martes, 23 de diciembre de 2008

Para empezar, Marley estaba muerto


Para empezar, Marley estaba muerto. No había ninguna duda sobre ello. El certificado de su entierro fue firmado por el clérigo, por el escribano, por el empresario de pompas fúnebres y por el que preside el duelo. Scrooge lo firmó también, y cualquier cosa que en la bolsa tuviese su nombre debajo, era buena. Marley había muerto. Esto debe quedar claro, porque de lo contrario no puede resultar nada extraordinario de la historia que voy a contar.
Scrooge nunca borró el nombre del viejo Marley. La firma era conocida como "Scrooge y Marley", unas veces le llamaban Scrooge y otras Marley, pero él contestaba a ambos nombres. Le daba igual.
Era tacaño el viejo Scrooge, duro y cortante como un pedernal; gruñón, reservado y solitario como una ostra. El frío que llevaba dentro helaba sus viejas facciones, mordía su nariz afilada, arrugaba sus mejillas, endurecía su forma de
andar, enrojecía sus ojos, ponía azules sus labios delgados y salía al exterior en su voz ronca.
Una vez, el mejor día del año, es decir la víspera de Navidad, el viejo Scrooge estaba sentado, muy atareado en su despacho. El tiempo era crudo, frío y nevaba. Los relojes acababan de dar las tres, pero ya había oscurecido. La puerta del despacho de Scrooge estaba abierta para poder echar el ojo a su escribiente, que copiaba cartas más allá. Scrooge tenía un fuego raquítico, pero el del escribiente era un solo carbón.
¡Felices Navidades, tío! ¡Dios te guarde! -gritó una voz animada.
Era el sobrino de Scrooge.
- ¡Bah! -dijo Scrooge-. ¡Paparruchas!

