengan a jugar conmigo no tengan corazón. Prefiero la voz a caminar y siempre seré Tigrilla.
También prefiero ser la otra y la convertida en vampiro a la que hay que proteger y salvar. Me hubiera quedado con el aventurero o el psiquiatra antes que con el aristócrata, eso sí. Frivolidad, la justa. Además, yo quería ser Jonathan Harker y andar por los Cárpatos en plena noche de Walpurgis con un vampiro.
Poe me enseñó que no hay tema más poético que una mujer muerta y Bradbury que las ahogadas son las más hermosas de todas. Reconozco no haber leído Hamlet pero esto está poblado de Ophelias. Mi foto de perfil (aquí y ahora, estoy a tiempo de cambiarla) es Miranda contemplando el naufragio. En otras partes soy un cuadro de Schiele, una sirenita de Waterhouse, una chica que grita en uno de Munch...
Siempre tendré dudas como dónde van los cisnes de Central Park cuando llega el invierno y siempre habrá algún motivo estúpido para no suicidarse. Pese a ello, hoy es un día perfecto para el pez plátano.
Los ciegos son inquietantes y están emparentados con reptiles y murciélagos. Alejandra tenía que morir. Martín tenía que no entender nada. Bruno tenía que entenderlo todo pero estar fuera.
América era hija de un matrimonio de inmigrantes italianos.
Me identifico con más personajes masculinos que femeninos tanto en la literatura como en el cine.
Amo profundamente a Marlene Dietrich.
No sé si prefiero a Rose Ryan o a Yuri Zhivago: ella tiene una sombrilla y a Robert Mitchum; él a Geraldine Chaplin y a Julie Christie. Al inglés cojo no lo contamos.
Prefiero a Waterhouse a Rosetti. A Munch a todos los demás; a Schiele a Klimt. Sabato a Borges (y puede que a Cortázar), Moby Dick al Quijote, los romans artúricos a la literatura grecolatina y el terror a absolutamente todo.
El día que releí Los tres mosqueteros y descubrí que mi favorito ya no era Aramis sino Athos, sentí que me había hecho mayor.
Numero los exámenes con el mismo aire que Edmond Dantès va numerando enemigos muertos.
Últimamente me tortura preguntarme si dejaré de parecerme (según Jose al menos) a Janis Joplin al cumplir los 27. ¿Y los 28?
Prefiero la película a la novela muchas veces, empezando por La naranja mecánica. En cambio prefiero palabras a imágenes. Prefiero la literatura, el cine y la pintura (en este orden) a la música.
Como a Bryce, lo único que se me da verdaderamente bien es extrañar. También tengo insomnio y me tiembla el pulso. Todavía no grito Octavia de Cádiz, pero todo se andará.
Bryce es mi penúltimo favorito, el último es Phillip Roth.
No le perdono a 2010 empezar matando a Rohmer y a Salinger. A 2009 no le perdono nada.
Soy vehemente, melodramática y tengo un blog. He aquí el resultado.
Tengo exámenes (sigo teniendo -desde que aprobé la última allá por 2008- cuatro asignaturas para terminar Filología Portuguesa) y voy del Piñeiro a la biblioteca de la facultad, de la biblioteca de la facultad al Piñeiro. Paso por casa para dormir y para perder el tiempo un rato, claro. Y para ducharme antes de ir al Piñeiro.
Ando terriblemente cansada y debo tener la anemia mucho peor que habitualmente. También, pese a que ando premenstrual y tomando mucha coca-cola y comiendo gofres (esta semana fueron dos y normalmente me como uno cada muchos meses/años -sólo me gustan con chocolate y helado y eso es de las cosas que un organismo normal sólo quiere cuando está de exámenes y premenstrual todo al mismo tiempo, que es el caso-), hace como un mes que me olvido inquietantemente de hacer comidas. Sólo si estoy en casa y no siempre. Suele ser, por tanto, la cena, pero no es la primera vez que es fin de semana y es la comida la que se me olvida. Obviamente (véase el ejemplo de los gofres) no es consciente pero no me gusta nada. Sobre todo porque luego son las seis y yo me pregunto por qué tengo tanta hambre si es tan temprano y, claro... es porque no he comido (algo de lo que me doy cuenta allá por las siete).
También ando más sensible de lo habitual (de lo habitual de estar premenstrual) para lo bueno y para lo malo. Por un lado lloro por todas las esquinas y estoy vehemente y melodramática y de un pesado que me dan ganas de darme las hostias yo en lugar de esperar a que los demás se cansen de aguantarme y decidan dármelas y, por otro, soy como una fuente inagotable de oooohs y aaawwws ante la noticia de que Javi y Mónica andan embarazados. Y cuando digo inagotable, quiero decir inagotable. Que parezco tonta o algo. No sé en qué momento lo de "fulanita está embarazada" ha pasado de ser respondido con un "joder qué putada" a con un "joder, qué guay", pero creo que me gusta el cambio. Y eso que me hacen mayor, los cabrones. Lo de tener sobrinos lo tenía asimilado, pero no lo de hijos de amigos. 2010 es bonito, aunque sólo sea por eso.
Para otras cosas, bueno... quiero creer que lo de andar llorando por las esquinas y afectadísima por cierto tema se debe a lo mal que se están portando mis hormonas este mes (mucho azúcar y pocas vitaminas, ya decía yo que eso no podía ser bueno) y no a que cierto tema realmente me importe porque, si me importa, voy apañada... En unos días se verá.
Además, hoy amanecí con la noticia de que se había muerto Georginho (George Harrison era el hamster), somos uno menos en casa. Vale que después de las plantas era el que menos circulaba por ella (las plantas, como están por todas partes, es como si circularan y la jaula de George lo mismo estaba en el estudio que en el salón) pero da penita. Era gris y tenía los ojos negros y grandes. De mayor quiero ser así. Vale, gris no. Pero siempre quise una rueda de las que tienen los hamsters y los ojos negros y grandes y bonitos.
