miércoles, 10 de septiembre de 2008

Para acabar con las películas de terror

El conde Drácula


En algún lugar de Transilvania yace Drácula, el monstruo, durmiendo en su ataúd y aguardando a que caiga la noche. Como el contacto con los rayos solares le causaría la muerte con toda seguridad, permanece en la oscuridad en su caja forrada de raso que lleva sus iniciales inscritas en plata. Luego, llega el momen¬to de la oscuridad y, movido por un instinto milagroso, el demonio emerge de la seguridad de su escondite y, asumiendo las formas espantosas de un murciélago o un lobo, recorre los alrededores y bebe la sangre de sus víctimas. Por último, antes de que los rayos de su gran enemigo, el sol, anuncien el nuevo día, se apresura a regresar a la seguridad de su ataúd protector y se duerme mientras vuelve a comenzar el ciclo.
Ahora, empieza a moverse. El movimiento de sus cejas res¬ponde a un instinto milenario e inexplicable, es señal de que el sol está a punto de desaparecer y que se acerca la hora. Esta noche, está especialmente sediento y, mientras allí descansa, ya despierto, con el smoking y la capa forrada de rojo confeccionada en Londres, esperando sentir con espectral exactitud el momento preciso en que la oscuridad es total antes de abrir la tapa y salir, decide quiénes serán las víctimas de esta velada. El panadero y su mujer, reflexiona. Suculentos, disponibles y nada suspicaces. El pensamiento de esta pareja despreocupada, cuya confianza ha cultivado con meticulosi¬dad, excita su sed de sangre y apenas puede aguantar estos últimos segundos de inactividad antes de salir del ataúd y abalanzarse sobre sus presas.
De pronto, sabe que el sol se ha ido. Como un ángel del infierno, se levanta rápidamente, se metamorfosea en murciélago y vuela febrilmente a la casa de sus tentadoras víctimas.
—¡Vaya, conde Drácula, qué agradable sorpresa! —dice la mujer del panadero al abrir la puerta para dejarlo pasar. (Asumida otra vez su forma humana, entra en la casa ocultando, con una sonrisa encantadora, su rapaz objetivo.)
—¿Qué le trae por aquí tan temprano? —pregunta el pana¬dero.
—Nuestro compromiso de cenar juntos —contesta el conde—. Espero no haber cometido un error. Era esta noche, ¿no?
—Sí, esta noche, pero aún faltan siete horas.
—¿Cómo dice? —inquiere Drácula echando una mirada sor¬prendida a la habitación.
—¿O es que ha venido a contemplar el eclipse con nosotros?
—¿Eclipse?
—Así es. Hoy tenemos un eclipse total.
—¿Qué dice?
—Dos minutos de oscuridad total a partir de las doce del me¬diodía.
—¡Vaya por Dios! ¡Qué lío!
—¿Qué le pasa, señor conde?
—Perdóneme... debo...
—¿Qué, señor conde?
—Debo irme... Hem... ¡Oh, qué lío!... —y, con frenesí, se aferra al picaporte de la puerta.
—¿Ya se va? Si acaba de llegar.
—Sí, pero, creo que...
—Conde Drácula, está usted muy pálido.
—¿Sí? Necesito un poco de aire fresco. Me alegro de haberlos visto...
—¡Vamos! Siéntese. Tomaremos un buen vaso de vino juntos.
—¿Un vaso de vino? Oh, no, hace tiempo que dejé la bebida., ya sabe, el hígado y todo eso. Debo irme ya. Acabo de acordar¬me que dejé encendidas las luces de mi castillo... Imagínese la cuenta que recibiría a fin de mes...
—Por favor —dice el panadero pasándole al conde un brazo por el hombro en señal de amistad—. Usted no molesta. No sea tan amable. Ha llegado temprano, eso es todo.
—Créalo, me gustaría quedarme, pero hay una reunión de viejos condes rumanos al otro lado de la ciudad y me han encargado la comida.
—Siempre con prisas. Es un milagro que no haya tenido un infarto. —Sí, tiene razón, pero ahora...
—Esta noche haré pilaf de pollo —comenta la mujer del panadero—. Espero que le guste.
—¡Espléndido, espléndido! —dice el conde con una sonrisa empujando a la buena mujer sobre un montón de ropa sucia. Luego, abriendo por equivocación la puerta de un armario, se mete en él—. Diablos, ¿dónde está esa maldita puerta?
