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viernes, 29 de enero de 2010

No estaba muerta

Yo no, pero Rohmer y Salinger ahora sí. Yo estaba bañándome en alcohol, en libros, en mundo exterior, en no redactar 3900 caracteres (espacios incluídos) de un proyecto docente a entregar mañana para irme a Brasil de lectora de español (si me lo conceden) y viendo como mis decisiones para siempre se agrietan inevitablemente (pero las cosas con grietas pueden durar mucho tiempo: una vida humana incluso).

También lloré a Rohmer (es un decir porque al final ni una película revisioné) y hoy lloro a Salinger. Los dos veían el mundo como yo siempre quise reflejarlo. Siempre quise que me dirigiera Rohmer en lugar de la Coixet. Mierda.

Tomo manhattans (sin cereza) bajo una bombilla que hace siglos que no es roja, tengo una coctelera que aún no he estrenado (viva, viva mi hermano) y la edición de Moby Dick que venía soñando un par de años. También tengo otras cosas (nuevas, quiero decir) y ahora mismo un montón de sueño. Y una programación docente que hacer antes de dormir. ¡Maldita costumbre de procrastinar! ¿Para qué quieren una programación docente? "Hola, me llamo María, el español es mi lengua materna y la tuya no". También tengo que justificar por qué Bahia. "Porque Rio me da miedo".

También tuve una gripe, una boda (con su correspondiente despedida de soltera) y mantengo una tos cojonuda. Exámenes la semana que viene y pocas ganas de estudiar.

Y no, no olvidaba que tenía un blog.







miércoles, 5 de agosto de 2009

De nínfulas y chicas tontas. Creo

No tengo vida últimamente porque estoy en recta final de un TIT que no digievoluciona como debiera pero que me impide hacer otras cosas. Lo normal y aquello que me caracteriza. Sueño con leer y leer y ver películas y películas y poder consagrarme de verdad a todo el cine que me he descargado en los últimos meses, pero no puedo. Claro que siempre cae alguna y este domingo, de vuelta de la ciudad terrible, cayó Le genou de Claire. No sé si lo he dicho, pero Eric Rohmer encarna una de mis muchas concepciones de "yo quiero contar historias así" y es uno de los responsables (aunque jamás se me haya pasado por la cabeza hacer cine: ¡ojalá valiera yo para eso!) de que no intente contarlas. Para hacer las cosas mal, no las hago, aunque sólo sea para mí. No. Hace demasiados años que decidí que los demás escribían mejor que yo y que estaban todos muertos, tal cual Pedro Páramo. ¿Hemos leído todos Pedro Páramo? Perdón a quien no lo haya hecho.

(Pedro Páramo, leído entre examen y examen de Selectividad -no lo olvidaré en la vida- también tiene parte de culpa en el fin de mi condición de adolescente que escribía. Fue algo así como un "menos mal que he dejado de escribir porque nunca llegaré a esto")

Pero hoy estamos hablando de cine, no de por qué no escribo desde hace ya casi diez años (¡la hostia!) y de historias bien contadas.

La rodilla de Clara. Clara es tonta y no sale hasta más o menos la mitad de la película. Clara no interesa (todavía). Pero hay un montón de mujeres más y un hombre con barba, barco y aire cosmopolita que vuelve al pueblo de su infancia para vender la casa familiar y se encuentra conmigo. Conmigo no, porque (¡ay mísera de mí, ay infelice!) no soy escritora ni francesa, pero con un personaje que tiene bastante que ver conmigo. Y me cuenta que se va a casar y yo le cuento que la nínfula de la casa en la que vivo está enamorada de él. Y, eso... hay una nínfula que es casi casi tan maravillosa como Natalie Portman patinando en círculos en Beautiful Girls pero que es infinitamente más francesa y más despeinada (¡ay!), una prometida ausente (se casa en agosto y la historia transcurre en julio) de la que todos dicen que parece dura y con la que lleva años de encuentros y desencuentros, la mamá de la nínfula (que se la presta para que se la lleve de excursión por la montaña y que pase la noche con él) y la tonta de Clara, hija del segundo marido (ahora ya ex-marido) de la mamá de la nínfula. Clara es de estas rubias etéreas (no como las de Sophia Coppola, afortunadamente) y preciosas hasta decir basta que no tienen el más mínimo atractivo real. Tiene una rodilla de una fragilidad que conmueve, de acuerdo, y su punto de gracia adolescente. Pero ya. Nos gusta Laura que es inteligente, no tiene un novio gilipollas como el de Clara y es nínfula. Sí, nos gusta. A todos. No sólo a mí.

No puedo contar mucho más pero es una película maravillosa. Y con nínfula. ¿He dicho ya que tiene nínfula? Y salgo yo...

No, no voy a dejar video ni foto de la rodilla. Vedla.