Y estamos en carnaval pero yo no sólo tengo un examen el jueves sino que trabajo lunes y martes (que pensaba dedicar íntegros a estudiar mucho porque el examen es más que difícil aunque esté en pleno post-desahogo-general en lugar de con los apuntes -que están aquí a mi lado, claro; los apuntes no se separan de mí-), pero yo tengo un montón de sangre de mentira y cosas varias para pintarme más sangrienta aún. No me gusta nada disfrazarme, pero siempre me moló mucho lo de pintarme la cara no en modo maquillaje de niña mona (para eso no tengo paciencia) sino maquillaje de monstruo/zombie/vampiro/todas esas cosas que sí me hacen feliz. Bloody Meryone (versión deformada de Bloody Mary, no María Tudor sino la de la leyenda urbana de colegios mayores gringos*) sale a tomar la calle (bueno, eso es el plan, al final sólo tomaremos la casa de Iago, que es el verdugo de Yurema que será Ana Bolena semi-decapitada -hay gente a la que sí le gusta disfrazarse-; también tenemos a Elisa de china y al señor Coh de vampiro -como todo el año pero con colmillos- y a dos amigos suyos que a saber qué son) y a intentar tener mañana sólo la resaca justa para poder lamentarse pero también estudiar. La señorita disfrazada de Ana Bolena ha prometido muffins de colores para el previo y dado que la Xunta ha decidido no pagarme todavía el mes de enero, el ritmo de manhattans no puede ser el habitual (si es que llegamos al Hula, que la intención siempre es salir y siempre decidimos que el mundo exterior queda muuuuuuuy lejos).
Me voy a hacer la comida antes de que se me olvide. Sean buenos. No lloren por las esquinas y quédense embarazados para que yo pueda decir oh y aw. Por favor.
*No sé tampoco en qué momento ha sucedido pero sí, ya uso gringo con la misma naturalidad que órales.
Odio la Navidad de una forma tan asquerosamente tópica que se convierte en un motivo más para odiarla. Sólo tiene de bueno las versiones de la Canción de Navidad de Dickens, que pasan Gremlins por la tele y que por lo menos alguien me regala un libro. Bueno, y que el día que alguien me regala un libro, se acaba. Eso es lo mejor de todo. Con un poco de suerte es el día que pasan Gremlins.
Y eso que este año me estoy volviendo adicta a la canela (al té ya lo era) porque me compré el surtido de tés de Navidad de la Tea Shop. Viene en latitas y tiene de (casi) todos los colores, aunque los muy racistas se hayan dejado el oolong y hayan metido roiboos.
Además, tengo sueño. Toda la semana. Mañana adelanto que también.
A lo tonto a lo tonto, esto se está convirtiendo en un blog de verdad. De esos en los que la gente cuenta cosas. Y no sé si eso me gusta.
El cuadro se llama "Love's shadow" pero es la cara de mala hostia más grande que he visto en toda mi vida. Pasé siglos sin saber de quién era y un buen día descubrí que era de Frederick Sandys y que se llamaba así. Da igual, siempre será el cuadro de la mala hostia.
Yo llevo tres semanas (y media) cabreada conmigo misma por gilipollas. Mucho. Muchísimo. Infinitamente más de lo que pensé jamás que se pudiera enfadar alguien sin que le estallara la cabeza.
Según tenga el día entiendo de una forma o de otra la canción de los cojones. Lo de "de los cojones" es gratuito, claro que me gusta. No me maten, fans de Pulp.
Además, es banda sonora (tampoco me maten todos aquellos que dicen soundtrack por vivir en un país más civilizado que el mío: para mí es banda sonora) de la adaptación de Grandes Esperanzas de Cuarón, que debe ser la última película que vi "porque la echaban por la tele". No recuerdo haber encendido la tele desde entonces (ahora tengo internet y no me quedo nunca sin cosas que ver). La película de la frase-estado de facebook de ayer que algunos habéis visto (y comentado) de "¿Qué se siente cuando no se siente nada?". No sé si sale en la novela.
Don't bother saying you're sorry Why don't you come in Smoke all my cigarettes again Every time I get no further How long has it been? Come on in now, wipe your feet on my dreams You take up my time Like some cheap magazine When I could have been learning something Oh well, you know what I mean, oh I've done this before And I will do it again Come on and kill me baby While you smile like a friend Oh and I'll come running Just to do it again You are the last drink I never should have drunk You are the body hidden in the trunk You are the habit I can't seem to kick You are my secrets on the front page every week You are the car I never should have bought You are the dream I never should have caught You are the cut that makes me hide my face You are the party that makes me feel my age Like a car crash I can see but I just can't avoid Like a plane I've been told I never should board Like a film that's so bad but I've got to stay till the end Let me tell you now: it's lucky for you that we're friends.
Últimamente tengo cada día más claro que debo ser gilipollas.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Suenan canciones tristes y yo odio la ciudad donde he crecido. Las dos cosas son recurrentes pero sólo busco la primera. Me gustan las canciones tristes. Y los libros y las películas. Eso no implica necesariamente que SÓLO me gusten las canciones, libros y películas tristes. Desconfío por naturaleza de aquellos que no dejan un espacio a la catarsis, esa gente que es absurdamente feliz. He dicho absurdamente feliz, no feliz a secas. Claro que ser feliz es bueno, pero no vivir en un mundo de gominola.
También estuve con Jose hoy. Jose es feliz (de un modo sano, no absurdo) y está viviendo el amor de una forma que, como le dije escojonándome me provoca una curiosa mezcla de "repulsión y envidia sana". Lo de la repulsión era por putear y porque estaba en momento "jo, ¡qué enamorado estoy!" y lo de la envidia sana no es del todo cierto pero me encanta verlo así. Me gusta ver a la gente feliz y enamorada.