—Ja, ja! —se ríe la mujer del panadero—. ¡Qué ocurrencias tiene, señor conde!
—Sabía que le divertiría —dice Drácula con una sonrisa for¬zada—, pero ahora déjeme pasar.
Por fin, abre la puerta, pero ya no le queda tiempo.
—¡Oh, mira, mamá —dice el panadero—, el eclipse debe de haber terminado! Vuelve a salir el sol.
—Así es —dice Drácula cerrando de un portazo la puerta de entrada—. He decidido quedarme. Cierren todas las persianas, rápido, ¡rápido! ¡No se queden ahí!
—¿Qué persianas? —preguntó el panadero.
—¿No hay? ¡Lo que faltaba! ¡Qué par de...! ¿Tendrán al menos un sótano en este tugurio?
—No —contesta amablemente la esposa—. Siempre le digo a Jarslov que construya uno, pero nunca me presta atención. Ese Jarslov...
—Me estoy ahogando. ¿Dónde está el armario?
—Ya nos ha hecho esa broma, señor conde. Ya nos ha hecho reír lo nuestro.
—¡Ay... qué ocurrencia tiene!
—Miren, estaré en el armario. Llámenme a las siete y media.
Y, con esas palabras, el conde entra en el armario y cierra la puerta.
—Ja, ja...! ¡Qué gracioso es, Jarslov!
—Señor conde, salga del armario. Deje de hacer burradas.
Desde el interior del armario, llega la voz sorda de Drácula.
—No puedo... de verdad. Por favor, créanme. Tan sólo permí¬tanme quedarme aquí. Estoy muy bien. De verdad.
—Conde Drácula, basta de bromas. Ya no podemos más de tanto reírnos.
—Pero, créanme, me encanta este armario.
—Sí, pero...
—Ya sé, ya sé... parece raro y sin embargo aquí estoy, encantado. El otro día precisamente le decía a la señora Hess, deme un buen armario y allí puedo quedarme durante horas. Una buena mujer, la señora Hess. Gorda, pero buena... Ahora, ¿por qué no hacen sus cosas y pasan a buscarme al anochecer? Oh, Ramona, la la la la la, Ramona...
En aquel instante entran el alcalde y su mujer, Katia. Pasaban por allí y habían decidido hacer una visita a sus buenos amigos, el panadero y su mujer.
—¡Hola, Jarslov! Espero que Katia y yo no te molestemos.
—Por supuesto que no, señor alcalde. Salga, conde Drácula. ¡Tenemos visita!
—¿Está aquí el conde? —pregunta el alcalde, sorprendido.
—Sí, y nunca adivinaría dónde está —dice la mujer del pa¬nadero.
—¡Qué raro es verlo a esta hora! De hecho, no puedo recordar haberle visto ni una sola vez durante el día.
—Pues bien, aquí está. ¡Salga de ahí, conde Drácula!
—¿Dónde está? —pregunta Katia sin saber si reír o no.
—¡Salga de ahí ahora mismo! ¡Vamos! —La mujer del panadero se impacienta.
—Está en el armario —dice el panadero con cierta ver¬güenza.
—¡No me digas! —exclama el alcalde.
—¡Vamos! —dice el panadero con un falso buen humor mien¬tras llama a la puerta del armario—. Ya basta. Aquí está el al¬calde.
—Salga de ahí, conde Drácula —grita el alcalde—. Tome un vaso de vino con nosotros.
—No, no cuenten conmigo. Tengo que despachar unos asuntos pendientes.
—¿En el armario?
—Sí, no quiero estropearles el día. Puedo oír lo que dicen. Estaré con ustedes en cuanto tenga algo que decir.
Se miran y se encogen de hombros. Sirven vino y beben.
—Qué bonito el eclipse de hoy —dice el alcalde tomando un buen trago.
—¿Verdad? —dice el panadero—. Algo increíble.
—¡Dígamelo a mí! ¡Espeluznante! —dice una voz desde el ar¬mario.
—¿Qué, Drácula?
—Nada, nada. No tiene importancia.
Así pasa el tiempo hasta que el alcalde, que ya no puede soportar esa situación, abre de golpe la puerta del armario y grita:
—¡Vamos, Drácula! Siempre pensé que usted era una persona sensata. ¡Déjese de locuras!
Penetra la luz del día; el diabólico monstruo lanza un grito desgarrador y lentamente se disuelve hasta convertirse en un esqueleto y luego en polvo ante los ojos de las cuatro personas presentes. Inclinándose sobre el montón de ceniza blanca, la mujer del panadero pega un grito:
—¡Se ha fastidiado mi cena!

