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miércoles, 11 de noviembre de 2009

El discípulo

Cuando Narciso murió, el río de sus delicias se transformó de una copa de agua dulce en una copa de lágrimas saladas, y las Oréades vinieron llorando por los bosques a cantar junto al río y a consolarle.

Y cuando vieron que el río habíase convertido de copa de agua dulce en copa de lágrimas saladas deshicieron los bucles verdes en sus cabelleras. Y gritaban al río y le decían:

-No nos extraña que le llores así. ¿Cómo no ibas a amar a Narciso con lo bello que era?

-¿Pero Narciso era bello?

-¿Quién mejor que tú puede saberlo? -respondieron las Oréades- Nos despreciaba a nosotras, pero te cortejaba a ti, e inclinado sobre tus orillas, dejaba reposar sus ojos sobre ti, y contemplaba su belleza en el espejo de tus aguas.

Y el río contestó:

-Si amaba yo a Narciso, era porque, cuando inclinado en mis orillas, dejaba reposar sus ojos sobre mí, yo veía reflejada mi propia belleza en el espejo de sus ojos.


Oscar Wilde




Uno de los textos de Oscar Wilde que más he citado en la vida. Y eso que Oscar lleva en la mía desde que, antes de saber leer, mi madre me contase casi cada día una versión distinta de "El fantasma de Canterville" (sólo tenían en común a Virginia -que seguro que en alguna se llamó María-, la mancha que cambiaba de color, las perdices y a los gemelos haciéndole cabronadas al pobre del fantasma) y, ya aprendiendo, mi primer troquelado (y uno de mis primeros recuerdos) fuera "El príncipe feliz".

Sospecho, por cierto, que mi madre tenía algo que ver con los guiones de las cuchucientas versiones cinematográficas que de "el fantasma" han sido.


miércoles, 6 de mayo de 2009

Nunca está de mal releer el Prefacio a El retrato de Dorian Gray.

Ayer decía que prefiero que las canciones hablen de política a que hablen de amor. Pues opino que la literatura puede y debe hablar de lo que quiera. Pero que hable bien, por favor. No creo que el arte tenga que ser inútil, pero sí que mucho de lo que es útil no es arte. Y no pasa nada. Ni porque el arte sea inútil ni porque lo útil no sea artístico. Ni siquiera se puede leer, escuchar o contemplar sólo lo sublime. O yo no puedo. Demasiadas cosas inenarrablemente bellas juntas me provocan síndrome de Stendhal. Y a mí las catarsis no siempre me sientan bien.

Oscar Wilde, en cambio, siempre me ha sentado de puta madre. Desde que, antes de saber leer, mi madre me contaba, antes de dormir, variantes de "El fantasma de Canterville", lo único que escribió el bueno del hombre que no me hace demasiada gracia porque en el libro la historia es siempre la misma y en la de mi madre había, como mínimo, una putada distinta de los gemelos cada noche que tocaba. Me contó mi hermano que lo mismo le pasaba a él no sólo con el fantasma que robaba pinturas, sino también con La mujer pantera de Jacques Tourneur, una historia que agradezco inmensamente que no me contara a mí porque es una de las películas que más me gustaron de pequeña y que hace que, simplemente por hacérmela recuperar, Manuel Puig me caiga simpático. Claro que Molinita también la cuenta mejor que Jacques Tourneur. Como mi madre.

Nunca está de mal, decía al principio, releer el Prefacio de Dorian Gray:



El artista es creador de belleza.

Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.

El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza. La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía.

Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza.

Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas sólo significan belleza.

No existen libros morales o inmorales.

Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.

La aversión del siglo por el realismo es la rabia de Calibán al verse la cara en el espejo.

La aversión del siglo por el romanticismo es la rabia de Calibán al no verse la cara en un espejo.

La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar.

El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.

Ningún artista es morboso. El artista está capacitado para expresarlo todo.

Pensamiento y lenguaje son, para el artista, instrumentos de su arte.

El vicio y la virtud son materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor.

Todo arte es a la vez superficie y símbolo.

Quienes van más alla de la superficie, se exponen a las consecuencias.

Quienes penetran en el símbolo se exponen a las consecuencias.

Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida.

La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que está viva. Cuando los críticos disienten, el artista está de acuerdo consigo mismo.

A un hombre le podemos perdonar que haga algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla infinitamente.

Todo arte es completamente inútil.


Oscar Wilde