Y tuve un arranque consumista en el que me compré varios pañuelos (empiezo a ser de esa gente que nunca tiene suficientes pañuelos), uno de ellos el clásico universal de ponerse en la cabeza. Empiezo a tener un largo de pelo que pide a gritos un corte o una diadema (o ambas cosas) y éstas (quien dice diadema dice pañuelo) siempre me han gustado pero hace siglos que no las uso. También me he comprado DOS barras de labios para regocijo de Jose que se preguntaba cuándo me había convertido en una mujer y que se ha llevado un beso mío en una servilleta de recuerdo. Eso también le hacía gracia, claro. Decía que, antes de darle el beso a la servilleta parecía la Juani (la de la película de Bigas Luna) teniendo que ser un zapato. Adoro a Jose. Sí, eso también es recurrente.
Me dolerás todavía muchas veces. Iré apartando sueños y tú estarás al fondo de todos mis paisajes. Tú con tu misterio y tu extraña victoria. Amor, ¿quién te ha dado esa fuerza de pájaro, esa libre arrogancia de mirar las estrellas por encima del hombro? ¿Quién eres que destruyes mi corazón y puedo, sin embargo, existir? ¿Se vive en la muerte? Se vive con el alma en desorden y la carne desmoronándose en el vacío? Nunca te tuve miedo y, sin embargo, ahora te rehuyo porque eres como un dios que me hace daño cada vez que me mira. Abandonaré todo lo que me estorba, todo lo que dificulta la huida y escaparé por la noche adelante, temerosa de ti, temerosa de esta grandeza que intuyo, de este fulgor, de este cielo que palpita en tus manos abiertas. Me dolerás todavía muchas veces y cada vez me extasiaré en mi daño.
Susana March
Lo peor de todo es que me temo que sí. De momento, hemos superado el último. Ampliamente. El otro día lo confirmé. Yupi.
Y dada la escasez de varones heterosexuales interesantes en Santiago creo que voy a vivir en este estado de beatitud sentimental por mucho mucho mucho tiempo. Por favor. Karma, me lo debes.
Había una vez una película maravillosa llamada Donnie Darko. Había también una ex-niña (eterna post-adolescente) que creía en la posibilidad de una mitología contemporánea. También tenía una gata que se llamaba Folerpa, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
La cuestión es que la ex-niña amaba profundamente Donnie Darko y, tras un par de días enferma con delirio febril incluído "soy un esciápodo, soy un esciápodo" en sofá del hostal vampiro, decidió ver la segunda parte en el sofá de su casa. Sí, la SGAE y el gran conejo Frank (¿por qué siempre es el conejo Frank, hasta cuando no se llama Frank el responsable de la muerte de la chica? ¿por qué siempre tiene que morir alguien alternativo para que no se muera la chica?) me castigan por ver online una película que ni pasó por las salas de cine.
¿Qué es S. Darko? Ante todo un ejemplo de "para hacer esto, casi mejor te quedabas en tu casa comiendo palomitas y viendo cine de verdad" pero también (y por eso no puedo criticarla del todo -me quedaré en un 98%) un ejemplo de lo que a Meryone (esa ex-niña, eterna post-adolescente) en el fondo siempre le llamará la atención: un "y ahora, ¿qué?". Exactamente igual que cuando decimos que a la Cenicienta se le llenaron de durezas los pies o que menos mal que Romeo y Julieta murieron a tiempo. "Sí, cariño, soy muy feliz, voy a comprar yogures." Lo que hicieron los griegos (¡dios!, ¡aquellos tiempos en que las segundas -o enésimas- partes las escribía gente como Eurípedes! denle la vuelta a todo como hacen varias veces en S. Darko y déjenme en la Grecia Antigua, por favor. Pregunten por la hetaira Meryone) y lo que mandé hacer a mis alumnitos durante las tres (¿o habían sido cuatro?) clases que di en las prácticas del CAP. O sea, Meryone no puede criticar totalmente S. Darko sin ser muchísimo más incoherente de lo que suele ser.
Pero las buenas intenciones no sólo producen mala literatura; también pueden producir malas películas y S. Darko es una mierda pinchada en un palo. Me parece maravilloso que alguien fantasee en su casa comiendo palomitas y viendo la original (no, no como palomitas mientras veo películas, no habitualmente) con qué había sido de la cría que hablaba de unicornios y bailaba. Yo también. De la cría, de la hermana mayor, de Gretchen, del padrastro (que ni sale) y de todos los putos personajes. Si sabrían remotamente lo muchísimo que había cambiado su vida porque Donnie estaba en la cama en lugar de siguiendo a un conejo muy grande y muy feo. Si Frank, si Gretchen, si el personaje del difunto Patrick Swayze cuyo nombre no recuerdo, sabían por lo poquísimo que se habían librado. Cómo coño se encajaría en la familia que un motor de un avión hubiera matado al hijo ¿mayor? ¿mediano?. Como yo, cientos de personas. Y no, no hicimos una segunda parte y tampoco fue sólo exactamente por falta de conocimientos de cómo hacer una película.
Pero hete aquí que no estamos en el 88 sino en el 95. Meryone tenía respectivamente cinco y doce años. Samantha (sí, la niña encantadora que lleva el peluche del unicornio en el avión del que cae el motor que mata a su hermano) diez y diecisiete. Disque la actriz es la misma y, bueno, vale. Lo será. No tienen por qué mentir. Es hippie y se ha ido de casa (siete años después) porque no soporta más las consecuencias de la muerte de su hermano. Lógico. Tiene una amiga más hippie que ella y es ella misma tremendamente azulada y maquillada quien se presenta cual conejo Frank ante el loco del pueblo. Ah, no lo he aclarado: ahora la prota es femenina porque está buena. O sea, no es que Jake Gyllenhaal no me parezca (en esta película) infinitamente más interesante, pero como que luce menos. Porque encima, eso. No es cómo le fue a la cría tras la muerte de Donnie, no. Eso realmente no importa. Es una excusa para hacer salir más cosas simpáticas del plexo solar de la peña, para reaprovechar el disfraz de conejo (claro que hay conejo: ¿alguien lo dudaba?) y para demostrar que a veces uno está más guapo callado. O sin dirigir películas.