El sobrino estaba resplandeciente, la cara rubicunda y hermosa.
-¿La Navidad una paparrucha, tío? No quieres decir eso, ¿verdad?
- ¡Sí! -dijo Scrooge- ¡Felices Navidades! ¿Qué razones tienes tú para ser feliz? Eres tremendamente pobre.
-Entonces -replicó el sobrino-, ¿qué derecho tienes tú de estar triste? Eres tremendamente rico.
Al no tener respuesta apropiada, Scrooge dijo de nuevo:
- ¡Bah! ¡Paparruchas!
-No seas arisco, tío -dijo el sobrino.
-¿Qué otra cosa puedo ser cuando vivo en semejante mundo de idiotas? -contestó-. ¡Fuera con las felices Navidades! ¿Qué es para ti el tiempo de Navidad sino el de pagar facturas sin tener el dinero, de encontrarse un año más viejo y ni una sola hora más rico? Si pudiera hacer mi voluntad -continuó indignado- habría de cocer en su propia salsa a todos los necios que van por ahí con el "Felices
Navidades". ¡Vaya que sí!
- ¡Tío! -suplicó el sobrino.
- ¡Sobrino! ¡Festeja las Navidades a tu modo y déjame a mí el mío! ¡Mucho bien
pueden hacerte y mucho te han hecho! -dijo con ironía.
-Considero a las Navidades una buena época -contestó el sobrino-, amable, llena de perdón y caridad; el único momento, que yo sepa, en que los hombres parecen abrir de par en par sus corazones cerrados. Y por eso, tío, aunque las Navidades nunca me han metido ni una raspadura de oro en el bolsillo, creo que me han
hecho bien y que me lo harán en el futuro, así que digo: ¡Que Dios las bendiga!
El escribiente aplaudió sin querer.
-Si le vuelvo a escuchar -dijo Scrooge-, celebrará las Navidades perdiendo su empleo.
No te enfades tío. Vamos, ven a comer con nosotros mañana. Scrooge dijo que prefería verlo en el infierno.
-Pero, ¿por qué?
-¿Por qué te casaste?
- ¡Porque estaba enamorado!
- ¡Porque estabas enamorado! -gruñó Scrooge, como si eso fuese la única cosa en el mundo más ridícula que unas felices Navidades-. "Buenas tardes".
-Nunca fuiste a visitarme antes de que me casara. ¿Por qué ahora lo das como razón para no venir?
_" Buenastardes".
-Siento, de corazón, verte tan obstinado, pero en homenaje a la Navidad conservaré mi espíritu navideño, así que: ¡Felices Navidades!
-"Buenas tardes".
El sobrino dejó el despacho sin una palabra de enfado. Felicitó al dependiente y salió, dejando entrar a dos caballeros que llevaban libros y papeles.
-¿Tengo el placer de dirigirme al señor Scrooge o al señor Marley?
-El señor Marley lleva siete años de muerto -replicó Scrooge.
-No dudamos que su generosidad estará representada por el socio superviviente.
Al oír la palabra "generosidad´ Scrooge frunció el ceño.
-En esta época de fiestas, señor Scrooge, es de desear que hagamos alguna provisión para los pobres y desvalidos. Muchos niños carecen de lo elemental.
-¿No hay cárceles? -preguntó Scrooge-. ¿Funcionan los asilos?
-Sí, todavía. Me gustaría poder decir que no.
- ¡Vaya! Me satisface escuchar esto.
-Nos estamos esforzando en recabar fondos para los pobres y elegimos esta época porque es cuando se siente más la necesidad.
¿Por qué cantidad quiere que lo anote?
-Por nada.
-¿Desea ser anónimo?
-Deseo que me dejen solo -dijo Scrooge-. Yo no me divierto en la Navidad y no puedo permitirme el lujo de que lo haga la gente ociosa.
Contribuyo a sufragar los establecimientos mencionados. Cuestan bastante, y los que se encuentran en mala situación allí deben de ir.
-Muchos no pueden y otros preferirían morir antes.
-Si prefieren morir, es mejor que lo hagan y así aliviarán el exceso de población. ¡Buenas tardes, caballeros! Viendo que era inútil persistir, los caballeros se retiraron.
Por fin llegó la hora de cerrar el despacho. Scrooge se marchó y tomó su melancólica cena de costumbre y después de haber pasado agradablemente la velada con su libro de balances, se fue a dormir. Vivía en unas habitaciones que en otros tiempos pertenecieron a su difunto socio. Era un conjunto tenebroso y de aspecto amenazador, al fondo de un edificio de oficinas.
Scrooge tenía tanta fantasía como cualquier otra persona del barrio comercial de Londres, y hay que tener presente que no había concedido a Marley otro pensamiento desde que lo mencionó por la tarde. Así quisiera que alguien me explicase cómo Scrooge, que ya tenía la llave en la cerradura, sin que nada hubiese cambiado, contempló la cara de Marley en lugar del aldabón. Su cara, ni furiosa ni enfadada, sólo miraba a Scrooge como Marley solía hacerlo, con una expresión de horror que parecía existir a pesar de la cara y más allá de su voluntad.
Cuando Scrooge volvió a mirar fijamente sólo se encontró con el aldabón.
Sería mentir decir que no se sorprendió o que su sangre no experimentó una terrible sensación, olvidada desde la infancia. Sin embargo abrió y entró.
Encendió una vela y miró con cautela. Pero en el interior de la puerta no había nada.
- ¡Bah! ¡Bah! -dijo y cerró la puerta de un golpe.
Sala de estar, dormitorio, cuarto de trastos, todo estaba como tenía que estar. Nadie debajo de la cama, nadie debajo del sofá. Satisfecho por completo, se sentó a fin de tomar una sopa de avena. Después, dio varias vueltas por la habitación y se volvió a sentar. Al reclinar la cabeza hacia atrás, su mirada descansó por casualidad en una campana que no se usaba, y fue entonces cuando, con terror extraño e inexplicable, contempló cómo la campana empezaba a oscilar. No duró más de medio minuto, pero pareció una hora. Siguió un ruido metálico en las profundidades, como si alguien arrastrase una cadena. El ruido fue subiendo las escaleras yendo directamente hacia la puerta.
- ¡Paparruchas! -dijo Scrooge-. No creo en nada de esto.

Pero cambió de color cuando el ruido atravesó la puerta y se introdujo en la habitación.
Era Marley. En la cintura llevaba una cadena que se enroscaba como un rabo. Scrooge observó detenidamente que estaba hecha de libros de caja, llaves, candados, escrituras y pesadas bolsas. El cuerpo era transparente y aunque Scrooge examinaba al fantasma de pié ante él, continuaba incrédulo y luchaba contra sus sentidos.
-¿Qué pasa? ¿Qué quieres de mí? -preguntó Scrooge, cáustico y frío.
-Mucho.
Era la voz de Marley realmente.
-¿Quién eres?
-En vida fui tu socio Jacobo Marley.
-¿Puedes, puedes sentarte? -preguntó Scrooge con aire dudoso.
El espectro se sentó al otro lado de la chimenea.
-No crees en mí -observó el espectro.
-No -contestó Scrooge.
-¿Por qué dudas de tus sentidos?
-Porque cualquier cosa pequeña los afecta. Un ligero desarreglo del estómago los engaña. Puede que seas un trozo de carne sin digerir o un poco de mostaza.
Scrooge trataba de ser agudo, como medio de distraer su propia atención y dominar así su terror, porque la voz del espectro le llegaba hasta la médula.