Woody Allen

Buscaba este cuento y me he encontrado con el libro entero. No sé si lo dije alguna vez, pero amo a Woody. Amaba a Woody, perdón. Las últimas películas las odio a muerte. Ya no me gustó la parte cómica de Melinda y Melinda, odio profundamente Match Point (sí, sé que no es mala, pero yo la odio... y me pasé toda la película diciendo "yo he pagado por ver una película de Woody Allen". Además, a toda la gente que decía que "Woody Allen no es ese que hace películas tan raras?" le gusta Match Point... da para pensar, no?), Scoop, pese a toda mi buena voluntad, me parece una mierda pinchada en un carabullo (palabra autóctona para palo) y la de Cassandra's Dream no tuve valor.

Woody, fuiste tan grande!!

Creo que, en el fondo, el mundo tiene un plan y por eso las últimas películas de Woody, los últimos libros de Bryce y las últimas canciones de Sabina ya no me gustan como antes: es para que consiga sobrevivir emocionalmente a sus muertes el día que sucedan. Si todavía no he procesado la de Ángel González y la de Fernando Fernán Gómez y no eran de mis favoritos!!

No digamos la de Bergman y Antonioni, en una semana. Me pasé todo ese mes lamentando el fin del mundo!

Van dos videos:

El monólogo inicial de Annie Hall y la presentación de Boris Grushenko a Napoleón. Lo siento, pero para mí Woody Allen está doblado y fueron las que encontré en el tubo:

(es más, para mí, Woody Allen está doblado al gallego, que es donde vi las nosécuántas primeras, en uno de aquellos ciclos...)







Ay, Woody!

Por lo demás, tengo mocos y no quiero ni estudiar ni hacer el examen. Maldigo la hora en que no me llegó con ser romanista y decidí terminar portugués.

8 never more:

Rubén Darío Carrero dijo...

Conozco un poco más de tí hoy. En lineas generales tu vida me subyuga, entiendo tu indiferencia, y acaricio tu aburrimiento. También me gustaba Woody.

Tema, topico y cuestión son palabras que deberían desaparecer; entonces, tu gusto por Cortázar no sería tautologico.

Mary is Love dijo...

Yo lo sigo amando¡ ¡Woody es genial!, sus peliculas han cambiado un poco, 'cierto' pero match poin aun se salva, me encanto que terminara con la frase de Sofocles, y scoop es diviertidisima (creo que era el unico afan) a decir verdad la unica que me ha dejado mal' es comedia sexual de una noche de verano, es predecible y poco comica. Pero tienes razón nada como Annie Hall, Stardust Memories o Desmontando a Harry. Te deje un comet' en violetas.

Besos¡

Nimúe dijo...

¿Rara? De mi círculo de amigos más íntimos (NPRB...) son 4 romanistas y una hispanista, las raras somos nosotras que hicimos hispánicas (mi amiga y yo). La tesina es sobre imágenes contrapuestas de la mujer en el período de la I guerra mundial.

Nimúe dijo...

Sé que esto me pasa por imbécil y no leer los textos antes de contestar, pero yo pienso lo mismo de Woody Allen. Y yo vivo en Oviedo, que es donde rodó partes de las dos últimas películas (y tiene una estatua suya y todo). Odié mucho match point, pero yo la vi ilegalmente bajada de internet y cuando estaba de erasmus así que mi pensamiento fue más bien: "Por lo menos he estado entretenida viendo la peli y no tratando de matar a mi compañero de piso"

Nébula dijo...

"Las últimas películas las odio a muerte[...]odio profundamente Match Point (sí, sé que no es mala, pero yo la odio... y me pasé toda la película diciendo "yo he pagado por ver una película de Woody Allen". Además, a toda la gente que decía que "Woody Allen no es ese que hace películas tan raras?" le gusta Match Point... da para pensar, no?), Scoop, pese a toda mi buena voluntad, me parece una mierda pinchada en un carabullo (palabra autóctona para palo) y la de Cassandra's Dream no tuve valor."


Por fin encuentro a alguien que piensa exactamente igual que yoooo jurjur...Si es que woody ya no es lo que era. ¿Y que me dices de la que ha hecho con Penélope? mieditoooo, de hecho tampoco voy a ver la nueva de Coixet con Penélope ¬¬


Así me gusta, que me comas y me rías :)
Lo del tema de la edad te entiendo más de lo que crees, yo paso de la adolescencia a la ancianidad como pelota de pim pón en plena partida, con el consiguiente mareo y vértigo y nauseas, pero bueno, también eso forma parte de nuestro encanto(aunque a veces nos haga sufrir).


Besooo extralargo ;)

(suerte mañana en el examen)

Nadna dijo...

No sabía que Mr. Allen escribiera, pero todavía me estoy secando las lágrimas (imagina la escena con él haciendo de Drácula).

¿Ves como he vuelto?

Me voy a tus entradas antiguas.

Un beso

Juan Antonio dijo...

Gracias por llevarme, Meryone. Me portaré bien.

Delicioso el blog que me indicaste.

Que no te sea esquiva mañana la fortuna.

Besos.

Houellebecq dijo...

Yo soy de los que sigo amando a Woody Allen. Mis películas preferidas suyas están entre las tuyas también pero soy un incondicional así que ahora también le sigo. Hasta el momento sólo hay unas pocas que no he sabido entender o me han desagradado bastante. Con "Hollywood Ending" no pude. Me gusta el Woody humorístico por encima de todo pero aquí no me llegó nada. La de Cassandra me ha dejado peor. Nada de risas y demasiados "homenajes". Veo o creo ver influencias de las novelas de la Highsmith, del cine de Chabrol, de... No paro con esa película. Y aunque está muy bien realizada(como todo Woody) me supo a poco. De todas formas seguiré ahí. Y veré la de Barcelona, por supuesto. Aquí, dónde se hizo, cerca de mi casa(relativamente cerca).Y si se me muere este director, mal lo pasaré. Besos.