También hay supuestos guiños a la primera que hacen notar más que no, que no había que hacerla. Las nubes las cosas que van a cámara rápida hacia delante o hacia atrás y... que el único que es realmente malo escapa. Bueno, en S. Darko escapaba igual porque el pobre del zumbao del pueblo (el único que puede salvar el mundo muriendo él y que tiene, repito, parecido con Donnie), por lo de que quedó tocado tras la operación Tormenta del Desierto, termina en la cárcel.
¿Había hablado de la banda sonora? ¿Para qué? No merece la pena. La de Donnie Darko la tengo sonando ahora mismo para hundirme más todavía en la miseria.
Ah, otra aclaración que tenía que haber hecho antes: la ex-niña, eterna post-adolescente melodramática tiene tendencia a hacer cosas que no le hacen ningún bien. Ver S. Darko no es de las más graves: es peor estar escuchando la banda sonora para regodearse en las diferencias y/o(/u) plantearse seriamente volver a ver la historia del conejo gigante que resulta ser amigo de hermana por enésima vez. No porque sea malo en sí mismo revisitar Donnie Darko (hay películas que hacen muy muy feliz a Meryone y Donnie Darko es una de ellas) sino porque así se dará más cuenta del poco cariño con el que hicieron la secuela. Y eso duele. Mucho.
Y, para terminar, decir que dejaron el campo abierto para una tercera pero no porque haya personajes que puedan tener conflictos por lo acontecido, claro que no... por algo infinitamente más triste y que sería demasiado largo de contar. ¿Quién va a verla cuando la hagan? ¡Bingo! Aquella que tiene por mala costumbre hacer cosas que sabe por adelantado que no debería hacer.
PS. La niña que quería escribir también puede violar a la familia de Donnie. Si dejan a Chris Fisher, a mí también. Y no, yo no lo daré a la luz. De momento, va a colgar ropa y a convencer a Folerpa de que es hora de pasar del sofá a la cama. Allí, decidirá.
PS.2. Al parecer mi ironía está tocada por lo que sea que contuviera el virus que me hizo declarar ser un esciápodo. No sé mi capacidad de escritura.
Realmente no, pero ayer pasé casi todo el día leyendo Rebecca, tomando té y escuchando a Marlene Dietrich.
También ejercí la misantropía desde mi sofá y decidí por enésima vez dar la razón a Sartre en lo de que el infierno son los demás. Afortunadamente los demás estaban fuera y yo estaba aquí. Con Folerpa, con mis latas de té y con Marlene. Y con un libro. Hay días que no importa cuál sea el libro, simplemente tiene que haber uno. Como aquellos fines de semana, cuando estaba en la residencia y bajaba a comer a última hora (o ni bajaba) pero pasaba el resto del tiempo tomando té y leyendo. Socializar no es malo, el alcohol es bueno, pero no hay nada mejor que estar solo con un libro. Si se tiene una gata, mejor.
Últimamente priorizaba demasiado las obligaciones académicas y las relaciones sociales. O tenía que estudiar o alguien me llamaba (o las dos cosas). Ni siquiera tomaba el té por litros como de costumbre.
Cualquier día me tomo en serio lo de opositar (cualquier día llegará pronto) y tengo que sacar cuatro asignaturas para licenciarme en Filología Portuguesa (que espero aprobar entre la convocatoria extraordinaria de diciembre y la de febrero y, desde luego, no después de junio) pero también tengo que leer por placer y como si eso fuera lo único que importara. Es lo único que importa. Leer fue siempre lo que más me gustaba.
¿Qué hago aquí? Me voy a seguir con Rebecca. O con cualquier otro. Se lee como se es y yo soy desordenada e impulsiva. Y voraz. Como dice Jose, acentuando el "un poquito", "un poquito bipolar". Si sólo fuera un poquito...
También voy a hacer la comida, que son las tres y media de la tarde.
(No, no es un post que a nadie le interese pero, como dice el perfil -cambio de perfil como de bragas últimamente- el blog es mío y hago con él lo que me da la gana. O algo parecido)
Ahora que (casi) no tengo vida académica, puedo aprender lo que quiera.
Las relaciones humanas serían mucho más fáciles si fuéramos todos pececitos de colores.
Mi vida la dirige Isabel Coixet y no quiero. Me cae mal.
Exijo que mi vida deje de ser dirigida por Isabel Coixet (o Sophia Coppola, o alguna petarda así) y pase a hacerlo Eric Rohmer. Sí, Rohmer.
Sigo siendo una decepción para mi señor padre pero ha empezado a dejar de importarme.
¿Por qué no podemos crecer en el campo como las margaritas?
Hay gente a la que quieres demasiado para pelearte con ellos para siempre.
Lo único casi equiparable al terror es el mar. Todo lo demás ocupa un segundo plano.
Que ya no vaya a doctorarme no quiere decir que ya no me gusten la Edad Media o la literatura artúrica.
Mi abandono del doctorado y la reacción familiar podría ser convertido en una obra maestra por Phillip Roth.
El otro día vi por fin Je vous salue, Marie y no me gustó. No hay nada que me resulte más frustrante que hincar el diente a una historia (libro o película) con ganas y que no me guste.
Y que sigue habiendo media docena de personas (aprox) con las que siempre es un placer estar y que darían un buen momento Eric Rohmer. Eric, ven. Dirígeme.
Si creyera en algún dios (y hubo un tiempo en que me enseñaron a creer en el de los cristianos), mis dolores de cabeza me harían renegar de su existencia. Como hace mucho tiempo que no creo en ninguno, reniego de Arturo, de los vampiros, de la vuelta de Elvis, de la posibilidad de un mundo más justo logrado a base de margaritas en pelos llenos de mierda (y yo siempre siempre llevo el pelo limpio, aunque también le ponga margaritas), de revoluciones para cambiarlo, de tocar los bongos y fumar porros. Reniego de las vacaciones (también son una entelequia), de la educación, de la Universidad. De la igualdad entre los pueblos y los seres humanos. De la belleza interior.