Charles Dickens, Canción de Navidad

Ya es Navidad no sólo en El Corte Inglés, sino en todas partes. Pese a mi odio cerval hacia la Navidad, me gusta la historia del viejo Scrooge con sus fantasmas y su arrepentimiento. Igual que sigue gustándome Qué bello es vivir (sólo en Navidad) y los Gremlins, mi película para todos los públicos favorita de todos los tiempos. Mi historia cruel antinavideña favorita de todos los tiempos, claro. ¿Por qué la chica de Gremlins odia la Navidad? Para quienes no lo recuerden, supongo será mi felicitación oficial. Ya que Bettie Page me chafó el plan A muriendo, va el plan B. ¡Qué demonios!, puede que ponga a Bettie también. Las chicas desnudas son (se supone) una constante en mi blog. Ya veremos.

De momento, queda el principio de la historia navideña más versionada de todos los tiempos. Otro motivo para odiar la Navidad: cuando alguien consigue hacer una historia buena pese a lo ñoña al respecto, va el resto de la humanidad y la versiona hasta el paroxismo.

Odio la Navidad.

Pese a ello, soy una buena persona. Nada que ver con Mr. Scrooge.

Pero es que me resulta tan rematadamente estúpido celebrar el nacimiento del hijo de un dios en el que no creo. Tanto.

18 never more:

CAT dijo...

Jajaja podrias ser tambien el Grinch, :D

A mi hubo un tiempo en que me gustó la navidad, pero fue hace mucho cuando era niña. La navidad era una fiesta buena en ese entonces, ahora la verdad el hecho de pensar que tengo que pasarla con mis parientes que seguramente acabaran sacandose los ojos me pone los pelos de punta. Aunque la comida de estas fechas sigue siendo buena, creo que por el ponche y la ensalada de navidad vale la pena chutarme las fiestas jeje. Lo que me preocupa es que no se cuanto tiempo podre controlar mi apetito durante est maratón lupe-reyes para no entregarme de lleno a la comida jajaja, yo pronostico tres kilos y un hoyito extra en mi cinturon.

Saluditos, estrujitos y que sobrevivas las fiestas :)

Juan Antonio dijo...

Tendremos la dicha de verte en tu nueva manifestación? Quiero que sea mi nueva epifanía.

Beso.

Val dijo...

minha amiga!!! como estás??? tudo bem??? Eu tenho estado meio doido, devido ao final de ano na escola, muitas provas e muitos trabalhos! Ms não me esqueci de você....

Beijos e um bom NAtal e um bom ano Novo!!!

Nébula dijo...

bua, lo único bueno del día de hoy es que queda menos para que las "fiestas" lleguen a su fin, juas!

cambiaste la chica del perfil, me di cuen n_n
y por cierto, menudo follón es eso de los tags y las nubes, desisto :/

Besos y besos .^

Comtessa d´Angeville dijo...

Yo también asocio los Gremlins a la Navidad... me recuerda viéndola muchas veces durante las vacaciones navideñas...

Dickens :):):):):):)


Señorita he incorporado traductor del catalán al castellano para que no se me dejen la cabeza entendiéndome! Está a la derecha, ahí lo verá!

Elaine Crespo dijo...

Meryone!

Primeiro que lindo esta teu blog!
Muito bonito mesmo!
Aquela foto então sexy demais...AMEI!!
Depois coloca folerpa e george ai tbm...!
Vou fazer no meu(risos)!

Segundo neste poste descordamos mesmo...
Adoro NATAL... Vc e Wesley não gostam...:(

Mas eu aprendi a amar o NATAL bem pequena...Com tudo que vem junto ...Igreja ...Ceia ...Presente...Papai Noel...Etc!
Minha festa do ano favorita..!

Muitos Beijos do Brasil

Saudades!!
Elaine

Houellebecq dijo...