De las endorfinas, de la música, del cine, de la literatura. Del terror malo. De la amistad. De que una imagen valga más que mil palabras. De las metáforas. De las vitaminas.
Reniego de pisar la hierba, de la lluvia, del mar. Reniego, incluso, de la bombilla roja del Rock-a-Hula y de pasar la tarde entera en un lugar cómodo leyendo. Del té. Del whisky. De las bibliotecas. Del chocolate con almendras.
Y, en fin, de todo lo que no sea un analgésico.
Voy a intentar dormir (más) a ver si se me pasa. Fuck.
Ya no me estoy doctorando y mi vida académica termina en cuatro asignaturas. Cinco si tengo problemas con convalidar los complementos de formación, pero esperemos que no. Luego el mundo está ahí fuera esperándome. No una tesis interminable, no: el mundo. Y ya no tengo diecipocos años y no le tengo miedo.
Además, voy a leer todo lo que no leí todo el tiempo que tenía que hacer un TIT que nunca debí matricular por segunda vez, a ver todas las películas que me he bajado últimamente (atrápame si puedes, SGAE), a dar paseos, a tomar whiskys y cervezas (y gintonics y todo lo que se ponga por delante) y... ah, sí: creo que mañana voy a apuntarme a un gimnasio. La antítesis de la libertad, lo sé, pero tengo la columna hecha un cristo últimamente y no me viene nada mal bajar unos cuantos kilos.
Puede incluso que, diez años después de decidir que los grandes lo hacían mejor, decida volver a escribir. La hostia. Buscaré un pseudónimo irreconocible (o no).
Búsquenme en las escaleras de la Quintana con un libro, bajo la bombilla roja del Rock-a-Hula o (nada es perfecto) preparando los exámenes de mis gramáticas portuguesas en la biblioteca de Filosofía que es la que abre por las noches. O en el Ramón Piñeiro por las mañanas.
O esperen a que dé señales de vida. ¿No la huelen? Es mi libertad...
Acabo de descubrir que Sophia de Mello Breyner Andresen (que seguía viva cuando yo empezaba a estudiar portugués) murió hace ya cinco años. En aquella asignatura de lengua portuguesa, de portugués (sobre todo los que ya éramos reintegracionistas y no necesitábamos que nos convencieran) no debimos aprender demasiado, pero yo recuerdo descubrir cada día de clase media docena de autores que quería leer (y alguno más que no), además de todos aquellos mapitas sobre la lusofonía, qué es el crioulo caboverdiano, cómo se acentúa en portugués, por qué ser reintegracionista, por qué ser reintegracionista y por qué ser reintegracionista. Todo mezclado, claro. Y, nunca, nunca, nunca (algo que nunca le agradeceré lo suficiente a José Luis) nada sobre cuestiones políticas o territoriales, algo que el resto de profesores de portugués (casi todos) deberían aprender e imitar. Que yo fui la tocapelotas que levantó la mano y dijo "eu nom" cuando el que me parece el mejor profesor de literatura del área preguntó si partíamos todos del nacionalismo (gallego, claro). La que declaraba que hablaba muchísimo en español y que si hablaba en gallego era porque le salía de los cojones y no por cuestiones políticas. La que un par de veces explicó que, además de no ser nacionalista tampoco era comunista (y no agregó de milagrito un "y ya empiezo a hartarme de que sean los profesores en lugar de los alumnos los que se empeñen en hacer la lectura política de TODO lo que se estudia en clase") y a ver si simplificábamos menos y nos guiábamos por menos clichés en lo que a la izquierda se refiere. La que se mordió la lengua (el mismo día que declaró no ser nacionalista) cuando el buen señor estaba todo preocupado por si los coruñeses (como si no les llegara con ser coruñeses, también se sienten españoles, ¡pobrecitos!) llevaban banderas de España a un Dépor-Oporto. Que lleven lo que les dé la gana, joder. Y conste que el último paréntesis es mío y que las banderas me dan alergia desde que tengo un padre que cree que son un símbolo de la patria (¿qué coño es la patria además de la mierda que simboliza la bandera?) por el que hay que morir o matar. Además, la bandera española es fea de cojones y ser patriota gallego es tener ganas de que te miccionen por encima (por eso tan bonito de "mexan por nós e hai que dicir que chove") más todavía que si eres gallego a secas. Y yo soy práctica (para pocas cosas, pero lo soy), individualista, anarquista y simpatizante de seres sin raíces de todo tipo, de los vampiros a los piratas, pasando por León el Profesional. De esos alumnos que sí son conscientes de la incongruencia del profe independentista progre que es funcionario del Estado Español y que intenta convencerte de que no te dejes alienar por los demás para poder alienarte él a su gusto. No quiere que seas indepe porque piensas sino porque él te dice que es lo mejor. Y no tengo nada contra los indepes pero sí mucho contra la gente que no piensa y sólo sigue consignas. Pensar es bonito, sano y, además, provoca actividad en el cerebro. A él no sé lo que le daban por alienarnos de forma rara en lugar de de esa sana forma en la que nos aliena la tele, pero debía ser mucho, por el interés que ponía.
Sophia de Mello Breyner Andresen murió el 2 de julio de 2004 y yo, antes de soltar mi discurso digno de los mejores mítines de algunas de mis asignaturas de portugués (con la salvedad de que esto es mi blog y aquello era una clase), ya había seleccionado estos dos textos. Lo juro. Debo tener el día así porque, ahora que lo pienso, ni siquiera son de los mejores. El primero es el que venía en un taco de fotocopias.
RETRATO DE UMA PRINCESA DESCONHECIDA
Para que ela tivesse um pescoço tão fino
Para que os seus pulsos tivessem um quebrar de caule
Para que os seus olhos fossem tão frontais e limpos
Para que a sua espinha fosse tão direita
E ela usasse a cabeça tão erguida
Com uma tão simples claridade sobre a testa
Foram necessárias sucessivas gerações de escravos
De corpo dobrado e grossas mãos pacientes
Servindo sucessivas gerações de príncipes
Ainda um pouco toscos e grosseiros
Ávidos cruéis e fraudulentos
Foi um imenso desperdiçar de gente
Para que ela fosse aquela perfeição
Solitária exilada sem destino
Sophia de Mello Breyner Andresen
AS PESSOAS SENSÍVEIS
As pessoas sensíveis não são capazes De matar galinhas Porém são capazes De comer galinhas
O dinheiro cheira a pobre e cheira À roupa do seu corpo Aquela roupa Que depois da chuva secou sobre o corpo Porque não tinham outra O dinheiro cheira a pobre e cheira A roupa Que depois do suor não foi lavada Porque não tinham outra
"Ganharás o pão com o suor do teu rosto" Assim nos foi imposto E não: "Com o suor dos outros ganharás o pão."
Ó vendilhões do templo Ó constructores Das grandes estátuas balofas e pesadas Ó cheios de devoção e de proveito
Perdoai-lhes Senhor Porque eles sabem o que fazem.
Sophia de Mello Breyner Andresen
¿Dije algo de estar adolescente hoy? ¿No? Pues lo digo ahora...
(Aviso para navegantes: como cualquier post en el que hable de películas, de novelas o de lo que sea, hay innúmeros spoilers. Si todavía no has visto Doctor Zhivago, ¿a qué coño esperas? ¿a soñarla? corre, vela, vuelve y me cuentas)
Ahora sí. Justo en la primera palabra del párrafo siguiente empezaba este post.
Circuló durante un tiempo el falso mito de que Doctor Zhivago es mi película favorita. No lo es. Es de mis absolutas favoritas, pero ni siquiera es mi favorita de David Lean. La culpa la tiene La hija de Ryan que probablemente sea un poco menos buena, pero a mí me gusta mucho más. No sólo por identificaciones múltiples (me identifico con lo hostiable de Rose Ryan y lo "adolescente con inquietudes" de Yuri Zhivago a partes iguales) ni porque, aunque Omar Shariff sea más guapo, a mí me ponga infinitamente más Robert Mitchum (de eso tienen la culpa La noche del cazador y El cabo del terror); se trata de algo irracional e indefinible, como lo son siempre filias y fobias.
Mi película favorita hace (ahora ya casi sí) diez años que es La naranja mecánica y Doctor Zhivago (por qué Doctor Zhivago pasaba la censura paterna es de los mayores misterios de la Humanidad) la recuerdo como la mayor tortura de infancia. Me la soplaba profundamente que hubiera sido rodada por aquí, la fotografía maravillosa, que a Omar Shariff le retiraran los pómulos hacia atrás y tantas otras cosas. Creo que todo menos la banda sonora. Es probable que las doscientas primeras veces que intenté verla, me haya dormido. Claro que Geraldine Chaplin bajando del tren con un pompón rosa por sombrero es algo que una niña pequeña no sabrá nunca apreciar. Y eso que la escena, pese a lo terrible del pompón, del abrigo, del manguito (me da igual que viniera de París, lo hortera lo es siempre) es de mis favoritas. No sólo de la película, de la historia del cine. No he dicho de las mejores, he dicho de mis favoritas.
Podría ir contando cómo y por qué pasó de resultarme un coñazo a ser una película que me encanta pero no se trata de eso. La cuestión es que buscaba una cita que recordaba memorable y que, o no existe o no lo es tanto. Y no porque la película no las tenga, sino porque yo la había inventado. Como había inventado que él dice "¡Lara, Lara!" en el tren cuando (además de no ser ella) no es capaz de decir nada. ¡Con la de años que llevo yo gritando "¡Lara, Lara!" cada vez que veo a Julie Christie!
Mi famoso TIT va (lo he contado más veces) de la figura del caballero entre dos damas en la narrativa cortés. Mayormente artúrica, claro. No me sale un caballero entre dos damas mejor retratado que el bueno de Yuri Zhivago. En la película. La novela es de esas que justifican que algunos (independientemente de que prefiramos cine o literatura) queramos morder cada vez que alguien dice que "una película está siempre peor que un libro." Una mala película está siempre peor que un buen libro, claro. Pero todas las demás combinaciones son imprevisibles. Véase La naranja mecánica (el libro es maravilloso, pero no tanto), El exorcista (la novela más aburrida de la Historia) o el género negro. Doctor Zhivago justifica esa otra frase contra la que llevo también media vida luchando: "una imagen vale más que mil palabras." Coged cualquier escena de la película (cualquiera). ¿Es evocadora? Perfecto: en la novela no lo es. En absoluto. Seguro que la traducción tiene mucho que ver, pero no puede ser sólo eso. Es insoportable. Hiriente. Como si hubieran escrito (mal) la novela después. La empecé hace un tiempo y no la terminé. Porque tengo más cosas que leer y porque era una tortura: dolía identificar escenas y ver que lo maravilloso de la historia es todo por obra y gracia de David Lean. El entierro, la rama que golpea en la ventana, la manifestación, Lara disparando a Komarowski, Tonya llegando, la vela en la ventana de Lara... todo tan inocuo como si en una conversación de peluquería dos imitaciones autóctonas de Paris Hilton se comentaran una a la otra "jo, tía, ¡qué fuerte!, ¿sabes la chiquita esa rubia? sí, tía, sí... esa que desvirgó el amante de su madre, el tío este que ni está bueno ni es tan rico, ¿cómo se llama? Victor algo... Victor, Victor, Victor Hipolitovich, ¿sabes? bueno, pues resulta que el otro día ella entró en una fiesta y le pegó un tiro. Sí, como lo oyes. Y estaba el médico este tan guapo con un nombre tan raro. Sí, ese que sale con la que tiene un abrigo rosa terrible que se trajo de París y los dientes tan grandes. Que ni que no hubiera ortodoncistas hoy en día. Sí, tía, ¡superfuerte! Pues resulta que el médico ya la conocía porque atendió a la madre de ella cuando se quiso suicidar porque se enteró de que el Victor lo que sea se la tiraba. Si es que ¿a quién se le ocurre, con lo mona que es ella, dejarla ir solacon él? que la madre no está mal, pero es ya tan mayor..." Lo que dice Sabato de la historia de un joven que mata a una vieja para robarle, que puede ser una mera anécdota en la crónica policial o Crimen y castigo. Al señor le dieron el Nobel, pero leí alguna vez en alguna parte que lo que era es buen poeta. La historia del médico que tiene mujer e hijo en Varikino y una amante en Yuriatin es la hostia, pero sólo la historia. Y llegó David Lean y la convirtió en una maravilla.