El exceso de versiones de Scrooge lo ha desvirtuado bastante, sí. Yo por ejemplo había olvidado lo bien que escribía Dickens hasta que me he tropezado con este fragmento que incluyes en tu blog. No recuerdo nada, películas, teatro o dibujos animados que esté por encima de lo escrito por el viejo Charles.
Yo la navidad intento disfrutarla como celebración de lo que a mí me interesa y practicamente no recuerdo a ese Dios el que no creo. Supongo que mi infancia tuvo algunas buenas navidades y eso lo recuerdan las hormonas. Conozco gente que lo pasó muy mal por estas épocas y claro, no les puedes forzar la felicidad.
Y no, yo tampoco soy Scrooge pero a veces me hace reír.

una tal Elihanna dijo...

jajaj claro, pero convengamos que es genial excusa para emborracharse y comer cosas ricas hasta explotar, la gente de buen humor, luces de colores, ... tambien convengamos que puede pasar todo a vicerversa, pero disfrutare que este año las luces de colores tienen mucho color para mí, e intentare imitarlas


por otro lado, Marley solo puede remontarme a un personaje bizarro que ha tenido varios programas en la television de este lado del charco, repleto de calor, pobres papa noeles asesinados por la cultura yanqui, te los imaginas en la calle con 40º, el alquitran derritiendose y ellos con toda esa ropa y esa barba ?

un beso imenso bella!
es genial sumergirme por algún rincón de tus espacios

maloles dijo...

A mí las Navidades me deprimen un poco... Pero es el ambiente de... todo el mundo comprando y ampujando. Me agobia.
Jajajaja ¿Que Bello es Vivir? Mi abuelo la tiene grabada en vídeo, y todas las Navidades es de "quereís que os la ponga? Tiene que verla al menos dos veces cada Navidad... jajaja
Eso es lo que me gusta a mí de la Navidad:)

Muas!

Mary is Love dijo...

Siempre he amado a Dickens, tiene una forma muy humana de verlo todo, tiene otro donde un par de niños pasan la navidad en la puerta de un judio que no los deja entrar… es muy triste. Navidad es la fiesta más comercializada y es increíble como muchos estamos de acuerdo en eso "la navidad significa algo más", "como podemos festejar con la guerra y el hambre en el mundo", ó simplemente "me niego a las festividades religiosas"... y pese a todo' ser arrastrados hasta por una estupida taza de ponche, un intercambio de regalos, tarjetas y buenos deseos. Supongo que esta fecha es la excusa perfecta para decir las cosas buenas y amables que tenemos para otros sin sentirnos cursis ó plagados de sensibilidad ridícula en el mejor de los casos, otras ocasiones es simple y estupida vanidad humana… no me creerías si te contara con cuanta gente me he topado que no tiene idea de que se festeja’.

Hay un cuento ruso de Antón Chejov que siempre me ha roto el corazón… lo leí cuando era muy niña es “Vanka”, un niño en deplorables condiciones en una víspera de navidad que le escribe una carta a su abuelo. La vida no es justa… El cuento ahí:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/vanka.htm

Podría despedirme diciendo feliz navidad y felices fiestas, pero seguramente no tendría mucho sentido después de haberte contado todo esto’ ja’
Confesare que de niña las disfrutaba… ahora no tanto’ (y digo no tanto, por que me encanta la comida de estas fechas)
Por mi parte te deseo felicidad para el próximo año, prosperidad, divertidos coloquios, y que por alguna extraña razón poseas un Waterhourse original.

Creo que escribí mucho’’’ jajajaja…

Un beso.

Juan Antonio dijo...

Una amiga me deseó el otro día "feliz solsticio de invierno". Puede ser un hermoso modo de desearnos lo mejor sin renunciar a nuestros principios.

Te deseo, pues, el mejor solsticio invernal que imaginarse pueda.

Besos.

Rubén Darío Carrero dijo...

Quémenla! Quémenla!...

Ahora que me doy cuenta sí que te pareces a una historia de Dickens, o a Stevenson? Tal vez a la ama de llaves del Dr. Yekil.

Eres así: Invierno en Londres; una novela que no transcurre ni en invierno ni en Londres.

Rubén Darío Carrero dijo...

Mrs. Polly, así se llamaba la ama de llaves de el Dr. Yekil; aunque no estoy seguro.

Juan Antonio dijo...

Siempre me formulas las preguntas que yo no me atrevo a hacerme.

Ay.

Juan Antonio dijo...

Sí te entiendo. Jo. Y yo sin reno.

Juan Antonio dijo...

El laberinto ese verde de la foto es también más hostil por momentos. Merde!

Juan Antonio dijo...

Salgo pero estaré pendiente. Cuenta conmigo.

Besos.

Juan Antonio dijo...

El laberinto es verde, pero mola. ¿A qué me recuerda eso? Ah, claro, a las piñas, aunque las piñas son amarillas. Ignoro cuál sea la color de los orejones, que por cierto aún no he comprado. Pero, ¿quién piensa en comprar en estas sacrosantas festividades? Cielos.