Mis caballeros se debaten entre dos damas de diversas formas. Ninguno como Yuri. Los tiempos han avanzado mucho desde el siglo XII cuando los trovadores inventaron el amor. Habían, antes, retrocedido mucho desde los siglos anteriores, cuando el amor no existía y la moral judeo-cristiana tampoco. El siglo XII (junto con el XIX el campeón del adulterio, decía Duby) era un siglo cojonudo para estar casado con una persona y enamorado de otra, pero todavía no estaba tan claro lo de poder estar enamorado de las dos. Salvo Tristán por breves instantes, cuando se casa con la segunda Iseo porque se parece a la primera y se llama igual. Yuri quiere a Tonya, quiere a su niño y es capaz de tirarse seis meses con Lara sin hacer lo propio. Pese a que la mencione en todas las cartas a su mujer. Vuelve a Moscú, es feliz con Tonya, huye de Moscú, se encuentra con Lara, se lía por fin con ella, Tonya está embarazada, deja a Lara (y, sin pretenderlo, a su familia, porque es reclutado a la fuerza por partisanos rojos), vuelve con Lara pero teniendo delirios en los que ve a Tonya, quien le escribe a casa de Lara (antes había ido allí a buscarlo) contándole que los deportan de Rusia, se separan por una serie de motivos que no vienen al caso aquí, no vuelve a ver a ninguna de las dos y muere intentando llamar a alguien que cree es Lara.
Y, sin embargo, a Meryone, que es así, siempre le ha parecido que hay algo que no termina de ser amor en la relación de Yuri, de Lara, de Tonya. Aquello que sabíamos de otra forma antes de que Sabina escribiera "que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Lo sabíamos (algunos) entre otras cosas por Doctor Zhivago. Doctor Zhivago es una lucha por la felicidad, por la individualidad (no lo he declarado antes, pero me salto el análisis anticomunista, que está demasiado trillado) y una búsqueda errada. Hay retornos a lugares y a personas. Los retornos a los lugares son siempre desastrosos. La vuelta a Tonya aburre, la vuelta a Lara culpabiliza. Lara parece, a veces, una solución a todo. Una Lara que (ella misma lo dice al leer los poemas que él le dedica) no es ella sino él. No como él la ve: él. Y siempre está Tonya. No vuelve a Tonya y delira recordando a Lara, eso sería lo esperable de un amor adúltero ficcional al uso, pero no es lo que sucede. No es cuando "abandona" a Tonya que es "castigado" y se queda sin nada*; es cuando abandona a Lara. Abandona a Lara al sentirse un monstruo porque sabe más de la vida de Katia que de la de su hijo, porque Tonya está embarazada, porque sí tiene cierto sentido del deber. Y lo cogen los partisanos. Al desertar es a Tonya a quien cree ver entre la nieve. Al delirar, en casa de Lara, es en Tonya en quién piensa. Está arrepentido pero ha habido algo más fuerte que él que le ha impedido "cumplir con su deber". Ha sido otro retorno a lo que él no esperaba. Siempre retorna y siempre hay algo que no es como esperaba. A veces es contra su voluntad, pero casi siempre quiere hacerlo. Y su error está en ir a Varikino con Lara. Porque en Varikino descubre que tampoco con Lara va a ser feliz. Y renuncia a huir con ella, no por no ir con Komarowski, sino porque salir del país sería tener una oportunidad para encontrarse con Tonya. Con su familia. Por segunda vez tiene que elegir entre las dos; por segunda vez no se queda con ninguna. Hubo un amago anterior. Un momento en que preguntó a Komarowski qué pasa con una muchacha como esa cuando un hombre como él ha terminado con ella y él dice algo así como que "si la quiere". Ese es uno de los fragmentos que no vi hoy buscando la maldita cita inexistente.
Pero, además, hay otro motivo por el que Meryone (que no en vano creció leyendo cosas como 1984 y viendo películas de Serie B -y pienso en las vainas ahora mismo-) sabe que realmente no es amor. No sólo por los abandonos (a las dos), no sólo porque no intente (nunca) buscar a Tonya, pese a aquellos delirios, no. Por algo mucho más importante. Cuando no grita "¡Lara, Lara!" y se muere, cree haber visto a Larissa Antipova. Sólo lo cree. No la ha visto. Y todos sabemos (gracias a los trovadores y todos los que vinieron después) que, si realmente fuera amor, no podría equivocarse. ¿He dicho si realmente fuera amor? Perdón. Pretendía decir si realmente existiera ese amor del que hablan los trovadores, del que pretenden hablar tantas películas del Hollywood clásico. Es simplemente una historia de relaciones humanas. Erradas, como suelen serlo siempre. O no del todo idílicas, como pretenden serlo en tantas películas en Technicolor. Como en situaciones particulares, como 1984, como todas las variantes de la película de las vainas. Cuando no hay más que otra persona que pueda entenderte (qué sospechoso: siempre son heterosexuales, siempre es del sexo opuesto) y el autor utiliza el más simple de los recursos para hacerte ver que lo que nos hace humanos nos hace individuales. Creo que, en cierta medida, aparte de todo lo demás, la grandeza de Doctor Zhivago (o lo que hace que yo la ame sobre tantas otras películas pretendidamente de amor) está en que no sólo no hay happy end sino que nunca hubiera sido posible por la naturaleza misma del personaje que da título a la historia. Independientemente de la historia que se cuente.
Además está la música, la fotografía, Julie Christie, Omar Shariff, Geraldine Chaplin, Alec Guinness...
Youtube tiene sus ventajas pero no siempre encontramos lo que queremos como queremos. Y el principio ya lo había puesto en otro lado.
*Dije que no iba a hablar de los aspectos anticomunistas, pero esto tiene que ver con otro tipo de moral que también planea inquietantemente sobre la historia.
Llevo muchos muchos años enamorada de Celso Emilio Ferreiro y es probable que el amor empezara más o menos cuando leí este texto, en un libro de clase. De Celso Emilio, por casa, sólo había una versión bilingüe (aquellos tiempos tan simpáticos en los que se presuponía que los gallegos que sabían leer no sabían gallego porque era la lengua de hablarle a las vacas y esas cosas) de Longa noite de pedra. Años después, en mi COU, llegó O soño sulagado, que era una de las lecturas obligatorias de Literatura Gallega (y yo siempre mantendré que me gusta más Longa noite de pedra, pero allá quienes seleccionaran el temario), pero no tenía más. Hasta hace unos meses que me compré la Obra Completa (¡sí!) y que por fin he leído los libros que no estaban en la Biblioteca ni tenían las librerías de Ferrol cuando yo era una adolescente enamorada de muchas cosas y de muchos autores.
Este poema pertenece a Cemiterio Privado y hace muchos, muchos años que me pone los pelos de punta:
EPITAFIO SEN SARTEGO
Existen monumentos ó soldado descoñecido pero ninguén se lembra do labrego que labra a terra no campo onde naceu o soldado descoñecido, nin do obreiro que construíu a casa onde viviu o soldado descoñecido, nin da nai que pariu un meniño loiro que despois chegou a ser soldado descoñecido, nin do poeta que canta, morrendo de noxo, para que no mundo non haxa soldados descoñecidos.
Celso Emilio Ferreiro
Y, como me siento inspirada y no quiero titear, os lo voy a traducir:
EPITAFIO SIN SARCÓFAGO
Existen monumentos al soldado desconocido pero nadie se acuerda del labrador que labra la tierra en el campo donde nació el soldado desconocido, ni del obrero que construyó la casa donde vivió el soldado desconocido, ni de la madre que parió un niñito rubio que después llegó a soldado desconocido, ni del poeta que canta, muriéndose de asco, para que en el mundo no haya soldados desconocidos.
Celso Emilio Ferreiro
Hoy paseaba mi edición de Celso Emilio. Amo profundamente a Celso Emilio y os lo recomiendo encarecidamente. Hay mucho por internet y, si bien suele tener palabras difíciles, tampoco es difícil entender el sentido.
PS que no viene al caso: Lindt tiene un chocolate supuestamente negro (para mi gusto le falta más o menos un 40% de cacao porque sólo tiene un 47%) con sal marina que está cojonudo. Y que anima a titear que da gusto. Vale, el post scriptum era sólo para postergarlo dos minutos más. Ya voy.
A veces (muchas) Jose tiene razón al compararme con Janis Joplin. No sólo porque en cuanto empieza el buen tiempo parezco recién salida de Woodstock, sino por infinitas cosas que él, yo y media docena de seres más, sabemos.
Razón tenía Alejandra Pizarnik cuando escribió EL POEMA a Janis Joplin. Desde que lo conozco quiero hacer una entrada con él en el blog.
Para Janis Joplin (fragmento)
a cantar dulce y a morirse luego
no: a ladrar.
así como duerme la gitana de Rousseau así cantás, más las lecciones de terror.
hay que llorar hasta romperse para crear o decir una pequeña canción, gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia eso hiciste vos, eso yo. me pregunto si eso no aumentó el error.
hiciste bien en morir. por eso te hablo, por eso me confío a una niña mostruo
Este verano, por fin, no me voy a la ciudad en la que crecí y que tanto odio, sino que me quedo aquí. Me quedo a terminar el TIT (hacer, mejor dicho) a trabajar y a no estar allí. Aquí no hay mar, pero hasta eso es soportable. Es llegar a Ferrol y que todo lo que se parezca remotamente a la estabilidad (si es que se puede hablar de estabilidad en lo que a mí respecta) se vaya al carajo. De un momento a otro y sin avisar. Un fin de semana, unos días, es tolerable. Más, es una tortura.
Cuando tenía quince años (o trece, o catorce, o dieciséis o los que fueran) no era esta exactamente la concepción de desplegar las alas e irme lejos que tenía. Aunque supongo que el tener que quedarse en casa escribiendo sobre la figura del caballero entre dos damas en la narrativa cortés compensa el hecho de no ir a morir de sobredosis a los veintisiete. Porque creo que, de todas las maneras imaginables de las que puedo morir joven, la heroína es la menos probable. Seguida de cerca por un ataque terrorista sobre la catedral justo cuando vaya hacia la facultad y pase por delante.
Estos días, mientras redacto o no el TIT y escucho a Janis Joplin sigo maravillándome de estar (y llevo ya varios meses y nada parece indicar que vaya a terminarse pronto) en uno de esos rarísimos momentos en que el optimismo desborda y las canciones tristes (o no) y los poemas y todo aquello con infinitas dosis de desesperación y altas probabilidades de catarsis son sólo eso: poemas, canciones, películas, cuadros, lo que sea, pero no las señales que me fueron dejando otros para seguir adelante. El optimismo es cojonudo. ¿Por qué los largos periodos de tiempo que estoy en crisis no lo recuerdo?